Por desajuste con inflación, impuesto a bebidas azucaradas pierde valor | La Crónica de Hoy
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Por desajuste con inflación, impuesto a bebidas azucaradas pierde valor

Para robustecer el impuesto además se requiere duplicarlo, señala Arantxa Colchero, investigadora del INSP. Investigadoras de EU exponen efecto que ha tenido la política en Filadelfia y Berkeley

En México, la disminución del consumo alcanzó el 14 por ciento entre la población de menos recursos. 

El impuesto a las bebidas azucaradas, puesto en marcha en 2014, ha demostrado ser efectivo para contrarrestar su consumo y con ello disminuir los efectos que impactan la salud de los mexicanos: sobrepeso, obesidad y diabetes, especialmente en los más pobres. No obstante, se requiere robustecer el impuesto, mediante su duplicación y ajuste anual, señaló Arantxa Colchero, investigadora del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), autora principal de los estudios que comprobaron la efectividad del impuesto.

En conferencia, convocada por la Alianza por la Salud Alimentaria (ASA), puntualizó que la política pública ideal para el país sería incrementar el impuesto en 20 por ciento por litro (como recomienda la OMS), el doble del actual y que representaría un incremento de dos pesos por litro. Además recalcó que el impuesto ha perdido valor debido a que no se ha ajustado a la inflación anual desde 2014. 

“Todos los impuestos especiales tienen contemplado un ajuste cuando hayan acumulado el 10 por ciento de inflación a partir de su implementación, que en este caso sería enero de 2014. Este año ya se llegó a ese porcentaje, pero el ajuste tendrá efecto hasta enero de 2018, lo que significa una pequeña pérdida —de alrededor de dos centavos—, por eso se requiere que tenga un ajuste anual”.

La investigadora expuso los resultados de los estudios llevados a cabo por el INSP sobre el efecto del impuesto aprobado en 2013, entre los cuales se encuentran análisis de la “Encuesta mensual de la industria manufacturera del INEGI”, en el que retomaron datos de ventas nacionales y que disminuyeron desde 2014, en el primer año de su implementación. 

“En el análisis a los dos años posteriores al impuesto encontramos que las ventas de bebidas azucaradas disminuyeron un 7.3 por ciento, en tanto que el agua embotellada aumentó un 5.2 por ciento. Análisis de 2016 y 2017 muestran aún mayores reducciones del consumo per capita y un efecto sostenido en el aumento de venta de agua embotellada”. 

Otros estudios basados en los patrones de compra de bebidas azucaradas detectaron que las compras en los hogares se redujeron en promedio 7.6 por ciento; que en su segundo años de operación, el impuesto redujo el consumo de hasta el 14 por ciento entre las personas de más escasos recursos, en tanto que para las de nivel socioeconómico medio alcanzó una reducción del 12 por ciento. 

Sobre la preocupación y alerta que causó la industria sobre que el impuesto reduciría el número de empleos, la investigadora dijo que llevaron a cabo un análisis que lo contradice: de acuerdo con datos del INEGI, entre el 2014 y 2015 no bajó el empleo en la industria manufacturera, encargada de la producción de estas bebidas, incluso aumentó. 

DESTINO DE IMPUESTOS. Durante la conferencia, los especialistas expusieron que el impuesto a las bebidas azucaradas es una tendencia mundial ciudades de países como Gran Bretaña, Finlandia, Francia, Portugal, España, Chile e India, entre otros. 

Colchero participó en el marco del foro “Impuestos a las bebidas Azucaradas: Tendencia Mundial”, donde especialistas en salud pública de EU expusieron el desarrollo de este impuesto en ciudades como Filadelfia y Berkeley.

Lynn Silver —asesora del Instituto de Salud Pública de EU y profesora del Departamento de Epidemiología de la Universidad de California en San Francisco— expuso que en Berkeley se ha registrado una disminución en el consumo de hasta el 21 por ciento en comunidades de bajos ingresos, en tanto que el promedio fue de alrededor del 10 por ciento en su primer año de implementación, 2015. “El consumo de agua embotellada subió 16 por ciento, además del consumo de otras bebidas que no fueron agravadas, con excepción de refrescos dietéticos, cuyo consumo también bajó”. 

Berkeley, la primera ciudad estadunidense en aprobar el impuesto a bebidas azucaradas, además implementó un fondo para programas de atención y protección de personas con diabetes o problemas relacionados con sobrepeso y obesidad, financiados por el impuesto. 

Hannah Lawman, directora de investigación en la División de Prevención de Enfermedades del Departamento de Salud Pública de Filadelfia, refirió por su parte que esta ciudad ha empleado los recursos de este impuesto para la implementación de infraestructura y apoyo a comunidades para la toma de medidas de prevención de estas enfermedades, que ubican a la ex capital estadunidense como la segunda con más prevalencia. 

No obstante, en México los impuestos recaudados no se emplean para programas de prevención o combate a la obesidad y diabetes. “Ese es el único punto de coincidencia que tenemos con la industria, que estos recursos no se emplean con este fin”, dijo Alejandro Calvillo, director del El Poder del Consumidor, asociación miembro de la ASA. “No se ha querido etiquetar los recursos, pero al menos podría haber una inversión en prevención, educación y acceso a agua potable similar a los ingresos del impuesto”.

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