Incompatibilidad de sistemas, injusticia prolongada - Guillermo Puente Ordorica | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 18 de Julio, 2017
Incompatibilidad de sistemas, injusticia prolongada | La Crónica de Hoy

Incompatibilidad de sistemas, injusticia prolongada

Guillermo Puente Ordorica

En otras colaboraciones nos hemos ocupado de comentar sobre la estrechez de la democracia contemporánea, en la medida en que parece contenida por intereses y privilegios minoritarios, en detrimento de amplias capas sociales, así como de la pregunta central de si ¿existen aún la izquierda y la derecha?, con las implicaciones que ello tiene para el manejo político, la conducción de la economía y para el entramado social de un país determinado. Hemos apuntado que gracias a los aportes de profesores como Norberto Bobbio, la respuesta pasa por el tema de la búsqueda de la igualdad, si bien el espacio para la redefinición es limitado.

Desde el punto de vista teórico, el declive y desacreditación de las ideas socialistas hasta el presente, puede encontrarse, de acuerdo con ciertos analistas, en las causas que llevaron al colapso del llamado socialismo real, la desintegración de la Unión Soviética y el polo comunista, como al extravío de la social democracia en los países occidentales. Anotan que la razón histórica fundamental del derrumbe y la desacreditación tiene que ver con el intento de hacer compatibles dos elementos irreconciliables: el del crecimiento, relacionado estrechamente con  la lógica de la economía de mercado, y el de la justicia social, que expresa la ética socialista. Por un lado, el crecimiento de una economía implica necesariamente la concentración del poder económico, ya sea como consecuencia del mercado o incluso como un elemento vinculado a la planeación central (referido esta última al estatismo alentado desde el llamado socialismo real de la segunda mitad del siglo XX). Por el otro lado, el elemento de la justicia social está inherentemente dirigido hacia la dispersión del poder económico y enfocado a buscar la igualdad. Por ello, el socialismo estatista, en su esfuerzo de llevar a todos los integrantes de una sociedad los beneficios del crecimiento y dotar de significado al progreso —identificado con el crecimiento— intentó crear una economía socialista de crecimiento, demeritando la interdependencia fundamental del crecimiento y la concentración de poder económico. Más aún, esos esfuerzos crearon una fuerte incompatibilidad entre medios y fines. En la medida en que el crecimiento económico capitalista constituye la inevitable consecuencia de la economía de mercado, los medios (economía de mercado) y los fines (crecimiento económico) son perfectamente compatibles. En el caso del socialismo estatista, el fin (crecimiento económico) no era compatible con los medios (estatismo de la social democracia, referido principalmente a la idea del Estado de bienestar occidental, y de planeación central, respecto del bloque comunista).

De hecho, entre más grande el nivel de estatismo, mayor la incompatibilidad entre medios y fines, que contribuyó decididamente a las fallas del sistema. (Ver Fotopoulos, Takis, “The Multidimensional Crisis and Inclusive Democracy”, 2005, http://www.inclusivedemocracy.org/journal)

Este debate conceptual que parecería ya zanjado ante la fuerza de la realidad pasada, cobra vigencia ante la evidencia de una nueva realidad de concentración de riqueza y expansión de privilegios, al lado de la profundización de otros fenómenos políticos y sociales como la corrupción, que representan un freno al desarrollo económico y al avance social, al enquistarse en el tejido político, junto con fenómenos de aparente más reciente cuño como la inseguridad, el narcotráfico y, desde luego, el cambio climático. El entramado actual, si acaso más complejo que el de antaño, ha sumado elementos a la complicada ecuación del crecimiento económico y de la justicia social. Los experimentos políticos de sincretismo no han tenido éxito, y las viejas ideas socialistas vuelven a ser atractivas para los segmentos más jóvenes de la población en algunos países.

Si bien nunca será tarde para repartir el pastel equitativamente, es mucho menos clara la forma en que los principales actores políticos, económicos y sociales pueden alcanzar un consenso en la reconciliación de universos contradictorios, en la complejidad del sistema global internacional actual, así como en el interior de sus países, incluyendo sus dimensiones regionales y locales. Probablemente por ello, aunque no exclusivamente, los sistemas políticos en ciertos países experimentan por la vía de la fórmula de viejos socialistas, jóvenes de izquierda, la búsqueda de posibles formas para subsanar la falta de oportunidades y combatir la desigualdad, rescatando la antigua idea de justicia social.

 

gpuenteo@hotmail.com

 

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