Déjennos llorar a los muertos en paz - Marcel Sanromà | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 22 de Agosto, 2017
Déjennos llorar a los muertos en paz | La Crónica de Hoy

Déjennos llorar a los muertos en paz

Marcel Sanromà

Con el paso de los días, el dolor por los terroríficos atentados de Barcelona y Cambrils del pasado jueves ha ido disminuyendo. Quizás va más lento para los que vivimos a miles de kilómetros de nuestra ciudad, por aquello de que tenemos que pasar el duelo en soledad, rodeados de una sociedad que sigue su ritmo y pasó página en cuestión de horas. La dictadura de la normalidad y la lógica ahonda la impotencia por no poder ayudar en nada. No poder donar sangre, no poder ir a poner velas, no poder manifestarme, no poder hacer nada más que, en mi caso, escribir. Que ya es mucho.

El proceso avanza, y las sonrisas se vuelven, poco a poco, cada vez menos incómodas y más reconfortantes. El humor recupera su espacio en la rutina y la normalidad, y ya sólo los momentos de evocación del horror dejan un nudo en la garganta y esbozan una mueca de tristeza.

Sin embargo, hay algo que interfiere en el duelo; que altera el ritmo normal del proceso: La salvaje utilización política de las víctimas por parte de unos y otros. Desde hace años, Catalunya vive una lenta intentona de secesión; este atentado ocurre a escaso mes y medio del que debe ser un referéndum de independencia (unilateral, eso sí).

La tensión política del momento entre Barcelona y Madrid quedó aparcada de inmediato, superada por hechos de una transcendencia inmediata, y por la necesidad de ofrecer, como sociedad, una respuesta unitaria y dignísima. Los dirigentes españoles y catalanes se comportaron como es debido, cosa que, por desgracia y sin sorpresa, no han hecho diversos medios.

Diarios como El País o El Mundo nos hicieron despertar el viernes con editoriales absolutamente repugnantes, en los que el independentismo quedaba sutilmente señalado como un agente más en el supuesto cóctel de elementos que provocaron el atentado terrorista. Además, el propio El País y también el diario ABC distorsionaron una respuesta del presidente catalán, Carles Puigdemont, para hacerle decir que el atentado “no alterará la hoja de ruta secesionista”.

Más allá de que es absolutamente lógico pensar que el atentado no alterará la hoja de ruta secesionista porque la reacción de la sociedad nos impone recuperar la normalidad tan pronto como las emociones lo permitan, el hecho es que Puigdemont no dijo eso. Preguntado en la emisora de radio Onda Cero por si, justamente, si la hoja de ruta quedaba alterada o no, el presidente catalán contestó: “No tiene absolutamente nada que ver. Mezclar la prioridad, que es dar respuesta a la amenaza terrorista y atender a las víctimas, con otras cosas me parece miserable”. Juzguen ustedes mismos.

La miseria humana llegó al límite con el cartón que el dibujante Peridis, de conocido prestigio, publicaba ese día en El País, y donde se veía a Puigdemont volando una urna: “Nosotros seguimos con la hoja de ruta”; en tierra, una familia con brazaletes negros replicaba: “Nosotros quedamos con la hija de luto”. Rozó la inhumanidad.

Del otro lado, las redes sociales se llenaron de noticias recuperadas de archivo en las que se sugería que la policía española dejaba a la policía catalana, los Mossos d’Esquadra, fuera de los equipos conjuntos de la lucha antiterrorista en España, o les cortaba, supuestamente, el acceso a la información de Europol, la policía europea, con la finalidad de facilitar un atentado que desestabilizara Catalunya y permitiera justificar una intervención policial en las semanas previas al referéndum.

Más allá de las razones de unos y otros, más allá de cuán cierto sea que las autoridades españolas han marginado a los Mossos como castigo por el proceso soberanista, y más allá de cuán cierto sea que los políticos independentistas no fueron suficientemente claros a la hora de separar el atentado de su hoja de ruta, no es el momento de plantear debates.

Con los cuerpos todavía en las morgues, con algunas familias todavía esperando para poder enterrar a sus muertos; con las velas todavía prendidas por la llama de todas nuestras lágrimas, lo que toca es tener decencia y esperar. Este no es el momento de debates políticos. Por lo que más quieran, hagan el favor de dejarnos llorar a los muertos en paz.

marcelsanroma@gmail.com

 

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