Trinidad, la mujer que se atrevió a enfrentar a El Ojos | La Crónica de Hoy
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Trinidad, la mujer que se atrevió a enfrentar a El Ojos

Acusó en 2016 al líder del cártel Tláhuac-Chalco por la desaparición de su hijo; una semana antes de que cayera el capo se llevaron a otro ◗ “Dejaré de buscarlos; con la muerte de El Ojos la deuda está saldada”, asegura

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Trinidad es la mujer que se atrevió a denunciar que Felipe de Jesús Pérez, El Ojos, controlaba el crimen organizado en la delegación Tláhuac.

Lo hizo en 2016, cuando, según la señora de 52 años, el capo “levantó” a uno de sus hijos por negarse a trabajar con él distribuyendo droga y sirviéndole de halcón. Trinidad acudió a la Procuraduría capitalina a levantar un acta sobre lo que había ocurrido.

La denuncia no prosperó y Trinidad comenzó la búsqueda  a “pie tierra”, repartiendo y pegando volantes en bardas y postes en el que pedía ayuda a la ciudadanía para encontrar a su hijo.

Casi nadie vio su propaganda, porque Rigoberto Salgado “mando a quitar todos… decía que mis volantes manchaban la imagen de la delegación”.

Un año después, a una semana de que fuera abatido El Ojos, su otro hijo, Joaquín, también desapareció. No lo encuentra. “Estoy segura de que fue El Ojos, pero todo lo mal que hicieron lo están pagando en vida (en referencia a lo que enfrenta Rigoberto Salgado)”.

La mujer dice que perdió la esperanza de encontrarlos, más ahora que el capo ha muerto y que han salido a la luz los ­vínculos que había entre El Ojos y el delegado de Tláhuac.

Durante un año acudió en diversas ocasiones a la sede delegacional a pedir ayuda al morenista, quien en todo momento se negó a atenderlos.

Trinidad recuerda que fue hasta agosto del año pasado que el jefe delegacional los atendió después de que protestaron en una asamblea en la que estuvo el presidente de Morena en la Ciudad de México, Martí Batres.

No obstante, en esa ocasión Salgado les dijo que haciendo manifestaciones y echando culpas al aire sólo pondrían en riesgo a los jóvenes desaparecidos.

SIN TEMOR. Trinidad no teme ser encontrada por los halcones ni por la banda delictiva que comandaba El Ojos; dice que su vida perdió sentido cuando el segundo de sus hijos no regresó a casa.

Cuando desapareció el mayor de sus hijos, hace un año, la mujer comenzó a llamarlo Ángel; dice que el joven se había vuelto su guardián de vida.

Trinidad juró hacer hasta lo imposible por encontrarlo, ya que aunque ella sabía que él estaba muerto, quería encontrar el cuerpo porque “mi hijo merecía la santa sepultura”.

Meses más tarde, Joaquín, su hijo menor, decidió empezar a trabajar en lo que la mayoría de los jóvenes se desempeñan en Tláhuac. Compró una moto, la llevó al herrero y la adecuó para convertirla en un taxi improvisado y así ganarse un dinero extra para ayudar a su madre en la búsqueda de Ángel.

Por más que Trinidad insistió a su hijo que no lo hiciera, éste le dijo que sólo así tendrían el dinero necesario para seguir haciendo carteles y volantes, esos que a diario pegaba en todo lugar donde le fuera posible para que en la demarcación supieran que su hijo era uno de los desaparecidos.

Los mismos carteles que todos los días alguien se encargaba de quitar, porque de acuerdo con el delegado, manchaban la imagen que quería darle a Tláhuac, La delegación que renace.

Además de que Joaquín estaba convencido de que si se convertía en halcón, obtendría cualquier información que lo llevaría a dar con los restos de su hermano mayor.

La madre de los jóvenes desa­parecidos cree que descubrieron a Joaquín y que por eso lo mataron.

“A mí nadie me quita de la cabeza que fueron ellos los que me arrebataron a mis hijos. El Ojos y sus hermanos pagaron con su vida, espero que Rigoberto Salgado pague con la suya todo lo que nos ha hecho”.

Trinidad dice que ya no buscará a sus hijos, asegura que con la muerte de El Ojos la deuda con ella está saldada.

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