En Tláhuac, cobro de piso a comercios, transportistas... | La Crónica de Hoy
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En Tláhuac, cobro de piso a comercios, transportistas...

A los ambulantes y comercios establecidos de la colonia donde vive su madre les pedía de 300 a 500 pesos para brindarles seguridad ◗ Los motohalcones se encargaban de pasar por el derecho de piso en las colonias La Conchita, La Nopalera y Zapotitlán

Los halcones recogían la cuota de sus victimas entre semana.

El negocio de Felipe de Jesús Pérez, El Ojos, no sólo era la venta y distribución de droga, también obtenía grandes sumas de dinero por el cobro de derecho de piso a tianguistas, comercios establecidos y rutas de transporte público.

Y es que todo aquél que intentaba vender o transitar por el territorio del capo, exlíder del Cártel Tláhuac-Chalco, debía pagar una cuota, y de no hacerlo, se hacía acreedor de una golpiza o lesiones con arma de fuego, además de que se les prohibía vender o abrir algún negocio en la zona.

Según las autoridades capitalinas, Jesús Pérez mandaba a los mototaxistas a cobrar las cuotas así como de brindar protección a quienes las pagaban, ya que, según ellos, la seguridad era uno de los beneficios que otorgaba el líder del cártel a quien cumpliera con el “derecho de piso”.

OFRECÍAN PAQUETES. Conductores de camiones y microbuses, de las tres rutas que cruzan Tláhuac, contaron que el grupo criminal exigía un pago de 300 pesos a la semana o de plano les ofrecían un paquete: permitir el asalto a los pasajeros y hacerse de la vista gorda a cambio de no ser golpeado y robado, sólo por 150 pesos.

La cuota, de acuerdo con algunos choferes, era recogida por los halcones que trabajaban para El Ojos.

Contaron a Crónica que el monto de la cuota podía variar de acuerdo a la zona, ya que si los microbuses o camiones transitaban por las colonias: Conchita, La Nopalera y Zapotitlán, se pagaba más.

Lo anterior debido a que en estos sitios siempre se movía el capo; incluso en La Nopalera es donde vive su madre, además de tener casas de seguridad en la zona.

“Todos teníamos que pagar una cuota sino ya sabíamos que era una madriza asegurada. Pero también ya conocíamos a los que nos cobraban y había quienes nos pedían más diciéndonos que ese territorio era sagrado porque era del patrón”, refirió uno de los conductores que pidió llamarle Pepo.

Según el Pepo, quien maneja un microbús que cubre el ramal que va de Tláhuac a Taxqueña, los motohalcones muchas veces abusaban y les cobraban más dinero de lo acordado.

“Nos engañaban. Decían que era más de cuota y que si teníamos algún reclamo, se lo hiciéramos al patrón… Y pues mejor no decíamos nada, aunque todos sabíamos que era un agandalle de ellos”.

El Luicito, el dueño de un camión que todos los días trabaja de la Nopalera a la UAM Xochimilco, afirmó que algunos de sus compañeros pagan hasta 600 pesos a la semana, ya que prefieren pagar por la seguridad del chófer y el “cacharpa” —como se le conoce al asistente de los microbuseros— que ser molestados y asaltados en los dos turnos que trabaja el transporte.

SIN MOCHE NO HAY VENTA.  El negocio de Felipe de Jesús Pérez iba más allá de la venta de mariguana, cocaína y tachas en el oriente de la Ciudad de México, se llenaba los bolcillos de dinero producto del cobro de derecho de piso a tianguistas y comercios establecidos.

Por ejemplo, los vendedores ambulantes que ofrecen sus productos a pie de calle o en  algunos mercados sobre ruedas de la delegación Tláhuac debían pagar, cada que se ponían, 60 pesos por el espacio.

“Ya sabíamos que de entrada son 60 pesos. Pero también dependía mucho del humor del que cobraba, yo llegué a pagar hasta 150 pesos. Que si el clima, que si la lluvia, que si porque me dio la gana. Cualquier pretexto es bueno para ellos”, refirió Tadeo, un comerciante del tianguis que se coloca en Angélica Paulet, justo detrás de la casa de la madre de El Ojos.

En tanto que los comercios establecidos pagaban por seguridad.

Si no querían ser asaltados, la cuota era de entre 300 y 500 pesos a la semana, pero de no realizar el pago “nos teníamos que atener a las consecuencias”.

De acuerdo con los locatarios del lugar, realizaban los cobros entre semana, ya que los fines de semana “nos dejaban descansar”.

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