“Para que el ballet afecte la vida del espectador, hay que ser honesto”: Isaac Hernández | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 27 de Agosto, 2017

“Para que el ballet afecte la vida del espectador, hay que ser honesto”: Isaac Hernández

Entrevista. Isaac Hernández, bailarín del English National Ballet, quien presentó hace algunas semanas el espectáculo Despertares, señala a Crónica que su propósito es mantener su nivel de danza, continuar con el proyecto, pero además convertirse en abogado y diplomático

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Futuro abogado, maniático, disciplinado, consciente de las decisiones que ha tomado, apasionado por la historia mundial, amante de exponentes del jazz como Nina Simone, Roberta Flack, Aretha Franklin y Diana Krall, son algunas de las características a las que Isaac Hernández recurre para describirse.

Todo ha sido parte de un proceso que aún no termina, señala el bailarín que comenzó su carrera desde temprana edad, cuando su papá colocó una barra en el patio de su casa.

El primer bailarín del English National Ballet señala que, para hablar de su historia, es necesario iniciar por sus padres, Héctor Hernández y Laura Fernández. “Mi papá nació en Monterrey, era de familia de arquitectos, su papá estaba negado a que bailara ballet. Mi abuelo murió cuando mi papá tenía 15 años, por lo que se vino a la Ciudad de México a estudiar danza, encontró la oportunidad de irse a New York por 14 años hasta que regresó a causa de una lesión”.

Héctor Hernández inició una escuela en Monterrey, donde conoció a Laura Fernández, con quien procreó 11 hijos. La familia se fue a Guadalajara, de donde es la exbailarina: “Teníamos pocos recursos, no había posibilidad de algún hobby o una formación más común. Mi papá siempre tuvo sus cuestionamientos sobre el sistema educativo, por lo que decidieron que nos iban a educar en casa, como complemento nos ofrecían el ballet para que nos acercáramos a la música clásica, a la disciplina y a los principios que se aprenden con deportes de alto rendimiento”.

Isaac es el séptimo de los hermanos que también practicaban karate, deporte que, consideraba, era su prioridad, al grado de obtener cinta roja, sin embargo, lo dejó a los 15 años para dedicarse por completo a la danza. “Mi papá creía que sólo valía la pena el ballet si lo tomabas con la meta de ser uno de los mejores bailarines del mundo”.

El karate y la danza parecían ser la combinación perfecta, pero “las mecánicas” que Isaac encontró en la danza lo hicieron optar por el ballet, disciplina con la que desde antes de los 10 años comenzó a competir.

“Esteban (hermano de Isaac y actual bailarín solista del Ballet de San Francisco) se unió también a las clases, él comenzó a hacer lo mismo que yo, pero a más temprana edad, así hicimos del ballet una manera de vivir la vida”.

Isaac recuerda que el acercamiento a la cultura no sólo se dio con el ballet, pues sus padres les enseñaron a tocar el piano o la guitarra, sin embargo, el bailarín tuvo una mala experiencia:

“Abríamos el portón del jardín de la casa, sacábamos el piano. Un día tuve un recital y se me olvidó la pieza, volvía a empezar y me quedé en el mismo lugar una y otra vez. Me paré, di las gracias y nunca más volví a tocar el piano. Ahora es una de las cosas que lamento. Siento la música y la entiendo de una manera muy particular, puedo sentir y encontrar diferentes musicalidades dentro de una misma música”.

Un maestro de karate lo invitó a dejar el ballet, pero “entendí que el ballet podía ser más que una ejecución”. Mientras seguía su formación como bailarín, la educación básica se daba en casa y con el sistema abierto. “Era muy malo en matemáticas, me gusta mucho la historia mundial, porque veo cómo los ciclos se siguen repitiendo. Dicen que el que no conoce su historia, está condenado a repetirla”.

CDMX. Con tan solo 11 años, Isaac Hernández viajó a la capital del país para trabajar con algunos coreógrafos y prepararse para algunas competencias, por ello, pidió en la Compañía Nacional de Danza que le permitieran tomar algunas clases, lo cual fue reprochado por algunos bailarines profesionales.

El bailarín Jaime Vargas lo arropó en todas las clases, pero dos años más tarde Isaac emprendió otra aventura, ahora en el extranjero. A los 13 años, junto a su hermana Emilia, se fue a Filadelfia.

“Cuando no tienes edad, tienes cierta ingenuidad, no tienes conciencia de la gravedad e importancia de las decisiones que tomas. Ahora no sé si tomaría esas decisiones, hasta cierto punto me alimentó un sentimiento de propósito, sentía que tenía que hacer algo en el ballet, tal vez vino de mi papá que siempre dijo: ‘A través de la cultura y de la danza podrás hacer algo importante con tu vida’. Cuando me fui a Filadelfia lo pensé como un viaje y sigo en ese viaje, todavía no he regresado a casa”.

ESTILO. A los 20 años, con el Ballet de San Francisco, Isaac interpretó a Franz, personaje principal del ballet Coppelia, rol que considera complicado y con el que este año se presentó por segunda ocasión en Tokyo.

“Fueron versiones distintas, pero es el mismo personaje. He llegado a un buen entendimiento de quién soy y de quién quiero ser como persona, como bailarín, de lo que quiero y no quiero hacer, he sido bastante crítico con mis decisiones artísticas y he tratado de ser honesto con ellas. Para que el ballet trascienda y afecte la vida de las personas que lo están viendo, tienes que ser honesto”.

Francia, Rusia, Estados Unidos, Inglaterra y Japón son algunos de los países en los que el bailarín mexicano se ha presentado. Luego de tantos lugares, ¿cómo unificar un estilo?

