El Ejército entra en escena | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 30 de Agosto, 2017

El Ejército entra en escena

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CUARTA PARTE

El 68 explicado a los jóvenes

El relato del estallido del conflicto despertó en mis alumnos gran interés y los animó a formular nuevas preguntas. Mónica preguntó:

—¿Entró la policía a la preparatoria?

—No, por el momento, al menos. Lo que la policía hizo fue establecer un cerco permanente alrededor del edificio en el que participaban varias centenas de agentes. Así transcurrió la noche. A la mañana siguiente, los periódicos informaron con grandes y escandalosos titulares de los hechos violentos del día anterior y, al unísono, repitieron la explicación que la Secretaría de Gobernación había dado. Se trataba de una “conspiración comunista” y se había comprobado que en los hechos de violencia habían tomado parte “agentes extranjeros”. Era usual, en aquellos años, que para explicar cualquier desorden se acusara a los comunistas. Recuérdese: eran tiempos de la Guerra Fría y el gobierno de México se había alineado con Estados Unidos en la lucha contra el comunismo. Pero las autoridades no se limitaron a denunciar en la prensa a los comunistas, sino que procedieron, al día siguiente, a encarcelar a un grupo importante de cabecillas del PCM. O sea que un problema mínimo, doméstico, de policía, se vio transformado de repente en un asunto político de primer relieve y, como ustedes pueden ver, la conducta del propio gobierno es lo que explica esa transformación. 

Estrada intervino aquí:

—Pero supongo que no toda la prensa se subordinaba al gobierno, ¿no es cierto?

—Pues sí, en ese momento no existía un solo periódico nacional independiente. Si ustedes examinan los diarios del sábado 27 se van a sorprender de la unanimidad que van a encontrar en ellos. Ese día se desató una campaña histérica de anticomunismo. 

—¿Y los estudiantes, maestro? ¿Qué hicieron ellos? –preguntó Bracamontes.

—Bueno, el 27 fue sábado. Casi no hubo clases, pero la reacción de indignación por los sucesos se registró desde el mismo viernes. Hubo estudiantes del Poli (Vocacional 5, Economía, Ciencias Biológicas) que regresaron a sus escuelas, después de desencadenarse la represión, y que convencieron a sus compañeros para declarar un paro de actividades en sus escuelas. En la Vocacional 5 se creó una situación similar a la de la preparatoria de la UNAM: estudiantes combatiendo desde las azoteas y cerco policiaco. Así comenzó propiamente la huelga estudiantil de 1968. En Ciudad Universitaria no hubo mucha actividad (excepto en Ciencias Políticas donde se desarrollaba  un paro con la demanda “libertad de los presos políticos”). Donde sí hubo movimiento fue en el centro, en San Ildelfonso. Durante la noche, los estudiantes (quizá unos 200) colocaron autobuses para bloquear el acceso de la policía al edificio de la prepa al estilo de las barricadas que habían construido en Paris los estudiantes de mayo. Por la mañana, hubo una asamblea en la que los estudiantes se reunieron con dos funcionarios de la UNAM para discutir la posibilidad de detener las hostilidades. No se llegó a ningún acuerdo.

—¿Porqué los estudiantes no aceptaron retirarse? –Preguntó Eliseo.

—No tengo respuesta para eso, aunque la verdad es que la actitud beligerante de ese pequeño grupo explica en gran parte el desarrollo posterior de los acontecimientos.

—¿O sea, que las autoridades no hicieron ningún esfuerzo para solucionar el conflicto?

—Al contrario, parecía que las autoridades lo que buscaban era “incendiar la pradera”. Durante años se ha especulado que esta gigantesca provocación fue armada para promover a la presidencia a Luis Echeverría. Porque hubo provocación, por ejemplo, cuando los funcionarios de la UNAM se retiraron del edificio de la preparatoria, fueron detenidos por agentes de la policía judicial y conducidos a la Procuraduría, como si fueran delincuentes. El rector de la UNAM, ingeniero Javier Barros Sierra, tuvo que intervenir personalmente para lograr su liberación. Además, ocurrieron cosas muy extrañas. En la madrugada del sábado un grupo de facinerosos, enmascarados, entró a la preparatoria y vandalizó las oficinas de la dirección de la Escuela Nacional Preparatoria. Jamás se aclaró este extraño acontecimiento.

