La continuidad de una cultura está garantizada en tres secretos: Fania Oz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 11 de Agosto, 2017

La continuidad de una cultura está garantizada en tres secretos: Fania Oz

Entrevista. La hija del poeta Amos Oz está en México para presentar el libro que escribió con su padre: Los judíos y las palabras.“De todas las naciones antiguas, somos los únicos que sobrevivimos. Hoy están los indios y chinos, pero ellos llegaron después y ya no hay Babilonia ni el imperio romano… Entonces ¿cuál es el secreto?”

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La cultura que descubrió el secreto de continuar es la judía: Fania Oz-Salzberger.

Para que cualquier cultura tenga continuidad existen algunos secretos: que los niños aprendan a leer, que esa comunidad escriba muchos libros y que todos se atrevan a discutir las lecturas que hacen. Esos son los puntos que la historiadora Fania Oz-Salzberger (Kibutz de Hulda, 1960) y su padre, el escritor israelí Amos Oz (Jerusalén, 1939), consideran que ha hecho posible que la cultura judía continúe hasta nuestros días.

Durante su visita a la Feria Internacional del Libro Judío (FILJU) en la Ciudad de México con motivo de la presentación del libro Los judíos y las palabras, que padre e hija escribieron en conjunto, Fania explica que la escritura de los cuatro ensayos que contiene la publicación inició para entender el milagro de la continuidad de un pueblo.

“Cuando escribimos Los judíos y las palabras buscábamos la explicación del milagro de la continuidad judía. De todas las naciones antiguas, digamos que somos los únicos que hemos sobrevivido por tanto tiempo. Hoy están los indios y chinos, pero ellos llegaron después y actualmente ya no hay Babilonia, no hay un imperio romano, ya no está el Egipto antiguo y los griegos modernos no pueden leer a los griegos antiguos. Entonces ¿cuál es el secreto?”, señala Oz-Salzberger.

La autora comenta que los religiosos hablan de un dios pero ella y Amos Oz no son religiosos, por lo tanto no pueden justificarse a través de una deidad.

“La cultura que descubrió el secreto de continuar es la judía y una probadita de eso es, en primero lugar, poner la cultura por escrito, generar y escribir muchos libros pero eso no es suficiente. Segundo: hay que darles esos libros a nuestros hijos, desde que son muy pequeños hay que enseñarles a todos a leer y con esto incluyo a las niñas. No generemos el error de los romanos: tenían tantos libros, pero no los compartieron y entonces no tenían lectores”, asevera.

Número tres, añade la historiadora de la Universidad de Haifa, “leer no es suficiente, hay que discutir, darle una nueva interpretación a la lectura, crear nuevas ideas y se vale discutir con tu papá, con el rabino o con el mismísimo dios”.

Para Fania Oz-Salzberger, al aplicar estos pequeños secretos, los judíos han flotado en la historia dentro de un arca repleta de libros. “Pero no siempre ha sido bueno porque hemos sido débiles, atacados y perseguidos, pero hoy sabemos que nos tenemos que proteger, incluso de manera física. Sin embargo, la principal idea sigue siendo válida para cualquier cultura humana: los niños, los libros, los argumentos y un buen sentido del humor”.

¿Por qué es importante la lectura en voz alta?

—En todas las culturas, la lectura en voz alta es muy importante, eso imperaba hasta el siglo XVIII, pero en la cultura judía es clave porque es una práctica social, no sólo es el sacerdote que le lee a su sociedad, es el drama de la familia judía sentada alrededor de una mesa con la escena de hacer la lectura y discutirla en familia. Esto es posible porque todos los hombres son alfabetizados y porque al compartir esa lectura en familia, por ende, las mujeres también se alfabetizan.

¿Cómo mira el pasado para no quedar atrapada ahí?

—Cuando observo el pasado veo ese amor que quiero conservar y veo las cosas que verdaderamente detesto y que quiero descartar. Veo muchos ancianos, hombres viejos con sus barbas, muchos son muy sabios y otros simplemente creen que lo son. Veo mujeres fuertes con voces enérgicas en la Biblia, veo una cultura que pone a los padres para la crianza por encima de cualquier cosa, pero es una crianza parental de manera intelectual, por eso la mamá judía hace que te comas tu sopa de pollo y al mismo tiempo te obliga a leer un libro.

“Hay malos momentos donde los judíos se cierran con ellos mismos y le dan la espalda al resto del mundo, algunas comunidades en Jerusalén siguen hoy en esa tendencia, pero hay momentos hermosos donde los profetas y los poetas como Baruch Spinoza, Albert Einstein o Hannah Arendt, le hablaron al mundo. Como historiadora, escritora y activista política, quisiera formar parte de ese pasado judío”.

En las conversaciones que tiene con su padre, ¿hablan de mitología?

—Mitología es una palabra muy interesante pero no la usamos mucho, hablamos de historias, esto es porque la gente tiene el concepto de que si es mitológico es fantasía o que no es cierto. Aquí se tiene la certeza de que el origen de la cultura mexica es un águila que posó sobre un nopal y devoró una serpiente… ¿será cierto que cuando Moisés levantó su bastón las aguas del mar se separaron?, mucha gente dice que eso es una estupidez y se da la media vuelta.

“Nosotros decimos que hay dos tipos de verdades: la verdad histórica y ese es mi trabajo porque soy historiadora, y tenemos la realidad literaria, que es el trabajo de los novelistas y de los buenos lectores. Por ende mi padre suele decir: ‘algunas veces los hechos son los enemigos de la verdad’, entonces no nos importa saber si Moisés vivió o no, o si existieron esas seis mujeres que se dicen que lo rescataron de las aguas”.

Lo que si nos importa saber, agrega Oz-Salzberger, es que hay una historia antigua que cree en esas mujeres fuertes e inteligentes y cree que los grandes líderes son los que generan leyes “y que las leyes son mucho más importantes que los reyes. Eso no es mitología, eso es verdad pura”.

¿Escribirá algún otro libro con Amos Oz?

—Este verano al estar escuchando las noticias sobre el mundo, mi padre me dijo: tal vez deba escribir un libro sobre la verdad. Estamos considerándolo, tal vez no sea una mala idea.

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