La institucionalidad electoral, asunto de todos - Javier Santiago Castillo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 05 de Agosto, 2017
La institucionalidad electoral, asunto de todos | La Crónica de Hoy

La institucionalidad electoral, asunto de todos

Javier Santiago Castillo

Hemos escuchado, recientemente, las voces de siempre. Solicitar la renuncia de los consejeros electorales del INE nos lleva a un falso debate. Deja de lado aspectos sustantivos del origen de los problemas que enfrenta el sistema electoral, derivados de la reforma de 2014, y los retos a superar rumbo al 2018.

Para ubicar las causas del desgaste de las autoridades electorales debemos traer a la memoria que la transición, como fenómeno sistémico, se fue dando de la periferia al centro. La competencia electoral local de la década de los ochenta, en las elecciones de gobernador y de ayuntamientos, fue pionera de la insurgencia electoral federal de 1988.

La presión social y la necesidad de sobrevivir en el poder, sin desatar al demonio de la violencia, condujo a la clase política a la creación de organismos electorales formalmente autónomos.

El levantamiento zapatista (1994) mostró la necesidad de ampliar los cauces democráticos y abrió la puerta de la última etapa de la transición política. La reforma electoral de 1996 la materializó jurídicamente al otorgarle plena autonomía al IFE y replicando, en sus rasgos esenciales, el mismo modelo en los institutos electorales locales.

En esta etapa, las instituciones electorales contaron con el respaldo de los partidos políticos opositores al PRI, de intelectuales, organismos de la sociedad civil y otros sectores sociales. Ese acompañamiento solidario se vio fortalecido al ganar el PAN la elección presidencial en 2000.

A partir de la renovación del Consejo General del IFE en 2003, como consecuencia de una negociación excluyente, se inició el proceso de deterioro de la imagen de la institución electoral federal.

En 2006, el estrecho resultado de la elección presidencial y la impericia política al dar a conocer los resultados electorales, dieron lugar a una intensa campaña de desprestigio en contra del IFE. En contraste, a partir de ahí la pluralidad política se acentuó en el país y la sana incertidumbre democrática sentó sus reales.

Ese fenómeno saludable trajo un resultado negativo: diversos partidos políticos perdedores han culpado de sus derrotas a las autoridades electorales; encontraron el perverso camino de hacer campaña electoral denostándolas. Hoy, por ejemplo, la Asociación Ahora pide la renuncia de los consejeros electorales del INE, como una forma de llamar la atención y difundir su existencia con el fin de promover a un candidato independiente.

A lo anterior hay que agregar diversas opiniones de columnistas que descalifican las acciones u omisiones de las autoridades electorales en las últimas elecciones. Conocer el diseño del sistema electoral no es sencillo. Muchos de quienes dan su opinión en el ámbito periodístico no conocen con precisión las atribuciones de las autoridades electorales.

En consecuencia, le exigen que lleve a cabo acciones que están más allá de sus atribuciones legales. Pongo el ejemplo de algún articulista reclamándole al INE por no anular las elecciones de gobernador en Coahuila, ignorando que esa atribución es exclusiva de los tribunales electorales, estatales y del Poder Judicial de la Federación.

El incremento de las atribuciones al IFE en 2008 y al INE en 2014, aunado a la centralización de atribuciones que antes competían a los institutos electorales locales y la ampliación de su papel de primera instancia jurisdiccional, han llevado a la otrora autoridad electoral a una situación delicada.

El caso emblemático es el de la fiscalización de los gastos de campaña en 2017. Más allá de las debilidades o deficiencias técnicas de ese quehacer o del protagonismo de algún consejero, es claro que la magnitud de la tarea tiene un elevado nivel de complejidad técnica y política.

La fiscalización era realizada en el país por 33 instituciones electorales. Actualmente, la ejecuta una sola. Es correcto solicitar, demandar, exigir se subsanen las deficiencias técnicas. De eso a calificar los actos de la autoridad como fraudulentos hay una distancia desmesurada.

La reforma de 2014 no cumplió con sus dos objetivos: abaratar las elecciones y sacar a los gobernadores de los comicios. Además, ha quedado evidenciado que el conflicto político local se ha convertido en un conflicto político nacional, lo cual no está abonando a la estabilidad política del país.

Es necesario enfrentar los embates contra la institucionalidad electoral. Eso implica incluir a los institutos electorales de las entidades federativas, llamados con el cacofónico acrónimo Oples, que se encuentran en una especie de limbo jurídico; sometidos por una parte a las visiones centralistas del INE y, por la otra, a la presión de los gobiernos locales vía restricciones presupuestales.

No se trata de defender a los amigos o al INE, sino a la institucionalidad en su conjunto. Aunque debemos “no olvidar que el Consejo General no es todo el INE…” (Bulmaro Cruz Hernández, dixit). Defender únicamente al INE deja ver una visión centralista que permea a buena parte de la clase política. Esta visión no percibe la complejidad técnica y política del sistema electoral nacional.

Lo anterior, con la elección de nueve gobernadores concurriendo con la disputa por la Presidencia de la República, nos vaticina vientos tormentosos para 2018. Lo más grave son las acciones irresponsables de los propios autores de esta poco afortunada reforma electoral.

En este momento la fortaleza de las instituciones
electorales reside en su capacidad operativa y en la capacidad de los partidos no favorecidos por el voto popular de reconocer responsable y lealmente su derrota. La institucionalidad electoral nos concierne a todos, porque aporta certeza a la renovación del poder político y, con ello, estabilidad al país. La ambición de poder, por el poder mismo, no deja ver que se están sembrando vientos y después, todos, lamentaremos la tempestad.


@jsc_santiago
www.javiersantiagocastillo.com

Imprimir

Comentarios