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Un punto para terminar con dos décadas de frustraciones

¿Que veinte años no es nada?... Los aficionados al futbol mexicano no creo que piensen lo mismo. Fue hace dos décadas la última vez que la Selección Mexicana pudo presumir de ser la campeona del Hexagonal Final de la Concacaf; sin embargo, debido a que el equipo que comandaba Bora Milutinovic “jugaba feo”, el técnico serbio fue cesado y su lugar ocupado por Manuel Lapuente.

México fue mejor que Estados Unidos y Jamaica, quienes ocuparon las posiciones 2 y 3 de la eliminatoria y que de esa forma acompañaron al Tri al Mundial de Francia 98. El cuadro nacional terminó con 18 puntos, invicto, con una diferencia de goles de +16, y fue la última vez antes del partido de este Hexagonal que no enfrentó a Estados Unidos en Columbus y más aún, que no saliera derrotado, pues en las siguientes cuatro visitas jugó en la capital del Estado de Ohio y en todas ellas cayó con idéntico marcador de 2 a 0.

La espera ha sido larga y penosa. México estuvo al borde de la eliminación en tres de las siguientes cuatro eliminatorias, en dos fue rescatado por Javier Aguirre, 2002 y 2010, y en la otra por Miguel Herrera, y sólo una no estuvo cargada de esa dosis de sufrimiento cuando Ricardo La Volpe cumplió con su palabra de calificar “caminando” al Mundial de Alemania 2006.

De hecho, lo conseguido por Bora y La Volpe, fue la excepción a la regla, pues aún con Miguel Mejía Barón rumbo a Estados Unidos 94, eliminatoria en la que se entregó un sólo boleto pues la Concacaf organizó la Fase Final del Mundial, sólo se otorgó un lugar más al área de Norte, Centroamérica y el Caribe, y se obtuvo al borde del infarto en el último juego ante Canadá en Toronto el 9 de mayo de 1993.

En esos días las victorias aún valían dos puntos y el Tri comandaba el cuadrangular final con 8 unidades por 7 de los canadienses, habiendo perdido el primer duelo de la fase final en el Estadio Cuscatlán ante El Salvador con marcador de 2 goles a 1.

POR LA RUTA DEL SUFRIMIENTO. La nueva era del futbol mexicano no ha sido fácil, por más que el Tri acumule ya seis calificaciones consecutivas y en todas y cada una de ellas haya avanzado a la ronda de los octavos de final.

México inició la década de los 90 del siglo XX tratando de olvidar que entre 1970 y 1990 sólo hubo humillaciones. Goleado por Italia 4-1 en el Mundial de 1970 cuando no tuvo que jugar la eliminatoria y cayó en los cuartos de final. Luego, eliminado en el Premundial de Puerto Príncipe en 1973, último lugar en Argentina 78, eliminado en el Premundial de Tegucigalpa en 1981, un boleto de obsequio al entrar de relevo en el lugar de Colombia para organizar el Mundial en 1986 y luego la vergonzosa descalificación por el asunto de los cachirules que nos dejó sin posibilidad de jugar la eliminatoria rumbo a Italia 90.

Aun así y con la influencia de Cesar Luis Menotti que jugó la primera fase eliminatoria del Tri rumbo a Estados Unidos 94, Miguel Mejía Barón tomó al equipo nacional y lo llevó a dominar la Concacaf, ganando la Copa Oro, obteniendo el subcampeonato de la Copa América y avanzando por vez primera a la segunda ronda en un Mundial fuera de casa.

Considerando que la eliminatoria terminó en mayo del 93, las participaciones en la Copa Oro y la Copa América fueron la gran oportunidad de que el equipo nacional llegara con una de las mejores preparaciones que se hubieran tenido previo a un Mundial, sumando además, duelos amistosos ante equipos europeos como Bulgaria (que luego nos eliminaría en el Estadio de los Gigantes), Suiza, Rusia, Suecia e Irlanda del Norte.

México ganó aquella eliminatoria hasta el último momento, pues el Tri perdía 1-0 cuando Hugo Sánchez logró el gol del empate que ponía al cuadro nacional en el Mundial, antes de que al minuto 86, Francisco Javier “El Abuelo” lograra el gol de la victoria.

LA ÚLTIMA VEZ… Miguel Mejía Barón dejó al equipo mexicano tras ser eliminado en penaltis por Estados Unidos en la Copa América en Uruguay en 1995. Su lugar fue tomado por Bora Milutinovic, quien ya había dirigido al Tri en México 86. Había sido la continuación de “los malditos penales” tras la caída ante Bulgaria.

México ganó la Copa Oro ante Brasil en 1996, pero en la primera ronda de las eliminatorias fue superado por Jamaica ante quien cayó 1-0 en el último partido de esa ronda grupal, agregando que previamente había sido derrotado por Honduras; sin embargo, tanto jamaicanos como mexicanos avanzaron al Hexagonal Final.

