Con apoyo de ciudadanos, Conabio es líder mundial en registros biológicos | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 16 de Julio, 2017

Con apoyo de ciudadanos, Conabio es líder mundial en registros biológicos

Aniversario. Al cumplir 25 años, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad cuenta con 11 millones de registros de especímenes, 110 mil especies animales y vegetales identificadas, además de información satelital y bioinformática que le permiten tener datos de los ecosistemas en tiempo real. Ahora, gracias a herramientas digitales para colectar reportes ciudadanos de animales y plantas, se ha hecho más robusto el banco de datos central de la institución

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Tras 25 años de trabajo continuo, México ya es el país que tiene el mejor sistema del mundo sobre información de plantas y animales que existen en su propio territorio y toda esa información puede ser consultada por cualquier persona a través de internet. Por esta labor, la Conferencia de las Partes (COP) de la ONU sobre Biodiversidad, al igual que la Casa Blanca de Estados Unidos, la Fundación Tyler y los gobiernos del este de África, Australia y Sudamérica reconocen a la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), de México, como modelo a seguir.

De todos los países que existen en el mundo, sólo 17 concentran una muy alta proporción de la riqueza natural que existe en el planeta, por lo que son llamados megadiversos. México es uno de ellos y se ubica entre los primeros cinco lugares. Lo anterior nos confiere un gran honor, pero también una gran responsabilidad ante el mundo.

México ocupa el segundo lugar en número de reptiles (804 especies), tercer lugar en mamíferos (535 especies), quinto lugar en anfibios (361 especies) y plantas vasculares (23,424 especies), y octavo lugar en aves (1,096 especies). Este país es número uno en diversidad de pinos, encinos, magueyes y cactos, así como a una gran diversidad de serpientes, murciélagos, ballenas, salamandras, aves rapaces y tortugas marinas.

Tras haber construido el Sistema Nacional de Información sobre Biodiversidad (SNIB), que hasta hoy ha identificado a 110 mil especies diferentes de flora y fauna presentes en México —con registros individuales de 11.2 millones de individuos—, la Conabio ya es editora de los informes más confiables y recientes sobre el estado de los ecosistemas en México y es órgano asesor de numerosos gobiernos locales y organizaciones civiles para la toma de decisiones de proyectos que conviven o inciden en el patrimonio natural del país.

“Creo que el mundo académico tiene un contrato con la sociedad de alzar la voz si la información no está siendo usada de la forma debida, quizá debido a razones políticas o económicas. Sé que no todo el mundo tiene la disposición para hacer ese tipo de trabajo, pero si uno siente que puede ejercer este papel, que puede ser llamado activismo o política, creo que uno tiene que ejercerlo”, dijo en el marco del aniversario el fundador de Conabio, José Sarukhán, quien este año recibió el Premio Tyler 2017, considerado como el “Nobel de la Conservación”.

“Los científicos deben hacer que la gente tenga conciencia de las implicaciones que la investigación tiene en las áreas que los rodean y sobre su propia salud”, añadió el biólogo, ecólogo y ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

PIONERA Y MODELO. Fundada en marzo de 1992, tres meses antes de que se realizara en Brasil la Cumbre de la Tierra, la Conabio tiene como espíritu e impulso original el reunir la mejor información científica sobre los ecosistemas, analizarla, organizarla de manera comprensible y ponerla a disposición de los tomadores de decisiones. Estos datos son colectados por la Conabio gracias a sus alianzas con universidades, institutos y agencias gubernamentales. Todo lo cual se integra al sistema SNIB.

Además de los reportes de campo que se reciben de diferentes grupos científicos, la Comisión cuenta con información satelital y bioinformática que le permiten tener muchos datos de los ecosistemas en tiempo real.

En diciembre de 2016 la Conabio fue declarada pionera mundial en la elaboración de inventarios nacionales de biodiversidad, planes de manejo estatales y evaluaciones por ecosistemas, durante la Conferencia de las Partes de la Organización de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP13). Antes había sido declarada como modelo a seguir por la Casa Blanca de Estados Unidos y por los gobiernos de África del este.

En febrero de 2017, en Washington, el comité de selección del Premio Tyler argumentó que una de las razones por las que se otorgaría el galardón de este año al doctor José Sarukhán fue su labor para lograr que la Conabio gestione “la que es considerada la mayor base de datos de biodiversidad nacional accesible electrónicamente en el mundo, con más de 11.2 millones de especímenes”.

“Pocos científicos podrían convencer a un presidente de encontrar el presupuesto para una agencia para la integración del conocimiento para la conservación de nivel federal, pero Sarukhán lo logró, y debido a eso, los ecosistemas de México ahora tienen una supervisión institucional que protege activamente su biodiversidad”, publicó en su dictamen el jurado del Premio Tyler.

APOYO CIUDADANO. Cuando celebró su 20 aniversario, en 2012, Conabio editó un libro con un recuento histórico en el que habla de tres grandes etapas históricas de sus esfuerzos: En  la primera etapa, se realizó un gran esfuerzo de recopilación de información que había sido colectada por decenas de universidades y grupos científicos de México pero que estaba dispersa. Ésta fue la base para comenzar a construir el Sistema Nacional de Información sobre Biodiversidad, que a la postre sería la gran columna y bandera de esta institución.

Después, en una segunda etapa el esfuerzo de colecta de información no se detuv, pero comenzó a complementarse con una fuerte carga de trabajo en análisis de datos, y fue la época en la que comenzaron a usarse en México herramientas de bioinformática, en un momento muy interesante en el que el país y Australia se colocaron en la vanguardia internacional. En esa misma segunda etapa se comenzaron a publicar los primeros documentos estratégicos o documentos de información dura que hasta ese momento servían principalmente para universidades e investigadores.  

