AMLO, Ebrard, Mancera: la simulación - René Arce | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 09 de Agosto, 2017
AMLO, Ebrard, Mancera: la simulación | La Crónica de Hoy

AMLO, Ebrard, Mancera: la simulación

René Arce

(Primera de dos partes)

Desde los años 70, el presidente José López Portillo le permitió a su amigo Arturo Durazo construir una amplísima red de corrupción en la policía capitalina, donde los jefes policiacos se repartían el control de los diferentes ramos del crimen organizado (secuestro, tráfico de drogas, prostitución, robo de automóviles, etcétera). No existía grupo del crimen organizado que no fuera controlado y que parte del botín no llegara a las manos de El Padrino o protector de las instituciones de justicia o inseguridad. Cuando alguna de estas bandas criminales actuaba por cuenta propia, sin el “permiso” respectivo, terminaban, en el mejor de los casos, en un reclusorio; a otros les correspondió ser castigados con la ejecución y arrojados a los canales del desagüe, como fue el caso de los colombianos que terminaron en el Río Tula.

La policía ministerial, conocida en el argot popular como los judas o judiciales, también compartían esta forma de controlar al crimen, lo único que imponían a los criminales era no calentar la plaza; cuando afectaban intereses de personas famosas o pudientes, entonces tenían que devolver lo robado o entregar a las víctimas del secuestro.

En la policía del entonces Distrito Federal se organizó una mafia conocida como La Hermandad y, al igual que las corporaciones criminales en Italia, Japón o Estados Unidos, crearon un código para otorgarles protección a sus integrantes, asegurando el control de éstas, más allá de quién o qué partido llegara a gobernar, imponiéndose la política del “silencio cómplice” conocido en la mafia siciliana como omertá.

La fórmula que fueron perfeccionando era conocer las debilidades del gobernante en turno, así como sus inclinaciones ideológicas, religiosas e incluso sexuales, y de esa manera negociar con él las cuotas correspondientes a entregar periódicamente; si era un personaje honrado, entonces le mandaban jefes policiacos que aparentaban ser honestos y denunciaban supuestas corrupciones existentes en la corporación y así ganarse la confianza del gobernante para que éste los nombrara responsables de la institución. Los únicos cambios que realmente se llegaron a dar fueron la rotación de las jefaturas de sector y jubilar o liquidar económicamente a algunos de los más viejos jefes policiacos, pero el mecanismo siguió funcionando de la misma manera y, por supuesto, a los jubilados, suspendidos o liquidados, La Hermandad siguió otorgándoles un porcentaje del botín obtenido.

¿Cambió algo con la llegada del PRD al gobierno de la Ciudad de México?, la realidad es que muy poco, tal vez el ingeniero Cárdenas es quien intentó, con la llegada de personas como Samuel del Villar a la Procuraduría capitalina y con el exrector de la Universidad de las Américas, Alejandro Gertz Manero, a la policía, quienes trataron de darle un nuevo perfil a la seguridad pública y la procuración de justicia; pero los escándalos del asesinato de Paco Stanley y lo corto de su mandato (dos años), porque en el tercero Cárdenas ya era candidato a la Presidencia de la República, no lograron modificar gran cosa.

Con López Obrador (2000-2006) se inauguraron las “reuniones mañaneras”, donde se recibían las novedades del delito del día anterior y se acumulaban los informes de la Policía y la Procuraduría, pero todo se remitía a los delitos comunes, para nada se analizaba el tráfico de drogas, ya que se consideraba que éste sólo competía a la Federación y no era prioridad del gobierno capitalino investigar estos delitos, porque lo que menos quería López Obrador era generar una confrontación con los grupos encargados del tráfico de drogas en la ciudad. Por ello, tanto el procurador Bernardo Bátiz como el primer jefe de la Policía, Leonel Godoy, siempre negaron que en la ciudad existieran mafias o cárteles de la droga. Igual que en el gobierno de Cárdenas, sólo continuaron con la rotación de mandos policiacos, pero la Policía en realidad seguía controlando a los grupos delictivos. 

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