Costosa partidocracia - Aurelio Ramos Méndez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 26 de Agosto, 2017
Costosa partidocracia | La Crónica de Hoy

Costosa partidocracia

Aurelio Ramos Méndez

Suena duro, pero es verdad. Los partidos políticos, todos, se revelaron esta semana como verdaderas bandas de delincuencia organizada. Mas —ya lo dice el refrán—, no tiene la culpa el indio… En gran parte la tiene el INE.

Responsables directos de los abusos de las formaciones políticas son los once consejeros electorales, encabezados por Lorenzo Córdova, quienes por estos días gestionan la friolera de ¡25 mil millones de pesos! de presupuesto electoral para 2018.

En honor a la verdad, ellos —y quienes les antecedieron en las diversas etapas del metamorfoseado IFE—, han empoderado esos institutos políticos a base de consentir cuanta anomalía o ilegalidad éstos han cometido.

Han contribuido así los consejeros a forja no un sistema de partidos serio y digno de este nombre, sino un conjunto de organizaciones corruptas, irresponsables, intocables y envalentonadas, que ha copado todos los ámbitos de la vida pública. Genuinas asociaciones para delinquir.

Cebados en oro durante lustros y solazándose en la impunidad, los institutos políticos han configurado una partidocracia que tiene prendidos de su parte más vulnerable aun a los más altos integrantes del gobierno.

Esa partidocracia determina acciones del Ejecutivo federal, domina en el Legislativo, influye en toda suerte de entidades públicas, apabulla gobiernos estatales y es la que parte el queso en las instituciones dizque ciudadanizadas, en especial el INE y los demás organismos electorales.

Los partidos, es cierto, son imprescindibles, altamente útiles en una democracia; instancias de interés público necesarias para hacer realidad la participación de los ciudadanos en la vida política.

En nuestro medio, sin embargo, a fuerza de impunidad, derroches y excesos sin fin, esas agrupaciones se han tornado perniciosas, de muy discutible beneficio para la democracia.

Por el INE —¡eureka!— los mexicanos nos enteramos esta semana de que los  partidos —quienes los mangonean— adulteraron sus padrones inscribiendo incluso a muertos y fantasmas.

Una cuarta parte de los casi 20 millones de inscritos en las nóminas de las nueve formaciones estaba compuesta por electores duplicados o que no existen en el registro nacional, dobletean militancia en distintos membretes, tienen derechos suspendidos por sentencia judicial, han fallecido o sencillamente no militan.

Nos enteramos, además, de que en el proceso electoral 2018 los partidos se alzarán con casi 7 mil millones de pesos de presupuesto federal, más otro tanto que recibirán en los estados, la propaganda sin desembolso en radio y televisión y el regio pilón del pase de charola a sus simpatizantes.

Estamos hablando, en cifras conservadoras, de un pastel de 15 mil millones de pesos, que escandaliza e indigna aun a quienes ya tuvieron responsabilidad —aunque hicieron poco o nada—, en la fiscalización de los partidos. Por ejemplo, Mauricio Merino, integrante del IFE de 1996 a 2003, quien considera “infame” el gasto para 2018.

Ante el descomunal monto proyectado de recursos para esos organismos, legisladores, académicos, dirigentes sociales y —ver para creer— hasta dirigentes partidistas, han reaccionan con irritación, como si se tratara de un problema reciente, cuando es de muy vieja data.

Hay quienes pretenden hacernos creer que no han leído periódicos en décadas, porque fingen ignorar que en el Congreso se hallan, congeladas, ¡20 iniciativas! orientadas a alzarles la canasta a los institutos políticos. Iniciativas que no prosperan por una sencilla razón: están en manos de los partidos.

Vale recordar en este punto que ya hace dos décadas de la bufonada de Felipe Calderón devolviendo, por única vez, cheques destinados al PAN, supuestamente porque consideraba el financiamiento público “un exceso”, además de “una ofensa para los millones de mexicanos que viven en la miseria”.

Exceso y ofensa de los cuales Calderón se olvidó tan pronto le tomó gusto al dinero de todos. Posteriormente, desde el más alto cargo de gobierno nacional, no movió ni un dedo para poner coto al indecente costo de nuestra democracia. Y el PAN es hoy emblema de corrupción: el INE le cercenó ¡46 por ciento de su padrón! debido a ilegalidades en la matrícula.

Además de adulterar padrones y administrar sus prerrogativas con opacidad, los partidos reciben dinero de origen desconocido, hacen trizas sus declaraciones de principios mediante alianzas que el INE avala sin chistar; modifican sus estatutos a la hora que quieren, ya sea para abrirse o cerrarse a los ciudadanos y decantarse, según convenga, a la izquierda o la derecha.

Más todavía aún. Los partidos hacen polvo su democracia interna con la elección de candidatos a dedazo limpio, burlan las prohibiciones sobre propaganda, y cometen toda suerte de irregularidades en las votaciones, incluidas la más primitiva quema de documentación y de casillas.

No seamos ingenuos. Los partidos hacen lo que quieren porque la autoridad, el INE, se los permite.

A cada anuncio anual de asignación de prerrogativas se alzan voces condenando el derroche; pero, a la vez, apostándole a que con el paso del tiempo todo se olvida. Tal como esta vez hicieron Francisco Búrquez, Roberto Gil Zuarth, César Camacho y hasta Ricardo Anaya y Margarita Zavala.

De los consejeros electorales, año con año, ni la menor crítica; jamás una reconvención, ni el más tenue pronunciamiento político, ni un suave tirón de orejas. Las multas en montos realmente ejemplares son una extravagancia. Los consejeros suelen no ver las monumentales fechorías de los partidos.

De manera excepcional, esta vez, dada la dimensión del pastel y la previsible reacción del respetable, los integrantes del Consejo General del INE se rasgaron las vestiduras, fingieron indignarse con su propia aberración y deslizaron observaciones que a la luz de la realidad resultan inverosímiles, suaves como un bálsamo.

Defensores del INE se dicen preocupados porque la crítica debilita al árbitro electoral cuando éste necesita más fortaleza. Justifican la explicación de Córdova consistente en que el monto es alto pero no una cifra arbitraria, sino resultado de una fórmula de cálculo fijada por consenso —de los partidos, obvio— en la Constitución y las leyes. Como quien dice: “¡Ni modo! Estamos  ante una fatalidad frente a la cual no queda más que resignarse”.

También afirman esos valedores que el INE necesita muchos recursos —¡18 mil millones para gastos de operación el próximo año!— porque tiene un extenso prontuario de responsabilidades; pero que la principal, contar uno más uno los votos, lo hace de manera impecable. Sólo eso faltaba.

En todo caso, es falso que nada ya se puede hacer ante la desmesurada solicitud de dinero.

Los consejeros a quienes les debemos la obscena solicitud de gasto, además de Córdova, son Enrique Andrade, Marco Antonio Baños, Adriana Favela, Ciro Murayama, Benito Nacif, Dania Ravel, Jaime Rivera, Roberto Ruiz, Pamela San Martín y Beatriz Zavala Pérez. Todos tienen aún oportunidad de demostrar que no son marionetas de los partidos.

Están a tiempo de convocar el respaldo ciudadano y encabezar protestas enérgicas y suficientemente ruidosas ante el Congreso, con miras a frustrar o al menos podar su propia, desmedida petición.

aureramos@cronica.com.mx

 

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