Niños menores de 10 años llegaron a Peralvillo hace un mes | La Crónica de Hoy
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Niños menores de 10 años llegaron a Peralvillo hace un mes

La casa de Juventino Rosas carece de sellos que indiquen una investigación de la Procuraduría capitalina

Niños menores de 10 años llegaron a Peralvillo hace un mes | La Crónica de Hoy

Los vecinos de la calle Juventino Rosas notaron, desde hace un mes, que niños más pequeños trabajaban con Mario Ríos, alias El Patrón, el sujeto que los hacía vender dulces durante largas jornadas. Sin embargo, ninguno de lo habitantes lo acusó ante las autoridades.

Crónica consultó a varios habitantes de la calle. Todos admitieron que, desde hace un año y medio, los niños llegaban al lugar, marcado con el número 16-A.

Señalaron que, para ese entonces, los chicos parecían, más bien adolescentes. Todos llegaban por la tarde con sus carritos e ingresaban a la vivienda.

Pero, desde mayo, en la calle comenzaron a verse más niños que no rebasaban los 10 años.

“Muchos de ellos andaban juntos. De pronto veías que andaban de tres en tres y andaban vendiendo. Uno nomás los veía pasar”, dijo un hombre que tiene un negocio de madera, justo a la vuelta de la calle.

El entrevistado dijo conocer al dueño del predio, quien también renta un local de accesorios para automóviles.

“Lo conozco desde hace muchos años. Se llama Don Arturo y siempre ha sido muy amable. Seguro no debe saber lo que sucedió”, dijo.

En la puerta de la vivienda donde pernoctaban los niños que fueron rescatados el viernes por la Procuraduría de Justicia local no fue colocado ningún sello, como suele hacerse después de un operativo.

En estos sellos se colocan datos como el número de carpeta de investigación, en la que se precisa cuál es el delito que se investigará.

La zona tampoco está custodiada por policías. Una patrulla de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) hizo apenas rondines de rutina por el lugar.

El dueño del negocio mencionado incluso comenta que habló con Mario Ríos en varias ocasiones y parecía un hombre tranquilo, sin problemas. De hecho, aparentaba que ayudaba a los chicos para que tuvieran un sustento económico.

La trabajadora del local que está al lado también fue cuestionada. Se negó en todo momento a opinar de lo ocurrido y aseguró que sólo se dedica al negocio y a pagar la renta.

“Nunca me di cuenta de nada. Para mí todo lo que me dicen es nuevo”, respondió ante los cuestionamientos.

El dueño de una refaccionaria que se ubica justo enfrente de la vivienda, declaró que todos los días veía pasar a la fila de niños. Aseguró que no se veían maltratados ni heridos, aunque sí cansados.

El hombre indicó que los niños parecían de otros estados, como de Veracruz o Oaxaca.

“Tenía viviendo aquí como un año y medio. Siempre veíamos a los niños. Pero yo creo que se los llevó el viernes en la madrugada, porque nadie vio nada. Simplemente desaparecieron”, explicó.

Mario Ríos señalaba a los vecinos que se dedicaba a hacer muebles; sin embargo, Crónica pudo constatar que dentro del inmueble sólo había madera podrida y pedacería.

Otros vecinos prefirieron evitar hablar del tema. Aseguraron que nunca vieron algo raro en la calle y desconocían que a unas cuantas casas de la suya había un tratante de menores.

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