El equipo de Bora fue el mejor de la eliminatoria, se mantuvo siempre como líder exceptuando la séptima fecha, cuando fue desplazado precisamente por los jamaicanos que aprovecharon que México había sumado dos empates, ante Costa Rica en San José y ante Estados Unidos en Foxboro, encuentros que se adelantaron para permitir la participación del Tri en la Copa América en Bolivia.

El equipo de Bora, sin embargo, no le gustaba a los directivos del futbol mexicano. Tras derrotar a El Salvador de manera contundente en el Estadio Azteca al son de 5-0, algo pasó al interior del grupo, que no pudo ganar ninguno de sus últimos tres partidos. Empató a dos con Canadá, a tres con Costa Rica y a cero ante Jamaica.

El Tri acabó invicto, pero sólo cuatro fueron victorias y el resto fueron seis empates. Poco espectacular, pero efectivo, el equipo de Bora regaló a los aficionados mexicanos por última vez la satisfacción de ser “el mejor” de la eliminatoria de la Concacaf, aunque queden dudas y amargos recuerdos de aquella conquista hace 20 años.

SIN DISTANCIAS DE POR MEDIO. A partir de la siguiente eliminatoria, volvió a quedar de manifiesto que si alguna vez hubo distancias con los equipos de la zona, fue hace muchos años, cuando el Tri jugaba casi todos sus partidos en territorio nacional, debido a que sus rivales no tenían ni siquiera instalaciones de mediano nivel para albergar partidos eliminatorios, y, más aún, se trataba en su mayoría de equipos improvisados con poca experiencia. Sin embargo, esa distancia desapareció casi inmediatamente, apenas el Tri tuvo que empezar a visitar a sus rivales conforme fue cambiando el formato eliminatorio y la FIFA intervino para hacer más justa la competencia.

La profunda rivalidad generada por un sentimiento de inferioridad particularmente con las selecciones de Centroamérica como El Salvador, Honduras y Costa Rica y más recientemente con Panamá y con el crecimiento experimentado de forma exponencial por Estados Unidos, empezó a poner al Tri contra las cuerdas.

Para la Copa Mundial del 2002, el equipo comandado por Enrique Meza, no pudo ganar y fue superado por Trinidad y Tobago, aun cuando consiguió dos espectaculares golizas ante los propios trinitarios a los que endilgó siete goles, (7-1) los únicos que admitieron los caribeños, y ante Panamá también con score de 7-0.

Pero esa goleada ante los caribeños fue el principio del fin para la Era Meza, pues Ansil Elcock le reventó la rodilla a Cuauhtémoc Blanco, y sin su principal figura, el equipo mexicano naufragó en el Hexagonal Final, sufriendo además, el primer aztecazo de su historia el 16 de de junio de 2001 ante Costa Rica con marcador de dos goles a uno. Una derrota más, esta ante Honduras en San Pedro Sula provocó la salida del “Profe”, y la primera llamada de emergencia a Javier Aguirre quien al obtener cuatro victorias y un empate sumo 13 puntos que le permitieron al Tri volver a la vida y obtener el boleto.

Tras el paso de La Volpe y su exitoso proceso, las cosas en el equipo mexicano nunca han vuelto a ser sencillas. Dos eliminatorias complicadas, técnicos sin cumplir su proceso completo, nombres famosos y otros no tanto. Fallas y muchas vicisitudes…

Desde Hugo Sánchez y Sven Goran Eriksson, pasando de nuevo por Javier Aguirre, hasta José Manuel de la Torre, Víctor Manuel Vucetich y Miguel Herrera, para desembocar en el proceso de Juan Carlos Osorio a quien parece que se le cumplirá sueño que otros no pudieron de completar un ciclo completo al frente del equipo mexicano, aunque realmente haya sido en calidad de relevo de Herrera tras su incidente después de ganar la Copa Oro hace dos años.

EN BUSCA DE LA PERFECCIÓN. A pesar de que los números de Osorio lo avalan de manera positiva en casi todo, por sus victorias en San Pedro Sula, Honduras; en Vancouver ante Canadá; en el Cuscatlán ante El Salvador y en Columbus ante Estados Unidos, el 7-0 ante Chile y la deshonrosa eliminación ante Panamá en la Copa Oro este verano, lo han vuelto el centro de las críticas de forma permanente.

Más aún, lo sucedido en la Copa Confederaciones, donde su evidente necedad de seguir cambiando a los jugadores de sus posiciones habituales le costó al Tri perder dos partidos que no debía, ante Alemania y Portugal, lo dejaron en una posición delicada ante la crítica.

Sin embargo, si el viernes ante Panamá consigue la victoria, como debería de ocurrir, el boleto a Rusia estará en su bolsillo y tal vez a regañadientes, pero los aficionados tendrán que aceptar que cumplió con la misión para la cual fue contratado: Calificar al Mundial del año próximo. Lo demás, como dijera en sus célebres discursos el desaparecido actor Arturo de Córdoba, no tiene la menor importancia…

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