Luego el recuento de los primeros 20 años de Conabio habla de una tercera etapa, a partir de 1998, en la que la Comisión ya se comienza a convertir en un organismo asesor que comienza a recibir un gran número de consultas para temas como el control de incendios forestales —que se podían identificar con información satelital— o  para elaborar programas de manejo de especies y hábitats amenazados.

En la actualidad, todavía la Conabio no habla de una cuarta etapa de trabajo, pero es claro que esta institución mexicana ya participa en una corriente que comienza a crecer en todo el mundo: la ciencia ciudadana, pues cada vez son más las personas del mundo que contribuyen con fotografías, videos y reportes sobre el estado de salud de los ecosistemas.

En septiembre de 2016, la revista científica Biological Conservation reconoció que más del 50 por ciento de las observaciones mundiales de especies habían sido reportadas por ciudadanos. En ese artículo, llamado “Contribución de la ciencia ciudadana al monitoreo mundial de biodiversidad”, se contabilizaron más de 349 millones de reportes de especies hechas por ciudadanos y, al hablar de México, se puso como ejemplo dos de sus programas de ciencia ciudadana: “A ver aves”, fundado hace 10 años, y “Naturalista”, fundado hace cuatro años.

“Yo veo que en México empieza esta etapa en la que la información que se está integrando al Sistema Nacional de Información sobre Biodiversidad, al SNIB, tiene un gran componente que viene de la ciudadanía”, explicó en entrevista Carlos Galindo Leal, director general de Comunicación de la Ciencia de Conabio.

“Un ejemplo de lo que ocurre en México, es el programa ‘A ver Aves’, que ya tiene más de diez años y es la red que aporta más información, a nivel mundial, sobre especies de aves. Y luego hace cuatro años iniciamos con “Naturalista” y ya ahora llevamos casi medio millón de observaciones. Yo creo que pasamos a esa otra etapa donde los ciudadanos pueden colaborar mucho con ciertos grupos de especies y los científicos tendrán que enfocarse a otros grupos que son más difíciles, tanto de observar, de documentar, de describir”, dice Galindo Leal.

Otro elemento de ciencia ciudadana que ha crecido en Conabio es la creación de eventos donde hay más participación social. En 2011 empezaron con la Semana de la Diversidad Biológica, en una sola sede, en la Librería Rosario Castellanos de la Ciudad de México y para 2017 ya sumaba alrededor de 600 actividades en decenas de ciudades, todas documentadas en una página web.

“Lo que más nos ocupa en este momento es que la gente sepa la gran cantidad de información confiable que tiene Conabio. Actualmente trabajamos en la creación de Enciclovida, que realmente pone a la disposición todo este camino anterior de 25 años de ir integrando la información, analizándola y haciéndola disponible, a través de internet, de una manera sencilla, rápida, agradable”, agrega el director de Comunicación de la Ciencia de Conabio.

LEGADO CONTINUO. En el contexto internacional, el legado mexicano, a través de la Conabio, ha sido constante y continuo por los modelos que se han propuesto sobre cómo colectar, analizar y procesar información. Ese ejemplo viene desde la estructura, por tratarse de una organización gubernamental, pero que trabaja como puente con las universidades, con organizaciones de la sociedad civil y que proporciona información al público en general.

“Tenemos aquí, a menudo, visitantes de otros países, por ejemplo, Costa Rica, Kenia, Sudáfrica, que se interesan en analizar el modelo de Conabio. También nos escriben algunos científicos de Argentina y Perú que están interesados en el modelo, pero que no lo han podido instituir en esos países, principalmente por los cambios gubernamentales”, indica Carlos Galindo.

Al mismo tiempo que nació Conabio, se crearon dos organizaciones similares en América Latina: coinciden en el tema de estudio, pero no en cuanto a estructura. Ellas son el Instituto Humboldt, en Colombia, y el Instituto Nacional de Biodiversiad, en Costa Rica, el INBio, que es una organización de la sociedad. Juntas representan tres modelos distintos.

Los reconocimientos recientes de alcance global para Conabio se generaron durante la COP 13 de Cancún, en diciembre de 2016, cuando se presentaron documentos pioneros como la estrategia de Biodiversidad; el trabajo con estrategias estatales; el trabajo sobre el valor económico del patrimonio biológico llamado Capital Natural y estudios específicos sobre ecosistemas, como el de bosques de manglares, que es el más completo del mundo.

Sobre el Sistema Nacional de Información sobre Biodiversidad (SNIB), se reconoce que todavía puede crecer más, pues ya existe el registro de 110 mil especies “con nombre y apellido”, pero falta nutrir con más datos a muchas de ellas, pues hay información en abundancia del 10 por ciento de esas especies presentes en México, principalmente de las más grandes, como son los vertebrados y, sobre todo, de las aves que diariamente son reportadas por ciudadanos.

Sin embargo, falta nutrir el sistema con más datos de organismos pequeños, por ejemplo, los organismos unicelulares, las lombrices o nemátodos y algunos organismos que pueden afectar la salud y la economía, como la plaga de la roya del café o los desplazamientos de mosquitos que son vectores o transmisores de enfermedades. Todos esos datos ya están en diferentes instituciones y universidades y el trabajo actual de Conabio es colectarlos, sistematizarlos y ponerlos a disposición de la sociedad.

“Los científicos deben defender un principio fundamental: la humanidad no puede avanzar si los gobiernos pretenden no conocer, o no basarse sobre, los hechos y la ciencia”, dijo el profesor Sarukhán cuando recibió el Premio Tyler en Washington, en el año que Conabio cumplió un cuarto de siglo trabajando.

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