Reproducción asistida, la maternidad en los tiempos modernos | La Crónica de Hoy
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Reproducción asistida, la maternidad en los tiempos modernos

Para la mayoría de las personas, cuando se habla de reproducción asistida se piensa en parejas con problemas de fertilidad. A la par de los avances tecnológicos y de las nuevas formas de pensar, de hacer sus proyectos de vida lo más cercano a sus deseos, no se trata ya nada más de tener o no hijos, sino cuántos y lo más importante en el momento que mejor se adapte a su proyecto de vida.

 Alejandro Chávez Badiola, director médico de New Hope Fertility Center, un grupo de investigación y de alta tecnología en fertilidad asistida, explicó a Crónica las nuevas tendencias, las técnicas más innovadoras y como han ido cambiando las necesidades de las mujeres para tener familia.

“Nuestro trabajo se enfoca a nuevas técnicas en el campo de la reproducción asistida. Los tratamientos de reproducción asistida se ofrecieron por primera vez en los años 70 y se lograron de manera exitosa en 1978. Tenían como objetivo superar problemas de reproducción asociados con las trompas. Prácticamente era resolver un problema mecánico ya que la reproducción sucede en las trompas en 98 por ciento de las veces. La idea era sacar óvulos para fecundarlos en laboratorio”.

Chávez comentó que como sucede con la mayoría de las disciplinas médicas, al avanzar la tecnología van cambiando también las posibilidades de resolver problemas en los que no se había pensado. Una cuestión muy clara es la de los problemas de fertilidad masculina. Cuando se descubrió por accidente la posibilidad de introducir un esperma en un ovulo. Esto significó un nuevo camino para los tratamientos de reproducción asistida. Hoy podemos hacer estudios genéticos y, por lo tanto, el diagnóstico genético preimplantación. Esto brinda la oportunidad a parejas que han tenido hijos con enfermedades raras como fibrosis quística mucopolisacaridosis, enfermedad de Huntington que, a través de un tratamiento in vitro podamos prevenir.

“La tecnología ha seguido avanzando y se mejoran dramáticamente las técnicas de congelación de óvulos; entonces podemos dar la oportunidad de que mujeres con cáncer puedan preservar sus óvulos y utilizarlos una vez que se haya resuelto el problema oncológico, ya que el tratamiento con quimioterapia o radioterapia puede terminar con la reserva ovárica.

En este camino nos encontramos con la capacidad de posponer la fertilidad. Este es un tema principalmente de educación”.

Estamos acostumbrados a pensar, independientemente de que recibamos una educación laica o católica, que podemos embarazarnos cuando queramos, al extremo de pensar que si pestañeas o ves a tu pareja la embarazas. Nadie nos ha enseñado el efecto negativo que tiene la edad, de la mujer en particular, sobre el potencial éxito para concebir, afirmó.

Se está privilegiando el obtener beneficios académicos, profesionales, personales, viajar, hacer un patrimonio para cuando queramos hacer familia sin tomar en cuenta que en la mujer conforme van pasando los años aumentan los riesgos y disminuyen las posibilidades de embarazo.

“Se trata de ofrecer oportunidades gracias a la tecnología. Por ejemplo si tenemos una mujer de 28 años que está empezando su carrera académica, profesional o que no tiene pareja podría optar por congelar óvulos pensando en tener una oportunidad extra en el momento que quiera tener un embarazo con las mismas posibilidades que si se quisiera embarazar en este momento. Así si esta mujer de 28 años quiere embarazarse a los 35 podemos ofrecerle esa posibilidad sin los riesgos genéticos inherentes a su edad.

Dentro de los avances tecnológicos hay uno en el que participé en la investigación y se refiere al remplazo mitocondrial, también dirigido a prevenir enfermedades raras”.

Es muy probable que en los siguientes años continúen los avances tecnológicos incluso fuera del campo de la fertilidad asistida y que puedan ser utilizados para este propósito, mencionó.

El doctor Chávez señaló que el tema de la postergación de la fertilidad es una tendencia que ha crecido en México durante los últimos años. Cerca del 16 por ciento de las parejas tiene algún problema de fertilidad y si nos ponemos a comparar el promedio de eventos importantes que ocurrían en 1850, por ejemplo, el promedio de edad era de 45 años, tenía su primer periodo menstrual a los 18, se casaba a los 19, alrededor de esa edad tenía su primer hijo y podía llegar a tener hasta 8 o 10 embarazos a lo largo de su vida. 

“Hoy, las mujeres tienen su primer periodo a los 12 años, la expectativa de vida supera los 70 años, empiezan a buscar familia alrededor de los 30 años. Es muy claro que la tendencia a postergar el embarazo aumente de manera importante en este tiempo. Hace muy pocos años una mujer de 27 años se consideraba “quedada” y hoy en la Ciudad de México, por ejemplo, es muy raro encontrar mujeres de 25 años que están estudiando o trabajando y que quieran iniciar una familia. Esta tendencia se va a marcar cada vez más, y la pregunta médica y académica es ¿qué podemos ofrecerle a las parejas y a las mujeres?”.

El reto es cómo enseñarles la otra cara de la moneda, ser suficientemente claro sobre el impacto negativo que tiene la edad en su vida reproductiva, y ofrecer información suficiente y actualizada de cómo pueden hacer mejor su proyecto de vida. Es muy probable que si todas las mujeres tuvieran esta información a la mano podrían cambiar su proyecto profesional y de vida, que para cuando lo decidan y estén listas puedan concentrarse en su proyecto de tener familia.

En este nuevo escenario y con estas oportunidades es muy probable que pudieran dedicarse a la parte de su proyecto que tiene que ver con el desarrollo académico y profesional.

“La independencia en las mujeres inicia con la independencia económica. Algunas mujeres deciden tener hijos sin casarse o sin tener pareja. Esta técnica de congelación de óvulos les permite decidir en qué momento lo van a tener sin depender de tener una pareja o una familia tradicional, sin los riesgos que implica hacerlo después de los 35 años”, concluyó.

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