El presidente menos en forma de la historia moderna - Concepción Badillo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 25 de Julio, 2017
El presidente menos en forma de la historia moderna | La Crónica de Hoy

El presidente menos en forma de la historia moderna

Concepción Badillo

Donald Trump ha puesto a prueba la capacidad del mundo para asombrarse de lo que dice o hace y cada día parece ser peor. En los seis meses que lleva en el poder el presidente ha cruzado muchos límites y ha dicho muchas cosas que jamás nos imaginábamos podían salir de la boca del hombre que gobierna al país más poderoso del planeta.

Hasta ahora el jefe en turno de la Casa Blanca sólo hablaba en público frases escogidas y políticamente correctas. Pero el mandatario actual, sin ninguna reserva, ha mostrado su ignorancia, su difícil temperamento, su falta de sentido del humor, la facilidad con que tergiversa los hechos, lo mucho que olvida acontecimientos y nombres, cómo confunde países y sobre todo su afición, poco digna de su cargo, de comentar sobre el físico de la gente.

Trump se ha referido a la poca estatura del senador Marco Rubio; a las mejillas operadas de la conductora de televisión Mika Brzezinski; a la falta de energía de Jeb Bush; y de vigor de Hillary Clinton. En su reciente viaje a París rompió el protocolo diplomático y le dijo a la primera dama francesa Brigitte Macron, que estaba “en muy buena forma”.

Pero sobre todo parece disfrutar hablar del peso de las personas, sobre todo aquellas con problemas de báscula, algo que en política hasta ahora era tabú. Ha llamado a la comediante Rosie O’Donnell “cerda gorda”; de Kim Kardashian dijo que “se ha puesto grandota”; a la Miss Universo Alicia Machado le puso el sobrenombre de “Miss Piggy”, en referencia a la popular cerdita y dijo que la venezolana “podía comerse todo un gimnasio”.

En un discurso donde mencionó su enojo porque las galletas Oreo ahora se producen en México, públicamente le dijo al gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, que dejara de comerlas para que bajara unos kilos. Un consejo, dicen los médicos, que debería de seguir él mismo, porque está a un paso de ser obeso.

En la historia moderna de los Estados Unidos, ningún presidente había mostrado la falta de interés en su propia salud que el presidente Trump. No fuma, no bebe, pero es aficionado a los alimentos grasosos y llenos de calorías, sigue una dieta en base a carne roja y tiene aversión por el ejercicio, además de que pasa largas horas viendo televisión.

Nunca camina. En su viaje a Arabia Saudita se le vio recorriendo un museo a bordo de un carrito de golf. En la reciente reunión de los líderes del G20 en Sicilia, mientras los otros dignatarios caminaron para tomarse una fotografía, él llegó sobre ruedas a pesar de que era un trayecto de sólo 600 metros. Y mucho se dice que con gusto caminaría si pudiera ir al paso de los demás, pero que para evitar el ridículo mejor ni lo intenta.

Trump de joven no sólo fue guapo —en ese entonces el New York Times lo comparaba con Robert Redford— sino fue buen atleta. Destacó en beisbol y futbol americano y su condición física lo hacía elegible para ser enlistado cuando la guerra de Vietnam; sin embargo, en 1968 obtuvo un certificado médico que argumentaba un problema en los huesos, con lo que evitó combatir.

El mandatario, actualmente de 71 años, siempre ha declinado hablar de su salud y se ha negado a que se hagan públicos sus antecedentes médicos. Lo único que se sabe es que mide 1.82 metros de estatura y pesa 107.5 kilos. Su médico de cabecera, Harold Bornstein, un gastroenterólogo en Manhattan, ha dicho que todo, incluso su nivel de colesterol, es normal. Sólo que el doctorcito ha admitido que redactó el reporte en cinco minutos, cuando ya el chofer del mandamás había llegado por el papel.

Es común que poco trascienda de los males que sufre quien está en el poder. Se cree que Abraham Lincoln sufría de depresiones; Woodrow Wilson tuvo un ataque al corazón; Franklin D. Roosevelt padeció polio, dejándose retratar sólo rara vez en silla de ruedas; y siempre se mantuvo en secreto el severo dolor de espalda y las enfermedades en los huesos de John F. Kennedy.

El estado físico, incluyendo el peso de los gobernantes, es siempre un riesgo político. Pero en todo caso Trump no es el primer presidente de este país que no está en forma. William Howard Taft pesaba 155 kilos. La leyenda dice que en 1908 se quedó atorado por horas en una tina de baño en la Casa Blanca, sólo que por suerte en ese entonces no había Twitter.

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