No es lo mismo Dinamarca que Bangladesh - Guillermo Puente Ordorica | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 14 de Agosto, 2017
No es lo mismo Dinamarca que Bangladesh | La Crónica de Hoy

No es lo mismo Dinamarca que Bangladesh

Guillermo Puente Ordorica

En la actual coyuntura internacional en la que han resurgido viejas tendencias que se creían superadas, como el fanatismo y la intolerancia religiosa, el racismo, el autoritarismo, etcétera, no deja de llamar la atención que el fenómeno de la corrupción sea una de las principales amenazas actualmente al sistema democrático en diversos países del mundo desarrollado y en desarrollo. Tradicionalmente la corrupción se ha asociado con los regímenes autoritarios en donde no existen controles democráticos, que pongan cortapisas a los caprichos del autócrata en cuestión, pero lo realmente llamativo es que este fenómeno se ha venido agudizando en países democráticos con diversos grados de consolidación, hasta convertirse en un lastre regresivo que afecta su sistema político en conjunto, tiene importantes consecuencias negativas en sus relaciones sociales y para su economía.

De manera que de forma similar a esa gama de problemas de viejo cuño, lo novedoso de la corrupción no es su existencia, sino su evolución como fenómeno político en el siglo XXI, que viene a sumarse a la complejidad del estado que guarda la democracia como sistema de organización en el mundo en general, y a los retrocesos observados en esta materia en distintos puntos del globo, incluyendo a países como el nuestro. Voces especializadas han advertido que probablemente la mayor amenaza al orden democrático liberal actualmente proviene del viejo problema de la corrupción.  Ello se magnificaría, por inferencia, en los países en que el sistema democrático es aún frágil e incipiente. En cualquier caso, ante la magnitud del problema y de su impacto negativo, existen propuestas para el estudio sistemático de este nuevo problema. Por ejemplo, el profesor Michael Johnston identifica cuatro categorías en donde opera más claramente la corrupción como fenómeno resurgente: la influencia en los mercados (como en Estados Unidos, Alemania y Japón);  la que llama de cárteles de élites (más ubicada en países en consolidación o reforma democrática, con institucionalidad moderadamente sólida); la vinculada a oligarcas y clanes (en países donde prima un clima de impunidad e inseguridad que genera incentivos para que los oligarcas protejan ganancias corruptas e implementen tratos a través de la violencia, mientras se debilita a la oposición política), y finalmente la corrupción vinculada a funcionarios todopoderosos, referida a países de corte autoritario o dictatorial, mercados disfuncionales y débil institucionalidad. (“Reform, Rebooted: Building Long-Term Resistance to Corruption”, Georgetown Journal of International Affairs, 2017, Vol. XVIII, No., 2)

Para este estudioso, la corrupción es visualizada como un fenómeno particular, no sistémico desde una perspectiva integral de gobernabilidad en los sistemas democráticos y de debilidad institucional, considerándolo más como una desviación y acaso como un problema de aplicación de la ley. Argumenta que su contención en países de instituciones más sólidas se da casi como una consecuencia de un sistema mucho más amplio de contención entre poder y justicia, por lo que promover soluciones a través de reformas legales e institucionales no necesariamente lleva a construir controles efectivos en contra de la corrupción.

A partir de diagnósticos de ese tipo, la propuesta es instrumentar acciones de contención política y de promoción de iniciativas que permitan a las sociedades y sus individuos exigir gobiernos justos y efectivos. Para ello, se requieran controles ciudadanos que atiendan a la naturaleza de la corrupción, no como acto aislado, sino como parte de un fenómeno más complejo dentro de un sistema democrático determinado, conforme a la categorización propuesta. Ello permitiría  una acción diferenciada conforme a la naturaleza de la corrupción que iría desde fortalecer el pluralismo a la creación de espacios políticos y económicos libres de prácticas corruptas, en los que los ciudadanos y los grupos políticos y económicos puedan articular y defender sus intereses, asegurando la transparencia y la rendición de cuentas, estableciendo indicadores de medición en la implementación de medidas, a fin de valorar sus progresos.

En esos esfuerzos se magnifica el objetivo de reconstruir la confianza política y social y el tener claridad en el tipo de sistema y sociedad que aspira cada país a tener en cuanto a crecimiento, estabilidad y eficiencia, minando las bases que alientan o toleran la corrupción. Los esfuerzos son diferenciados y el problema multifacético. Como lo dice el profesor, no puede entenderse la corrupción de la misma manera en Dinamarca que en Bangladesh.

 

gpuenteo@hotmail.com

 

Imprimir

Comentarios