“Mi papá me enseñó la técnica clásica, pero me dio la libertad de no tener un estilo en particular, así quedé en libertad de hacer uno propio y encontrarme como artista e intérprete. Esto me permitió bailar en varios lugares, algo que muy pocos bailarines pueden hacer hoy en día, porque han pertenecido a este sistema de formación que les hace tener una identidad muy definida. Lo agradezco porque puedo trabajar con un coreógrafo como Akram Kahn, que su especialidad es el Kathak, y al mismo tiempo hacer algo clásico, como Don Quijote, que haré en Roma en noviembre”.

PERSONALIDAD. Isaac Hernández considera complicado hacer evaluaciones sobre cómo definirse, aunque, dice, encuentra rasgos en su personalidad, mismos que lo han ayudado a tomar decisiones.

“Soy una persona ambiciosa que tiene una visión muy amplia sobre la vida, una persona extremadamente disciplinada en todo lo que hago. No sé cómo me recordará la gente o si realmente me van a recordar. Al final de mi vida quiero saber que lo que hice valió la pena, que todo lo que viví no fue en vano”.

Además de su ambición, el artista sostiene que es “un poco maniático”, pues en su profesión cada error queda al descubierto casi de manera automática. “Trato de adivinar consecuencias, sobre todo de ver el pasado para entender el futuro. Observo e imagino realidades alternas y paralelas. Siempre he sido muy consciente de los riesgos que tenía al dejar una compañía, al mismo tiempo consciente de los riesgos que implicaba quedarme en una. Soy un poco calculador, frío, se debe de ser así para poder tomar una decisión a los 13 años como con la decisión que tomé. A esa frialdad la llamo más conciencia sobre el paso del tiempo y la misión que quiero cumplir en mi vida y carrera”.

Hernández declara que no imaginaba llegar al lugar donde se encuentra, aspecto que lo motiva a continuar, pues no aprovechar las posibilidades, le da miedo.

“Muchas veces cuando llegas hacer algo que has querido hacer toda la vida, te enteras de que no te hace feliz, que esa visión que has tenido durante tanto tiempo no es la adecuada para ti. Supongo que ahí es donde entra mi frialdad para poder dejar un sueño atrás y tomar  una decisión”.

CRÍTICA. Los comentarios positivos para Isaac Hernández no han parado desde el inicio de su carrera, tanto a nivel internacional como nacional. ¿Qué papel ocupa la crítica en tu vida?

“Todo es muy subjetivo. El arte es apreciado de diferentes maneras por cada persona. Es muy ingenuo creer en el cien por ciento de la crítica, me importa la opinión de un crítico como la de una persona que pagó su boleto para verme. Mi trabajo es que queden satisfechos, sabiendo que fui honesto, que di lo mejor de mí artística y físicamente”.

—¿Cómo llegaste a esa conclusión?

Nada en esta vida es definitivo o tiene que ser de una manera precisa, que una persona decida tu manera de ver la danza, de bailar o de presentarse en el escenario, me parece una realidad inexistente. Si basas tu desarrollo en la opinión de una persona, entonces serás incapaz de juzgarte a ti mismo.

FUTURO. El porvenir  para Isaac Hernández es algo importante, no sólo el suyo, sino el del mundo en general, por lo que a pesar de estar en el extranjero, dice estar informado sobre los feminicidios, la corrupción y la violencia mexicana.

“Estoy lo suficientemente informado para preocuparme, pero no tanto como para tener una solución o una opinión válida sobre la realidad en México. Es preocupante la situación, he vivido en diferentes países, pero procuro estar informado sobre México, sobre nuestra sociedad y hacia dónde estamos llevando nuestro mundo, para saber si nuestras prioridades están formando un tejido social más fuerte. Son realidades que no se pueden ignorar”.

Con respecto al futuro, el bailarín externa su preocupación por las generaciones venideras, pues lo importante es dar a conocer el trabajo de los mexicanos y así incorporar a los niños y niñas en otras actividades:

“Somos un país de jóvenes y ése es un privilegio en este mundo, tenemos una población que está envejeciendo a un ritmo mucho mayor del que está naciendo. Un país que tiene juventud es un país privilegiado”.

Isaac no sabe qué le falta por hacer, lo que llegue “será un gran regalo. Nunca creí poder estar en el Auditorio Nacional bailando ballet con bailarines de grandes compañías. Sé lo suficiente para entender que las posibilidades son ilimitadas, me da miedo saber que hay tantas posibilidades y no lograrlas, por comodidad o por conformidad”.

El 12 de agosto, Isaac Hernández presentó Despertares en el Auditorio Nacional, espectáculo de danza con el que logró abarrotar el Coloso de Reforma por más de tres horas. Su iniciativa surgió para programar contenido cultural, actividad en la que desea continuar, por lo que estudia leyes de forma virtual.

“Me gustaría estar al frente de un recinto como el Teatro de Sadler’s Well (Inglaterra), que programa todo tipo de danza. Ahora estudio el segundo semestre de leyes. Somos capaces de lograr más de una profesión, cuando decides especializarte, le das cierta tranquilidad a tu mente, es una manera más sencilla de conformarte”.

El futuro abogado declinó a la invitación de estudiar psicología deportiva, pues “es algo que llevo experimentando desde el principio. Elegí leyes porque si tengo la visión de dirigir un teatro, producir, incidir en la infraestructura de la educación cultural, va a ser importante tener esta formación”.

Isaac Hernández concluye que es imposible arrepentirse de algo, su único propósito es mantener su nivel de danza, continuar con Despertares y convertirse en abogado y diplomático. “Me gustaría representar a México en uno de los países en los que he vivido. Además, he colaborado con The Economist, lado que me gustaría explorar más”.

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