La mascarada - Wilfrido Perea Curiel | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 14 de Agosto, 2017
La mascarada  | La Crónica de Hoy

La mascarada

Wilfrido Perea Curiel

En 1999, precisamente en el marco de la sucesión presidencial de la alternancia, Jorge Castañeda presentó su libro La Herencia. Como lo sugiere el subtítulo, pretendió ser una investigación bastante documentada de la arqueología del mito sucesorio, es decir, sobre la piedra angular del viejo sistema político mexicano. La obra aporta lo suficiente como para erigirse en una lectura obligada sobre tan misterioso y seductor tópico. Se echa de menos la rigurosidad académica de Castañeda, ahora normalmente distraído en las batallas de sus propias pasiones políticas.

La Herencia, de Castañeda, cobra nueva relevancia no sólo porque se avecina una coyuntura de sucesión presidencial, sino porque el mecanismo que pretende revelar en su investigación ha sido reeditado. Ése es el marco de actuación vigente, es decir, el PRI no cuenta con otro método, así lo ha hecho por décadas y en 2018 no tiene por qué jugar diferente.

En el libro de referencia, Castañeda señala dos tipologías de la sucesión: ya sea por elección o decisión propia del gran elector, o bien por descarte o eliminación. En el primer modelo, el presidente en turno con antelación ha tomado una determinación, sabe de antemano a quién va a favorecer y opera, en consecuencia, eliminando obstáculos y moviendo lo que tenga que mover para asegurarse que su favorito lo sucederá en Los Pinos.

En el segundo tipo de sucesión, el presidente no está claro a quién va a impulsar, observa el curso de su gobierno y las complicaciones coyunturales que su equipo cercano va sorteando, en tanto toma nota del desempeño de su gabinete. El mandatario evalúa perfiles, va descartando y afianzando, hasta que las complicaciones propias del quinto año lo conducen a decantar su decisión. Hay que decir que, en el esquema clásico estudiado por Castañeda, los candidatos del PRI, con presidente priista en funciones, únicamente salen del gabinete, de ningún otro lugar.

Según Castañeda, se trata de un auténtico y perverso juego de máscaras, un engaño total. Los prospectos engañan al gran elector y éste, a su vez, engaña a los aspirantes. Los presidenciables hacen creer al presidente que son los más leales y, según convenga el caso, más competentes o incompetentes, necesitan meterse a esa dinámica para ganarse la voluntad presidencial.

Por su parte, el gran elector hace creer paralelamente a varios que tienen posibilidades, los tiene que engañar, porque de lo contrario sus secretarios no jugarían el juego. Además, tiene que haber más de dos aspirantes en la pista, de lo contrario, se polarizaría el gabinete.

Es difícil determinar bajo cuál de los dos tipos sucesorios juega el presidente Peña, si lo hace por elección adelantada o por descarte. Quizá al arranque de su mandato lo emocionaba la posibilidad de heredar la Presidencia a Videgaray, pero al parecer tal escenario ha hecho agua. En este sentido, motivado por el azar y el accidente, factor que siempre está presente, parece más derivado a moverse hacia un modelo de descarte. 

Muchos analistas y observadores del curso y resultados de la reciente XXII Asamblea Nacional del PRI han sugerido que virtualmente se trató de un “predestape” y que la eliminación de candados llevaba dedicatoria personal. Otros han apuntado que un par de secretarios han aventajado significativamente en tan peculiar carrera. Si así fuera, entonces todo estaría ya definido y las cosas no parecen ser así, lo que pasó fue que el dueño del juego se hizo de más naipes para seguir jugando.

Muchas cosas pueden pasar de aquí a noviembre. La referida Asamblea fue sólo una estación, ciertamente importante, pero el rito tiene más momentos. La estrategia general gira en torno dos componentes, por una parte, garantizar la unidad interna del PRI, por otra, propiciar la fragmentación de la oposición. Aún está por verse si el tricolor se mantendrá unido, no es lo mismo una vez que haya perdedores en el proceso interno. Tampoco se puede dar por hecho que no prospere un Frente Opositor. En principio, quien tomará esa decisión en apenas noventa días precisa de más elementos para sentirse cómodo.


pereawilfrido@me.com

Imprimir

Comentarios