“Solamente la educación salvará Cuatro Ciénegas”: Valeria Souza | La Crónica de Hoy
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“Solamente la educación salvará Cuatro Ciénegas”: Valeria Souza

Los microorganismos que viven en sus pozas han sobrevivido a cinco grandes extinciones, pero no están a salvo de la sexta, causada por los seres humanos: Valeria Souza

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Cuatro Ciénegas, Coahuila, es un lugar único en la Tierra. Sus pozas multicolores conservan los mismos microorganismos de un mar primitivo que existió hace miles de millones de años y son clave para comprender el origen y la evolución de la vida en el planeta.

La existencia de esta máquina del tiempo natural, que sobrevivió a cambios climáticos globales, eras glaciales y cinco extinciones masivas, está en peligro por el modelo ineficiente de agricultura en la zona y “solamente la educación puede salvar este paraíso”, expresó Valeria Souza, investigadora del Instituto de Ecología de la UNAM.

La estrategia decisiva es involucrar a la población en la conservación del sitio, sin comprometer sus aspiraciones de desarrollo. En este rubro, es crucial impartir contenidos educativos en materia ambiental desde los niveles educativos básicos.

Tenemos que reemplazar el esquema agrícola que presiona la disponibilidad de agua en la región y modificar la relación de los habitantes con su entorno, para conservar la riqueza de esta reserva natural, refirió la universitaria, principal investigadora en el país que ha estudiado las fosas del sitio, que preservan los secretos del origen de la vida en la Tierra.

PARAÍSO PERDIDO. En un mapa, Cuatro Ciénegas aparece como una “mariposa blanca” en la mitad de la nada, con una enorme diversidad biológica, a pesar de carecer de dos elementos esenciales: el fósforo y el hierro.

Desde hace más de una década, Souza analiza los microorganismos en pozas que son “frasquitos de evolución”. En conjunto con Luis Eguiarte, también del Instituto de Ecología, realizó un proyecto de la NASA orientado al estudio de bacterias.

La investigadora expuso que hace más de tres mil millones de años, el sitio fue un mar primigenio, rico en azufre y pobre en nutrientes, donde evolucionaron estromatolitos, la evidencia más antigua de vida terrestre.

Es el único lugar del mundo donde no sólo sobreviven, sino coexisten con peces, tortugas, libélulas, 400 tipos de arañas, y diatomeas que no aparecen en el registro fósil en ningún otro sitio, destacó.

“En Cuatro Ciénegas tenemos la evidencia de cómo se armó el reloj de la vida. Burbuja por burbuja, bacterias convirtieron el planeta en azul. Sobrevivieron a cinco grandes extinciones, pero no están a salvo de la sexta, provocada por los seres humanos”.

La investigadora, adscrita al Departamento de Ecología Evolutiva del Instituto de Ecología, explicó que el ecosistema, imbatible frente a glaciaciones y extinciones en masa, es devastado por la extracción de agua para regar cultivos de alfalfa a 80 kilómetros de la reserva.

En verano, cuando la temperatura en el desierto chihuahuense alcanza 50 grados, los campos son inundados, y el 90 por ciento del líquido se evapora antes de que llegue a la planta. Los canales drenan el corazón de Cuatro Ciénegas, advirtió.

“La mayoría de los agricultores comprenden la necesidad de cambiar sus prácticas agrícolas y quieren vender sus tierras porque obtienen ganancias mínimas de las cosechas, además de que están conscientes de que sus acciones pueden acabar con el ecosistema”.

Además de proponer nuevos cultivos como el nopal, que garantiza un ahorro del 100 por ciento de agua, se requiere promover la educación ambiental desde niveles básicos, recomendó la académica galardonada con el Premio Nacional de Conservación en 2006 y con el Premio VW Por amor al planeta, en 2010.

Como ejemplo, compartió la experiencia de los niños que tomaron el primer curso de este tipo en la zona, hace más de una década. “Ahora están en el nivel medio superior y mantienen un Laboratorio de Biología Molecular. Hoy son los agentes de cambio de su comunidad y sus actividades demuestran que se puede tener un país sustentable con educación”.

Para garantizar la conservación del espacio, la experta recomendó adquirir los derechos de agua del sitio, fórmula comprobada en el Rancho de Pozas Azules.

Además, construir un museo para explicar el origen de la vida en la Tierra a los visitantes y una estación de campo para desarrollar tecnología propia a partir de estudios moleculares, a manera de un Silicon Valley de la biotecnología mundial. “Todo esto será posible si transformamos conciencias”. (Retomado de Gaceta UNAM)

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