¿Quién ganó y quién perdió con la reforma de telecomunicaciones y radiodifusión en México? - Voces de la UAM | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 31 de Agosto, 2017
¿Quién ganó y quién perdió con la reforma de telecomunicaciones y radiodifusión en México? | La Crónica de Hoy

¿Quién ganó y quién perdió con la reforma de telecomunicaciones y radiodifusión en México?

Voces de la UAM

Javier Esteinou Madrid*

En el mes de junio de 2017 el Gobierno federal publicitó ampliamente por todos los medios de comunicación la conmemoración de los primeros cuatro años de la Reforma Constitucional de las Telecomunicaciones y la Radiodifusión y sus triunfos respectivos en México. Por ello, independientemente de la versión oficial, ahora es conveniente que, desde el punto de vista ciudadano, se realicen algunas reflexiones sobre ¿Quién ganó y quién perdió con la aplicación de dicha reforma en México?

Al respecto puede sostenerse que durante la primera fase de instrumentación de la Reforma de las Telecomunicaciones y la Radiodifusión se alcanzaron objetivos empresariales muy valiosos en el terreno económico, infraestructural, oferta de servicios, inversión corporativa, rentabilidad gerencial, etc., para los grandes consorcios en este rubro. Así, se ampliaron los servicios básicos de telecomunicaciones; se elevó la productividad; se incrementó la inversión orgánica, especialmente extranjera; se aumentaron las ganancias financieras; se estimuló el desarrollo del sector, se incorporaron nuevos jugadores; se multiplicó la velocidad de transmisión informativa; se contempló parcialmente las necesidades de los consumidores, etc.

Sin embargo, pese al progreso de todos estos aspectos en el ámbito económico-logístico-tecnológico-empresarial dichos avances beneficiaron especialmente a los modelos dominantes de negocios de las telecomunicaciones y la radiodifusión ya existentes en el país al consentir que se pudieran realizar más business con la incorporación de las innovaciones que introdujo la Reforma; y los beneficios o ganancias tecnológicas que recibió la población o la sociedad fueron a cambio de establecer contratos comerciales de servicios formales que enriquecieron más a las diversas empresas monopólicas de la comunicación que los proporcionaron.

En este sentido, los ciudadanos no quedaron directamente favorecidos por la Reforma; sino que sólo fueron privilegiados en la medida en que aceptaron realizar “convenios comerciales” con las grandes compañías de telecomunicaciones y de radiodifusión. De esta manera, la sociedad permaneció prácticamente olvidada en el rescate de sus garantías comunicativas básicas reconocidas por la Constitución Política Mexicana en el año 2013, pues lo que fundamentalmente se protegió con dicha regulación fueron las condiciones para realizar una mayor expansión del gran capital oligopólico comunicativo dentro del proyecto de desarrollo económico nacional.

Entre los abandonos, retrasos y limitaciones que se registraron en este primer período de instrumentación de la Reforma, figuraron la débil competencia, la erosión de las garantías comunicativas, el debilitamiento del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFETEL), el pobre acceso comunitario a las nuevas tecnologías, el abandono de los medios públicos, la limitada incorporación de los ciudadanos al espacio público mediático, la raquítica pluralidad cultural, el olvido de los canales de uso social, el retroceso de la “democracia informativa”, la extrema violencia hacia los comunicadores críticos.

Frente a este desigual panorama comunicativo, el Estado debe entender que su función histórica central como cabeza social no es sólo colaborar a establecer las condiciones para que el capital pueda funcionar en todas sus fases sistémicas (producción, distribución y consumo); sino fundamentalmente su responsabilidad rectora esencial es crear las condiciones estructurales para que toda la sociedad cuente con sistemas de comunicación participativos que le permitan interactuar en el nuevo espacio público mediático para edificar mejores condiciones de equilibrio, justicia y paz social. México, antes que ser una “región de oportunidades” para que el gran capital  realice fácilmente los negocios de los enormes monopolios en la etapa de la globalización y de la nueva fase de acumulación mundial contemporánea; es sobre todo la edificación de un muy largo proyecto histórico de nación que tardó más de 200 años en construirse desde la Independencia, la Reforma, la Revolución y la “modernidad”, donde los individuos antes que ser considerados como simples consumidores de productos, mercancías, servicios, e “ilusiones posmodernas” para garantizar el lucro sectorial; son ciudadanos con derechos constitucionales fundamentales que no puede negarle la vertiginosa “revolución moderna” de las tecno-comunicaciones, sino al contrario, debe reforzarlos con mayor contundencia para consolidar este largo proceso histórico de construcción civilizatoria.    

En este sentido, el Estado debe aceptar que el principal reto comunicativo de la nación para alcanzarse a través de la Reforma en Telecomunicaciones y Radiodifusión, no es tener más consorcios audiovisuales de entretenimiento masivo o selectivo a domicilio de naturaleza “adrenalínica”, “posmodernista”, “espectacular”, “inn”, novedosos “aparatos de distracción”, etc; sino que el verdadero desafío es crear otro proceso de comunicación colectivo abierto, plural e incluyente que permita que la mayoría de la sociedad pueda expresarse en el espacio público mediático para manifestar sus intereses y necesidades de crecimiento y existencia, así como las posibles formas de soluciones respectivas.

De lo contrario, de no ejecutarse esta perspectiva de cambio, para las próximas décadas tendremos un país sumido en un remolino de mayor inseguridad, pobreza, desempleo, impunidad, marginación, violencia, corrupción, abuso, cinismo, impunidad, crisis partidista, simulación gubernamental, debilidad democrática, autoritarismo, desconfianza institucional, frustración social, descomposición colectiva, etc; y paralelamente, recibiremos virtualmente en nuestros hogares un prototipo digital de televisión y radio “posmodernos” que transmitirá una visión espectacular de la vida donde “¡Todo está bien!”, “¡Somos un país que progresa!”, “¡Todo se mueve hacia adelante!”, “¡Estamos rodeados de buenas noticias…!”, “¡Contamos con los modelos de comunicación más avanzados del mundo!”, “¡Ya llegamos a la Cuarta Revolución Industrial!”, “¡México es un país feliz!”… Este modelo esquizofrénico de difusión colectiva contribuirá a inyectar ingredientes muy inflamables para la explosión social en las próximas décadas; pues no encarará las causas que dan vida a los conflictos sociales, ocultándolos con “fantasías modernizadoras” que reventarán cuando la cruda realidad ya no pueda ser “maquillada” en el futuro con la mercadotecnia propagandística que realiza la gobernabilidad de la vieja clase política. 

De aquí, la gran importancia que la academia, la sociedad civil y las escuelas de comunicación organizadas demanden al Estado el ejercicio riguroso del modelo de comunicación de servicio público como el eje fundamental de instrumentación de la Reforma de las Telecomunicaciones y de la Radiodifusión reconocida por la Carta Magna que respalda el ejercicio de las garantías comunicativas básicas para construir otro modelo de comunicación que nos permita ser auténticamente ciudadanos en la segunda década del siglo XXI. De otra forma, sólo permaneceremos como espectadores de la consolidación del nuevo “Capitalismo Informacional de Compadres” y de la voraz “modernidad” globalizada que impulsan los inmensos consorcios privados de la comunicación comercial en la Republica, abortándose la creación de la sociedad de la comunicación que es el gran desafío elemental de México en el tercer milenio.

* Profesor-investigador del Departamento de Educación y Comunicación de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana

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