Adiós, comandante - Marielena Hoyo Bastien | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 26 de Junio, 2017
Adiós, comandante | La Crónica de Hoy

Adiós, comandante

Marielena Hoyo Bastien

Quédate conmigo mientras exhalo el último aliento.

Sé que no te será fácil, pero te necesitaré cuando

llegue ese momento, que me será mucho más fácil

y cálido sintiéndote junto.

Y cuando me haya ido no llores; recuerda:

El ser humano está aquí para aprender a vivir una

buena vida, a querer a las personas e intentar

ser mejor cada día.

En cambio, los perros nacemos sabiéndolo hacer y

es por eso que no necesitamos vivir mucho…

 

Anónimo

 

Recuerdo, sí, nuestro último abrazo, pero mayormente lo tengo presente oteando el horizonte desde la terraza de casa. Contemplando abstraído las nubes e incluso, por las noches, pasmado con la luna, que parece tener consigna de mostrársenos plena, y todavía más espléndida cada vez que está “llena”. Así me esperaba día con día. Solía saber, como la generalidad de los perros, la hora exacta de mi arribo, y por eso nunca falló su dorada mirada siguiendo mi recorrido de entrada hasta llegar al momento de su caricia y beso, en medio de otros tantos congéneres y una hermosa y sinvergüenza gatita, con los que compartimos hogar.

Los años junto a alguien, a fuerza de su paso levantan cariño y necesidad de ese ser que los camina contigo, no importando de quién se trate. Por eso, para quienes amamos a los animales y los perdemos por muerte, el dolor es muy semejante al de una desaparición humana. Además, aunque la partida haya sido por ley natural queda un enorme vacío. Y en el caso particular de los amados chuchos, igualmente se abre la duda sobre si tu peludo amigo habrá sido feliz a tu lado o si tu comportamiento estuvo a la altura de su cariño, lealtad y agradecimiento. Ello, no importando de cuántos seamos custodios, pues cada uno ocupa una parte especial en nuestro corazón y recuerdos.

Lo anterior viene al caso porque hace unos días se marchó a otra dimensión mi querido PIRULÍ. Totalmente entero de su mente, pero ya no pudiendo controlar el infame deterioro de su cuerpo, a los 18 años de edad se dio por vencido. Récord, me dirán. Poco, muy poco tiempo, contestaré.

Se trató de uno de los criollitos más hermosos y dulces que me han tocado. Su porte, altura, lo enrizado de su manto color humo, que cual Sansón, al córtaselo la última vez le restó fuerza… lo dorado de sus ojos y su carácter reservado, siempre lo destacaron. Era mi fantasmita. En toda su vida NUNCA lo escuché ladrar. Ni durante el convivir diario conmigo, ni tampoco durante los años en que participó dentro de la guardia perruna de mi granjita-refugio, donde tan pronto alcanzó el año de edad hubo de ser ascendido a Comandante de Tropa, porque…

Aunque muy joven, travieso y distraído, fue capaz de poner en orden a los malosos que un día quisieron entrar sin permiso a SU territorio. Recuerdo que pasado el susto reuní a todos los guaguás, por ese entonces 25, y resto de animales, y entre trabajadores y familiares organizamos una Solemne Ceremonia para reconocer la valentía de aquel cachorro otorgándole públicamente el grado referido y una salchicha de honor. Tras el acto y los mimos, obvio, se creció, dado lo cual, su grupo -conformado por sus incorruptibles y vivarachas hermanas Dulce, Caramelo, Bombón y Natilla- siempre era el seleccionado para patrullar por las noches. ¡Pobre de aquel que mirara feo hacia sus rumbos! Eso sí, EL COMANDANTE PIRUS jamás fue violento con otros animales… bueno… penosamente si con su rescatada madre Cuqui, a la que de repente los hijos se le voltearon pese a su entrega y dedicación, más favoreciéndola, al permitirle entonces desarrollarse como toda una granjerita, que lo mismo apoyaba actividades como pastora que como gobernanta, enfermera y lo que se ofreciera. Curioso era verla muy puntual, al medio día, “cachando” con el hocico su huevo diario, producto de una de las gallinas que justo ponía sobre el inclinado techo del granero. De esa listura era la madre, y sus hijos no podían ser menos. Ya sólo me quedan de esa camada Bombón y Natilla, la más nerviosa de entre todos, mi querida feralita… Snif.

¡21 años de La Crónica y contando!

 

 

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