Mario, El Patrón | La Crónica de Hoy
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Mario, El Patrón

Mario, El Patrón | La Crónica de Hoy

La Peralvillo es un núcleo cerrado, a su interior se hace distinción entre quien es nativo de este barrio caliente y quien viene de fuera. “Mario Ríos Guerrero” (como lo conocen y nombran los menores que fueron rescatados) viene de fuera, así que los comerciantes y las señoras que van y vienen por la acera no lo tienen en buena estima.

De acuerdo con las pocas declaraciones que los adolescentes de 15, 16 y 17 años brindaron a la Policía de Investigación de la Procuraduría capitalina, el nombre real del tratante es Rafael Mendoza de 34 años, quien desapareció de la Ex Hipódromo Peralvillo a primeras horas de la mañana de ayer con los más pequeños para no dejar rastro.

Sin embargo, al no encontrarse el acusado, la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México tomó como primera culpable a la esposa de Rafael Mendoza, Isabel Sánchez López de 27 años, quien es la primera detenida y se indaga para dar con el paradero de su cónyuge.

“Ya se habían tardado”, dice una de estas mujeres, madre y abuela de Peralvillo, cuando ve la camioneta del DIF estacionada frente al número 16 de la calle Juventino Rosas.

 

Las mujeres son las más duras en esta recriminación a Mario. Los más pequeños de la fuerza laboral de El Patrón, los niños de entre 8 y 10 años que están ahora con paradero desconocido, avivan sus quejas: “algunos no pueden ni con la carretilla”.

“Hay una chiquita embarazada”, señala una más. Las recriminaciones se desbordan, luego de estar contenidas en estas calles en donde hablar, chivatear, es parte de las conductas peor vistas.

Entre los hombres de fuera del barrio, los que llegan a trabajar en las refaccionarias, aparece quien defiende a Mario: “Pero si los trata bien, los niños, quieren trabajar, nadie los obliga”.

Estos empleados conocen (admiran) la lobo rojo de Mario, de vidrios polarizados, que se pasea y que no está destinada al reparto de niños en los puntos de venta. Para eso hay otra camioneta de carga. “¿Y de regentar niños sale para comprar camionetas?”, pregunta otra de las mujeres a las que ha llamado la atención el operativo en Juventino Rosas 16, “el enano (ella le niega el mote de “Patrón”) luego anda allí, mostrando fajos de billetes, mientras estos chiquitos trabajan todo el día”.

Mario ha desaparecido, una mujer que estaría vinculada a él, es decir, su esposa Isabel, y al manejo de los niños, está detenida en el búnker de la PGJ capitalina, pero aún es pronto para saber si ella representa lo suficiente para Mario salir de su escondite.

La calle Juventino Rosas en la Ex Hipódromo de Peralvillo, conocida como una vía para la compra de todo tipo de refacciones automovilísticas, estaba vacía ante la presencia de las autoridades capitalinas.

Los establecimientos cercanos a la guarida con el número 16-A que albergaba la trata de los pequeños vendedores de dulces, comenzaron a cerrar al percatarse que las camionetas de la PGJ capitalina comenzaban a arribar.

“Mejor ya hasta aquí la dejamos a ver por cuántos días tendremos que quedarnos así. Cierra y vete a tu casa, muchas gracias”, le dijo el dueño de una refaccionaria a su empleada.

Los de enfrente intentaban continuar con sus actividades cotidianas, pero no lograban concentrarse ya que echaban a cada minuto miradas furtivas hacia las autoridades.

“Ya sabíamos que esto iba a pasar, si nos preguntan nosotros no sabemos nada”, lanzaron algunos comerciantes. Al final del día, la casa que albergaba las bolsas llenas de dulces quedó a resguardo de la dependencia de justicia hasta dar con el paradero de Rafal Mendoza y los más de diez menores que a duras penas podían empujar las pesadas carretillas de dulces. 

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