Estrada, me interrumpió para decir:

—Pero, ¿qué podían ganar las autoridades al agravar la situación?

—No lo sé, el hecho es que el día lunes 29, la policía, en vez de retirarse del centro, lo que hizo fue suspender en tráfico de vehículos en todo el centro de la ciudad. Esta acción contribuyó, no a disminuir el problema, sino a agravarlo. Ese mismo día, la policía impidió el acceso a Ciudad Universitaria y a Zacatenco de autobuses y obligó a los estudiantes a caminar uno o dos kilómetros para llegar a clases, lo cual, naturalmente, provocó mucha irritación entre el alumnado. No obstante, esa misma mañana se celebraron las primeras asambleas estudiantiles y varias facultades universitarias (ciencias, economía, ciencias políticas y filosofía) se declararon en huelga en protesta contra la violencia policiaca. Ese mismo lunes, varias escuelas de estudios superiores del IPN se incorporaron a la huelga y hubo hechos violentos en torno a la vocacional 7, en la vocacional 5 y frente a la preparatoria 7. En San Ildelfonso, los estudiantes declararon también la huelga y, por la noche, un grupo de 300 alumnos, aproximadamente, decidió realizar una manifestación del edificio de la preparatoria al Zócalo, pero al llegar a la explanada fueron salvajemente reprimidos por la policía. El fuego de la violencia volvió a encenderse en el centro de la ciudad y, como en ocasiones anteriores, se inició un juego de gatos y ratones donde la policía avanzaba, los estudiantes retrocedían, la policía volvía a atacar, los estudiantes escapaban, etc. (los estudiantes agredían con piedras y bombas molotov que eran botellas con gasolina y la policía contratacaba con gases y macanas). Pero todo permanecía en la incertidumbre, no estaba claro a dónde se iba a llegar.

—Pero tuvo que darse una solución, ¿no? –dijo Estrada.

—Sí, y la solución fue sorpresiva para todos. Después de las 12 horas los granaderos se retiraron. Hubo una pausa. Media hora después aparecieron numerosos contingentes de soldados con tanques, jeeps, ametralladoras y cañones que, sin miramientos, destruyeron el portón principal de la preparatoria (con un tiro de bazuca), se apoderaron del edificio y capturaron a un puñado de estudiantes que se encontraba en el interior –la mayoría heridos. Una operación semejante se realizó en la vocacional 5 y en la preparatoria 5 cuyos estudiantes, hasta ese momento, no habían tenido ninguna participación en los disturbios. La policía, por su parte, tendió un cerco en torno a Ciudad Universitaria y en torno a Zacatenco. Al día siguiente, la ciudad entera parecía estar en estado de sitio.

—Maestro, pero meter al ejército fue algo exagerado –dijo Mireia.

—Evidentemente, la intervención militar hacía pensar al público que algo grave, muy grave, estaba ocurriendo en la ciudad. Fue algo desproporcionado y absurdo. Cabe preguntarse: ¿quién tomó la decisión sobre esa intervención? No se puede movilizar al ejército sin autorización del Presidente de la República —Gustavo Díaz Ordaz—, pero el Presidente había salido el día anterior en viaje por Jalisco, de modo que la responsabilidad recayó en el segundo de abordo, es decir, el secretario de Gobernación, Luis Echeverría. No obstante, la Secretaría de la Defensa declaró esa misma madrugada que la tropa había intervenido a solicitud del regente de la ciudad, general Alfonso Corona del Rosal. Este militar dijo, horas más tarde, que los hechos de violencia eran parte de “un plan de agitación perfectamente planeado”. Por su parte, Luis Echeverría declaró que los que se buscaba con la acción de la tropa era “preservar la autonomía universitaria” y, agregó, “México se esfuerza por preservar un régimen de libertades que difícilmente se encuentra en otro país”.

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