El maratón de la política - Víctor Hugo Romo Guerra | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 28 de Agosto, 2017
El maratón de la política | La Crónica de Hoy

El maratón de la política

Víctor Hugo Romo Guerra

La coincidencia de los tiempos preelectorales que vivimos, con la edición 35 del Maratón de la Ciudad de México, me confirmó que la política es un símil de esta prueba reina de resistencia atlética.
En esta justa deportiva local, internacionalizada hace años, participamos ayer unos 40 mil corredores entre amateurs y profesionales, pero como en la política, por múltiples causas no todos lograron cubrir la distancia oficial de 42 kilómetros195 metros, para alcanzar la meta.

La primera analogía es que en política no se trata de una carrera de velocidad, sino de resistencia, como en un maratón.

La preparación permite ir superando etapas, ya que  es imposible culminar una competencia de este calibre sin antes haber completado varias metas, siempre de menos a más, como en la política.

Similar a la política, en un maratón debe prevalecer la inteligencia, traducida en cálculo y estrategia, o es imposible llegar a la meta.

Corrí mi primer maratón a los 17 años y, con el de ayer, sumé 11 maratones completos, 35 medios maratones y más de 150 carreras oficiales en 23 años de practicar el atletismo, disciplina que mi madre generosamente me inculcó porque fue velocista y representó
 a nuestro país en la Olimpiada de México 68.

Comento esto porque, aunque el político y el maratonista sumen pasión, entusiasmo, capacidad, entrenamiento, disciplina, vocación, experiencia y se preparen física, mental y emocionalmente, cumplir al cien con los requisitos no garantiza llegar a la meta.

En un maratón, como en una campaña electoral, influyen factores coyunturales inesperados, situaciones imponderables ajenas y externas a la voluntad del corredor, similares a las que enfrenta un político.

El maratonista puede ser afectado por un cambio de clima extremo el día de la carrera; una lesión, un accidente como un tropezón, un tirón, un aventón o “una piedra en el camino” pueden impedir un final feliz.

Al igual el político: en la recta final de su campaña; puede cometer un exabrupto; tomar una ruta equivocada, emitir una declaración desafortunada, perder el control en un debate; padecer una campaña calumniosa y hasta ser víctima de un atentado.

Como en la política, el maratonista requiere nutrirse, fortalecerse para resistir, pero también necesita conocer el terreno, coucheo e hidratación permanente para emprender la carrera.

No obstante, es curioso que siendo tan duro, exigente y sacrificado correr un maratón, igual que aventurarse en una carrera política, quienes lo prueban se preparan para la etapa siguiente.

Es probable que la prueba reina de la resistencia atlética sea adictiva, porque nos enseña a seguir adelante cuando la adversidad nos agobia y sólo pensamos en parar.

Lo que puedo transmitirles es que cruzar cada meta es sinónimo de confianza, certeza y progreso. Y lo deseable sería que todos los políticos asuman su profesión como se concebía en la antigua Grecia, donde nació el maratón, como un instrumento esencial para hacer el bien común y buscar el bienestar público, no el privado ni el de un grupo privilegiado.

 

*Diputado por Miguel Hidalgo

 

Imprimir

Comentarios