Agujeros negros otra vez - Gerardo Herrera Corral | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 10 de Julio, 2017
Agujeros negros otra vez | La Crónica de Hoy

Agujeros negros otra vez

Gerardo Herrera Corral

El experimento LIGO (por sus siglas en inglés: Laser Interferometer Gravitational Wave Observatory), cuyo equipo fue reconocido con el Premio Princesa de Asturias en junio pasado, detectó semanas atrás la observación de un tercer evento en el que dos agujeros negros han colisionado para fundirse en uno solo. Esta fusión de agujeros negros generó ondas gravitacionales que de nuevo fueron detectadas por el sensible instrumento localizado en Estados Unidos.

En esta ocasión, los valores medidos parecen indicar que se trataba de un agujero negro con una masa equivalente a 19 veces la que tiene nuestro Sol, que se  encontró con un agujero negro de 32 masas solares. Al unirse se generó un agujero negro mayor, de 49 masas solares,  dejando el equivalente a 2 masas solares en forma de energía que violentó al espacio y al tiempo produciendo la vibración espacio-temporal.

El 14 de septiembre de 2015 el experimento LIGO percibió el paso de una onda gravitacional por primera vez. Después llegaría una segunda en diciembre del mismo año y ahora se anuncia la detección  de la tercera ondulación del espacio tiempo que atravesó el planeta en enero 4 del presente año.

Las ondas gravitacionales son un poco diferentes a las ondas que podemos ver y oír. Sin embargo, la expansión en el agua de las ondulaciones provocadas por un objeto que se hunde nos ofrece una imagen metafórica de lo que ocurre con las ondas gravitacionales. Sólo es importante tener en cuenta que se trata de una representación plástica de un fenómeno distinto. Las ondas gravitacionales no agitan el medio en que se propagan: “agitan el espacio y el tiempo mismos”. Cuando una onda gravitacional pasa por aquí, el tiempo se alarga y se acorta haciendo más prolongado y luego más breve el transcurso de los segundos. Lo mismo ocurre con el espacio que se acorta entre los objetos para luego alargarse al ritmo de la onda gravitacional.

El evento medido este año es consecuencia de un violento choque ocurrido hace 3 mil millones de años. Es el evento más alejado de los tres que han sido detectados y que ocurrieron hace mil 300 millones de años el primero, y mil 400 millones de años el segundo. 

Es decir, que cuando los agujeros negros se fundieron para formar uno solo produciendo la onda gravitacional que acaba de llegar, la vida en nuestro planeta apenas comenzaba. El experimento LIGO está viendo lo que ocurrió en alguna parte del cielo poco después de que nuestro sistema solar se formó. 

A medida que se registran más eventos se consolida la evidencia. No obstante, sigue siendo muy importante que otro experimento observe estas señales. Un cierto nivel de escepticismo que aún perdura desaparecerá cuando otro detector, en otra parte del mundo, haga observaciones correlacionadas.

Ojalá que pronto tengamos la confirmación que es fundamental en el proceso científico de generación de conocimiento.

 

*Con esta columna, que se publicará quincenalmente, Gerardo Herrera —investigador del Cinvestav y pionero de la participación de México en el Gran Colisionado de Hadrones— inicia una nueva etapa de colaboraciones con Crónica.

 

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