La diplomacia estadunidense en declive - Concepción Badillo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 18 de Julio, 2017
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La diplomacia estadunidense en declive

Concepción Badillo

Cuando menos es sincero y desde que llegó al puesto en febrero, dijo que cuando se lo ofrecieron él no quería el trabajo, pero que su esposa lo regañó y le ordenó tomarlo porque era seguramente mandato de Dios. Así, Rex Tillerson llegó a ser secretario de Estado, uno de los cargos más importantes del gobierno, jefe de la diplomacia y la cara de Estados Unidos ante el mundo. También así llegó a ser el encargado de las relaciones internacionales más débil y sin menos influencia que ha tenido este país.

“Yo tenía planeado ya retirarme a mi rancho de Texas y disfrutar a mis nietos, pero mi esposa, Renda St. Clair, tenía razón, estoy hecho para esto” ha dicho Tillerson. Sin embargo pocos están de acuerdo con él. Y es que este multimillonario de 65 años, trabajó desde 1975 en la compañía ExxonMobil, donde empezó como ingeniero y en 2006 ya era el director, lo que lo llevó a muchos países, pero siempre vendiendo petróleo, nunca tuvo relación con la diplomacia o el gobierno, fuera de haber sido un donante del partido republicano.

Tiene eso sí, gran experiencia en negociar comercialmente, sobre todo con Rusia, hasta el grado de que en 2013 Vladímir Putin lo condecoró con la Orden de la Amistad, uno de los honores más altos que el Kremlin otorga. Pese a su puesto, la Casa Blanca lo ha hecho a un lado y no se le toma en cuenta para las grandes decisiones de política exterior tales como la prohibición de que entren al país ciudadanos de seis naciones musulmanes. A diferencia de sus antecesores, rara vez se le ve cuando dignatarios extranjeros visitan al presidente.

Tillerson, quien sólo se entrevistó con Donald Trump cuando le ofreció el empleo pero nunca se conocieron antes, ocupa hoy día el cargo más importante del gabinete a nivel internacional, después del presidente y que antes tuvieron personajes de la talla de Henry Kissinger (1973-1977), George Schultz (1982-1989), James Baker (1989-1992), Madeleine Albright (1992-2001), así como Colin Powell y Hillary Clinton, entre otros. Todos controversiales como diplomáticos, pero con una amplia carrera pública.

A Tillerson se le acusa sobre todo de no defender a la dependencia que encabeza de la actitud de la Casa Blanca, que le está restando no sólo importancia sino fondos, con un recorte de presupuesto de 28 por ciento que mucho afecta a los diplomáticos y a la diplomacia estadunidense alrededor del mundo, así como a los organismos relacionados con esa Secretaría que tradicionalmente brindaban algún tipo de asistencia a naciones en desarrollo, situación que tiene con la moral baja a los 70 mil empleados que el Departamento de Estado tiene aquí y en el exterior.

El gobierno de Trump ha cambiado totalmente la manera en que Estados Unidos trata con el resto del mundo. Ha dicho que habrá menos diplomacia, menos ayuda financiera y más lecciones de poderío militar, no en balde las Fuerzas Armadas tienen ahora un diez por ciento más de presupuesto. Esto tiene en peligro varios programas de intercambio cultural y educacional con otros países, tales como las famosas becas Fulbright, con las cuales distinguidos académicos y profesionales viajan cada año al extranjero y aquí se recibía un número igual.

En las últimas décadas, Washington venía empleando ése y otros intercambios culturales como instrumento para influir la imagen de Estados Unidos ante el mundo. Después de todo, este país ganó la Guerra Fría en gran medida propagando su música, las películas de Hollywood y hasta sus jeans, que contrastaban con la rígida forma de vida de la Unión Soviética. El siglo XX fue sin duda el “Siglo Estadunidense”, pero las cosas han cambiado y seguramente van a cambiar más si se sigue reduciendo el poder tradicional, el personal y el presupuesto de la dependencia que hace la diplomacia.

Actualmente cinco de las seis subsecretarías no tienen titular; 22 de los 24 asesores más importantes de Tillerson no han sido nombrados y la nominación de su segundo a bordo fue rechazada por la Casa Blanca. Trump exigió la renuncia de todos los embajadores que Obama nombró por razones políticas sin tener quién los reemplace, por lo que una de cada tres embajadas está sin titular.

Hasta el momento solamente cinco embajadores nombrados por Trump han sido confirmados y son los representantes ante China, Israel, Senegal, Guinea-Bissau y el Congo. Está designada la del Vaticano, Callista Gingrich, esposa de su gran aliado, el exjefe de la Cámara baja, Newt Gingrich, pero la señora no ha juntado aún todos sus papeles.

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