Los primeros pasos del maestro del suspenso, Alfred Hitchcock | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 13 de Agosto, 2017

Los primeros pasos del maestro del suspenso, Alfred Hitchcock

Especial. El cineasta nació el 13 de agosto de 1899 y desarrolló el arte del terror desde que su padre lo castigó encarcelándolo por cinco minutos cuando era niño

Los primeros pasos del maestro del suspenso, Alfred Hitchcock | La Crónica de Hoy
El cineasta estrenó su primera película, El jardín de la alegría, en 1925.

Era 1899, cuando nació Alfred Hitchcock. Habían pasado cuatro años desde que en Francia se dio a conocer el invento del cinematógrafo patentado por los hermanos Auguste y Louis Lumière; habían pasado 50 años desde que falleció el maestro del relato Edgar Allan Poe, que más tarde sería una de sus principales influencias; y también ese año Georges Méliès sorprendía a Europa con el cortometraje Le diable au couvent (El diablo en el convento). Nadie sabía que en el barrio londinense de Leytonstone, el 13 de agosto, había llegado a este mundo un niño que se convertiría en una de las máximas figuras del cine de la historia.

Desde pequeño, Alfred tuvo una infancia algo difícil, ya que para fue criado en una Inglaterra que vivía los inicios de 1900, y si a eso le sumamos una rigurosa educación católica, sólo puede significar que había muchas costumbres muy estrictas para enseñar a los seres humanos como moverse en este mundo.

Como resultado de eso, Hitchcock desarrollaría una personalidad tímida y reservada, la cual lo acompañaría el resto de su vida. Pero también generó muy buenos pasatiempos durante su juventud, ya que se haría un fuerte seguidor de autores como Charles Dickens y Edgar Allan Poe.

Fue el tercer y último hijo del matrimonio de William Hitchcock (1862-1914) y Emma Jane Whelan (1864-1942), dos comerciantes de clase media de rigurosa educación católica. Sus hermanos eran demasiado mayores para jugar con él, por lo que el pequeño y taciturno Alfred se acostumbró a jugar solo y a compartir con su madre sus confidencias nocturnas.

A los 11 años perdió a su padre e ingresó en un colegio jesuita, el Saint Ignatius College. Fue un alumno medio y bastante distraído. Esa pérdida fue dura, sin embargo siempre recordó una anécdota con su papá a la que le atribuyó el poder que tenía el miedo, cuando un día lo encarceló por 5 minutos como castigo por una de sus travesuras. Ese recuerdo lo persiguió y lo llevó a hacer del susto una forma de arte.

A los 13 años, en 1915, abandonó la escuela y empezó a trabajar en la Compañía telegráfica Henley. Entonces ya era un chico que gustaba de las obras de Charles Dickens y Edgar Allan Poe. Además de que fue un año crucial en su vida pues encontró su fascinación por el cine tras ver El nacimiento de una nación de David Wark Griffith. Desde entonces no se detuvo hasta encontrar la forma de adentrarse en el séptimo arte.

Alternaba su trabajo con la escritura de cuentos que llegó a publicar en algunas revistas, y puso en práctica sus primeros encuadres cuando se dedicó a la fotografía, en donde agudizó su visión al ser observador de la gente. Antes de buscar una historia en el cine aseguraba que quería ser marino cuando conoció el océano y además estudió varios años mecánica, electricidad y navegación. Sin embargo, en 1919, por azares del destino empieza su carrera como cineasta, al ilustrar carteles y diálogos para películas mudas en los estudios Paramount de Londres. De allí decidió estudiar arte en la Universidad de Londres para tomar la carrera de director de cine.

Para 1920, Hitchcock se presenta en los recién inaugurados estudios londinenses de Jesse Lasky, Famous Players Lasky, en busca de trabajo. En un principio es contratado como diseñador de los intertítulos de las películas mudas, pero durante cinco años pasa por diversos trabajos dentro de la compañía, aprendiendo las claves de la realización cinematográfica, realizando labores como director artístico y guionista en películas de directores como Donald Crisp y Hugh Ford.

En 1922 pudo haber debutado como director ya que los responsables del estudio le proponen rodar en 1922 la inacabada Number Thirteen, sin embargo poco tiempo después dejaron de producir filmes porque decían que no era rentable. Estuvo como codirector de otras películas como Tell your life, de 1923, o trabajando como asistente de Woman to woman, de ese mismo año, en la cual trabajó en el guión con Alma Reville, con la que contrajo matrimonio a finales de 1926 y que fue una de sus más importantes colaboradoras a lo largo de toda su carrera.

El año de su matrimonio cumple su sueño y finalmente es contratado por la productora Gainsborough, en la que Michael Balcon le ofrece dirigir su primera película, El jardín de la alegría (The Pleasure Garden, 1925), una producción anglo-germánica basada en una novela de Oliver Sandys. Balcon queda impresionado con el resultado de la cinta y encarga a Hitchcock su siguiente proyecto, El águila de la montaña (The mountain eagle, 1925), película de la que en la actualidad no se conserva ninguna copia.

El resto es historia, influido por Chaplin o Buñuel, las góticas novelas de Edgar Allan Poe y los relatos de Ronald Dahl, comenzó a dirigir algunas de sus películas más conocidas, como El hombre que sabía demasiado o Los 39 escalones, con las que conoce el éxito comercial. Con sólo 36 años de edad, presenta todos los elementos que seguiría desarrollando sabiamente durante el resto de su carrera: la mezcla perfecta de suspenso, romance y humor; la manipulación total y cruel del espectador; y un entendimiento peculiar de las sombras, del lado macabro de la realidad.

Tras una exitosa carrera en el cine británico, en películas mudas y en las primeras sonoras, Hitchcock se trasladó a Hollywood en 1939. A lo largo de su vida, dirigiría más de 50 películas a lo largo de seis décadas en una de las carreras más largas y fructíferas en esta industria.

Pájaros enloquecidos, miradas indiscretas entre vecinos, una ducha terrorífica, persecuciones pisando los talones… imágenes de gran potencia que casi un siglo después continúan fascinándonos: “Dales placer, el mismo que consiguen cuando despiertan de una pesadilla”, decía Hitchcock, como filosofía, y a la fecha sigue cautivando.

 

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