Además de asqueroso, es peligroso - Fran Ruiz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 24 de Agosto, 2017
Además de asqueroso, es peligroso | La Crónica de Hoy

Además de asqueroso, es peligroso

Fran Ruiz

Hillary Clinton tiene razón cuando confesó esta semana, en la presentación de sus memorias sobre la dramática campaña electoral, que se le “erizó la piel” durante un debate en el que sentía el aliento en la nuca de su rival, Donald Trump. Ni siquiera ella, feminista de toda la vida, fue capaz de soportar la presencia tóxica del republicano, el mismo que se ufanaba en un video de juventud de que lo suyo era “agarrar a las mujeres por la vagina”.

Como bien dijo la demócrata, Trump es, básicamente, un personaje “asqueroso”, aunque, ahora que vive en la Casa Blanca, difícilmente podrá seguir forzando a mujeres, sin que el escándalo acabe por hundirlo (al menos Bill Clinton pidió permiso a Monica Lewinsky, que accedió encantada).

Antes, cuando Trump sólo era un magnate idiotizado por su popularidad, gracias a su show de televisión, mantenía satisfecho su gigantesco ego, intimidando a socios y rivales en los negocios, o, como él mismo confesó, metiendo mano a las mujeres, sin pedir permiso, porque él era “el jefe”.

Sin embargo, ahora que es presidente de Estados Unidos, que está en lo más alto, se está dando cuenta de que no puede satisfacer sus deseos más primitivos y vulgares como hacía antes. Peor aún, su frustración crece día a día porque se da cuenta que no puede hacer realidad sus ambiciones políticas, por culpa del “maldito” sistema de contrapesos de la democracia estadunidense, que convierte al Congreso en un poder capaz de neutralizar el suyo. Y encima va la prensa y se atreve a criticarlo y a burlarse de sus fracasos.

Si Trump fuese alguien mentalmente estable, trataría de usar su inmenso poder de presidente para imponer su agenda al Congreso, mediante la persuasión y la negociación. Sin embargo, negociar es ceder, y en su mentalidad de empresario agresivo y megalómano no cabe esa posibilidad y no está dispuesto a someterse a los otros poderes, como el Legislativo y el Judicial. Al contrario, lo que vemos es un presidente rabioso, que ataca a jueces, legisladores y peridistas porque nada sale como él quiere. Por eso admira tanto al ruso Putin o al criminal filipino Duterte, porque ellos sí pueden imponer su autoridad. Por eso Trump ataca con tanta saña a la prensa de su país, porque le recuerda que no puede comportarse como un vulgar dictadorzuelo y le recuerda que, si no alcanza un acuerdo presupuestario con el Congreso y, en consecuencia, el gobierno federal se cierra a partir del 1 de octubre, la culpa será exclusivamente suya, por su obsesión enfermiza de jugar todo su prestigio a la construcción de un muro “inmoral, costoso e inútil”.

Un día después del obsceno discurso del martes de Trump en Arizona, donde chantajeó a los congresistas, amenazando con cerrar el gobierno, si no le aprueban los 1.6 mil millones de dólares que necesita para comenzar a levantar el muro, el veterano exjefe de Inteligencia Nacional, James Clapper, declaró lo siguiente: “Trabajé para cada presidente desde John F. Kennedy hasta Barack Obama, y no sé si he escuchado y he visto algo como estoy viendo de un presidente que sea más aterrador e inquietante”, al punto, dijo, de sentir “pavor, sólo de pensar que Trump posee el mando del botón nuclear”.

No es, ni mucho menos, el único que siente pavor. Ayer mismo, una encuesta arrojó un dato revelador: El 68 por ciento de los estadunidenses teme que el comportamiento de Trump empuje al país a una guerra nuclear, como quedó patente con sus recientes amenazas a Corea del Norte. Más noticias malas para el magnate: Hasta un 71 por ciento considera que “no está preparado para dirigir el país”. Lo nunca visto.

Obviamente muchos estadunidenses opinan que Trump es el mejor presidente que podrían tener, porque anhelan el mismo país que quiere el republicano y que es, básicamente, un Estados Unidos donde “los blancos vuelvan a ser grandes de nuevo”. Ése es el mensaje subliminal que ocultaba su mensaje electoral —“Hagamos Estados Unidos grande de nuevo”—, que sigue repitiendo como si en vez de gobernar para todos fuese el candidato de un partido supremacista blanco. Sólo así se explica la tibieza del mandatario a la hora de condenar el ataque de un neonazi contra los que protestaban en Virginia contra el creciente empoderamiento de organizaciones como el Ku Klux Klan, desde que el republicano llegó al poder.

Margaret Sullivan, columnista del Washington Post, diagnosticó acertadamente lo que pasa por la mente de Trump: “Esta muerto de miedo”. Y no hay nada más peligroso que un mandatario a la defensiva y que vive atrincherado en la Casa Blanca, desde donde se dedica a atacar mediante tuits, pero también donde esconde el maletín nuclear con la clave que él sólo sabe.

 

fransink@outlook.com

 

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