“No están tan mal”, comentó personal del DIF | La Crónica de Hoy
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“No están tan mal”, comentó personal del DIF

“No están tan mal”, comentó personal del DIF | La Crónica de Hoy

“Ya vimos que no están tan mal, habría que cambiar algunas cosas, de higiene y alimentación”, comentó el personal de brigada de la Procuraduría de Protección de Derechos de Niños y Adolescentes del DIF capitalino, después de que inspeccionara la casa de Juventino Rosas, en Peralvillo, donde habitan los menores víctimas de trata. Un minuto antes había soltado un discurso casi propagandístico: “En la Ciudad de México los niños tienen derecho a la educación, a la alimentación”, que los menores escucharon con indiferencia.

Una vez que los brigadistas revisaron las condiciones en que viven los niños, además de explicar la forma en la que trabajan, los funcionarios se limitaron a decir: “no vimos nada fuera de lo normal, pero tendrá que haber algunos cambios”.

A lo que el hermano de Mario, el presunto tratante, preguntó qué tipo de cambios se harían en el hogar.

“No mucho, ustedes comen en la calle y eso los tiene en vulnerabilidad porque no sabemos qué tipo de comida compran, tal vez un poco más de limpieza y el arreglar las instalaciones, pero nada más”, comentó uno de los trabajadores sociales.

Los abogados y trabajadores sociales simplemente se dedicaron a recabar información para agregar a la carpeta de investigación para la denuncia emitida con el número CI-FNNA/B/UI-B4/250/06-2017. Desde un principio informaron que el pasado jueves por la tarde, ellos mismos habían tocado la pequeña puerta verde con el número 16-A y fue la misma Isabel quien abrió la puerta e invitó a que pasaran.

Los funcionarios ya habían visitado el lugar, pero no supieron si había o no más niños: “El día que vinimos para platicar con ellos, nos dijeron que no podíamos subir al primer piso y nosotros nos limitamos a hacerlo pues no somos la autoridad competente para inspeccionar el lugar”, comentó el personal de la brigada.

El personal del DIF escuchó detenidamente la historia de cada uno de los cinco adolescentes que fueron encontrados en el lugar.

Preguntaron a Isabel si tenía en su poder los documentos de cada uno de los menores, sin embargo, dada su incapacidad para contestar, fueron los menores quienes indicaron que sus actas de nacimiento o constancias de estudio se encontraban en sus pueblos natales.

Una adolescente de 13 años, hija de Isabel, aseguró que su acta de nacimiento se encontraba detenida por su escuela, aunque nunca especificó cuál era la institución. La menor parecía saber mejor la cuartada que la propia Isabel de 27 años.

“Todos se van a trabajar, yo me despierto a las siete de la mañana para ir a la escuela y los demás se despiertan a las 10”, expuso riendo. Crónica constató durante una semana que los niños salen desde las 11 de la mañana al trabajo; igualmente los siguió en su camino de regreso a la Peralvillo, caminando desde el edificio de la Lotería Nacional, a las 09:30 de la noche. Sin escuela de por medio.

Las autoridades del DIF capitalino pidieron comprobantes de domicilio y fichas de depósito por pagar renta, pero la tutora de los jóvenes no supo qué más argumentar ante los nombres de los arrendadores o de los comprobantes de luz.

“No sé, es mi esposo Mario el que paga la renta y el que ve todo eso. Yo sólo sé de esos comprobantes”, dijo la mujer nerviosa.

Mientras los trabajadores sociales platicaban sobre los derechos de los ciudadanos y de los niños, preguntaron a los menores si querían o necesitaban ayuda o apoyo por parte de la dependencia.

Cada uno contestó que no, que sus condiciones de vida son excelentes y no piden nada más pues así como están son contentos.

“No la verdad es que no necesito nada, con mi trabajo y mi dinero yo estoy bien”, comentó José riendo.

Finalmente, la brigada del Sistema Integral informó a la supuesta familia que los datos recabados serían adjuntados a la carpeta de investigación y mandada a la Procuraduría General de Justicia capitalina  para las averiguaciones.  Al salir de la casa, la brigada y los funcionarios de la PGJ se presentaron e intercambiaron nombres, teléfonos y negociaron a quién le quedaría el caso; pues la Procuraduría nunca fue notificada del delito que Crónica denunció.

 

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