La libertad del papa Francisco - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 13 de Agosto, 2017
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La libertad del papa Francisco

Manuel Gómez Granados

En fechas recientes, el papa Francisco se colocó de nueva cuenta en el centro de un número importante de controversias. Algunas tienen que ver con la actitud que adoptó respecto de la situación en Venezuela, otras tienen que ver con el cambio de actitud que promueve, desde los primeros días de su pontificado, en la moral sexual, y una más tiene que ver con la actitud que las personas deberían asumir cuando participan de las actividades de la Iglesia.

Lo que hermana a los tres casos es la libertad con la que el Papa actúa a pesar de las presiones de distintos grupos. En el caso venezolano hay quienes, desde Miami, Ciudad de México y Bogotá, insisten en que el papa Francisco condene a Nicolás Maduro como lo hacía Jorge Mario Bergoglio como arzobispo de Buenos Aires con los gobiernos de la familia Kirchner. Quienes insisten en que el santo padre tome partido lo hacen desde una profunda ignorancia de la historia de la Iglesia. Esa historia ha enseñado, tanto a Bergoglio como antes a Karol Wojtyla, que las críticas que podían emitir como arzobispos de Buenos Aires o de Cracovia a los gobiernos de sus países, respectivamente, no las pueden hacer ya como obispos de Roma, en razón de las condiciones que impone su ministerio de sucesores de Pedro.

En el caso de la moral sexual, el pontífice ha marcado diferencias importantes. Evita —por ejemplo— las condenas ad hominem que solían formularse desde la Iglesia en el pasado reciente contra las personas homosexuales y contra las personas divorciadas. Lo que motiva este cambio de actitud del Papa es un principio similar al que opera en las críticas a gobiernos específicos, que ha sido, desde el primer momento, el eje rector de su pontificado: la misericordia y la necesidad de fortalecer el papel del papado como una institución que testimonie con el ejemplo cuando se trata de encontrar formas prácticas de ejercer la misericordia, de evitar más conflictos y de abonar a una mejor convivencia de todos.

Una de las consecuencias que ha tenido esta idea de liderar con el ejemplo, es que ya hay diócesis en distintas partes del mundo que impulsan iniciativas orientadas en la lógica de la misericordia. En Glasgow, Escocia y Concepción, Chile, ruedan los llamados Mercybuses o autobuses de la misericordia, como iniciativas que ofrecen distintos tipos de servicios para las personas que necesitan algún tipo de ayuda, material o espiritual. En Brasil, a finales de julio, el obispo de Caicó, Antonio Carlos Cruz Santos, pronunció una homilía en la que, luego de criticar las actitudes violentas de muchos contra las personas homosexuales, que llegan incluso a provocar la muerte de inocentes, llamó a reconocer a la homosexualidad como un “don de Dios”.

Respecto de la actitud con la que participamos en la Iglesia, el Papa pronunció el miércoles nueve una catequesis en la que insistió en la necesidad de acercarnos a la Iglesia sabedores, perfectamente conscientes, de que no somos perfectos, de que más bien, todos estamos necesitados de misericordia y perdón, por ello, no tenemos derecho a despreciar, excluir ni estigmatizar a quienes algunos ven como imperfectos, como pecadores.

En los tres asuntos, Francisco ha enfrentado una oleada de críticas desde los sectores más tradicionalistas de la Iglesia, personas que a veces actúan de buena voluntad, pero a quienes les cuesta trabajo ver más allá de sus narices y entender que el Papa es libre y que ejerce esa libertad desde la lógica del Evangelio y para bien de la Iglesia.

manuelggranados@gmail.com

 

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