Cuando papá es el presidente - Concepción Badillo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 11 de Julio, 2017
Cuando papá es el presidente | La Crónica de Hoy

Cuando papá es el presidente

Concepción Badillo

Un lluvioso domingo por la noche, Bernd y yo, con un par de amigos, estábamos sentados al fondo de un restaurante griego, sencillo y totalmente vacío, en la avenida Connecticut de esta capital, cuando otra pareja se sentó en la mesa de al lado, sin guaruras a la vista y sin ningún trato especial. De no ser su cara tan conocida, nada me habría dicho que era Ivanka Trump, la hija mayor del presidente y su esposo, Jared Kushner, quizás las dos personas más controversiales hoy día de la administración. Para muchos, el mayor ejemplo de nepotismo y declive de una democracia; para otros, la mejor influencia y consejo que puede tener el polémico mandatario, de quien se dice, no escucha a nadie…pero a veces a su primogénita sí.

El mismo Donald Trump lo dijo el sábado; “todo sería más fácil para ella si su apellido no fuera Trump y si no fuera mi hija”. El problema o beneficio es que sí lo es y que un fotógrafo ruso la captó durante una mesa redonda de la reunión del G20, los países económicamente más poderosos del mundo, celebrada hace unos días en Hamburgo, sentada nada menos que como suplente de su padre, en medio de la primera ministra de Gran Bretaña, Theresa May, y el presidente de China, Xi Jinping, levantando gran revuelo aquí sobre su papel de consejera sin sueldo, que la llevó a Alemania como parte de la delegación oficial.

La Casa Blanca dijo que sólo se sentó momentáneamente y que muchos otros líderes son substituidos por alguien cuando tienen que ausentarse de las discusiones, en este caso una sobre la mujer en el mundo de los negocios, un tema que al parecer apasiona a la joven empresaria, propietaria de una línea de zapatos, bolsos y ropa, valuada en cien millones de dólares. Los críticos dicen que Ivanka no solo no está preparada, sino que nunca fue elegida por el electorado ni aprobada por el senado para representar a los Estados Unidos.

Ivanka Marie Trump, una bella mujer con voz pausada y gran estilo, de 35 años, que desde los 24 trabaja al lado del padre. Una de los tres hijos que el presidente tuvo con su primera esposa, la modelo checoslovaca Ivana Trump. Es graduada de la afamada escuela de negocios Wharton, parte de la prestigiada Universidad de Pennsylvania donde sólo el 12 por ciento de quienes solicitan inscripción es aceptado. Se casó en 2009 con Kushner, un judío ortodoxo millonario, cuyos padres le exigían esposa de su religión, por lo que ella se convirtió al judaísmo. Tienen tres hijos: Arabela, Joseph y Theodore.

Cuando Trump tomó posesión, en enero pasado, y nombró al yerno como su Asesor Especial, Ivanka y familia se mudaron a Washington, con ella diciendo que su papel en la administración sería “solo el de una hija”. Seis meses después tiene oficina a unos pasos del mandatario, esto, dice ella, para “abiertamente mostrar que me comporto y sigo las reglas éticas que se esperan de mí”.

Ivanka dice que sólo le da opiniones al papá cuando éste se las pide y que no espera que siempre siga su consejo, como ocurrió en el caso del Acuerdo de París sobre el cambio climático, cuando no logró convencerlo y el presidente finalmente optó por retirar a Estados Unidos en una ceremonia a la que ella no asistió. Sin embargo, ha dejado claro que jamás criticará públicamente al mandatario. Sus críticos dicen que en el fondo es muy parecida a él.

Ivanka es una gran defensora de su padre aunque no siempre lo elogia. Sobre su comportamiento sexual y el trato a las mujeres, ha calificado su conducta de “ofensiva e inapropiada”. Está a favor de los derechos de la mujer, de la comunidad gay y de los refugiados, pero no es claro si la hija del presidente aquí o cuando acude a foros internacionales, está representando al país, a su padre o a su empresa.

Para muchos, su presencia constante tiene en riesgo la reputación de Estados Unidos como país serio. Ivanka, dicen, es la única a quien el presidente escucha y la que le dice sus verdades y puede criticarlo sin que se moleste, pero aun así, su papel como funcionaria, argumentan sus críticos, va en contra de los principios tradicionales antinepotismo que rigen al gobierno en Washington. “Ella es símbolo de que la democracia en Estados Unidos va para abajo y ya el mundo se dio cuenta”, ha dicho la influyente analista Anne Applebaun en The Washington Post.

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