Cultura

La fotografía, el arte más democrático e inmediato, asegura Reza Deghati

Entrevista. El Premio Príncipe Asturias dice que él fue uno de esos niños a los que la fotografía ayudó a imaginar. “He entrenando a miles de niños, en situaciones difíciles o en campos para refugiados… y ahora, gracias a la fotografía, ellos son capaces de expresarse e imaginar un mundo mejor”

Reza Deghati, con niños a los que enseña el oficio de fotógrafo.

La fotografía es la herramienta para que los niños en situación de guerra mantengan a salvo su imaginación, es el acto de capturar las emociones de las personas y es el arte más democrático porque puede cambiar en cuestión de segundos la opinión de los demás. Así lo considera Reza Deghati (Irán, 1952), el fotoperiodista galardonado con el Premio Príncipe Asturias en Comunicación y Humanidades 2006 que desde hace tres décadas vive exiliado en París y quien actualmente afina los resultados de su proyecto Imágenes de mi mundo, que expondrá el 17 de septiembre en Buenos Aires, Argentina.

En entrevista, el reconocido corresponsal de guerra que durante las últimas tres décadas ha trabajado alrededor del mundo registrando imágenes, especialmente para National Geographic, en zonas de conflicto como Irak, Afganistán, Libia y Sudán, platica con Crónica sobre cómo la cárcel que vivió en su país natal lo motivó a enseñar fotografía a niños refugiados.  

—¿Cambió tu opinión del fotoperiodismo durante los primeros años de exilio en París?

—Sí. El estar fuera de mi país y vivir en exilio me dio la capacidad y posibilidad de entender que casi todas las fronteras, los nombres de los países y cualquier cosa es innecesario porque todos nosotros, todo el mundo, pertenecemos a una sola tierra. El globo terráqueo es nuestro país, es el país de todos y ésa es la fuerza después del exilio que me permite entender la fotografía.

—¿La fotografía hace que los niños no pierdan la imaginación?

—Sí, yo soy uno de esos niños a los que la fotografía ayudó a imaginar, porque yo inicié cuando tenía 13 años, imaginé muchas cosas para expresarme, pero encontré que la fotografía era la mejor manera. He pasado dos de mis 40 años como fotógrafo, entrenando a miles de niños en diferentes países, en situaciones difíciles o en campos para refugiados… y ahora, gracias a la fotografía, ellos son capaces de expresarse e imaginar un mundo mejor.

Antes de responder por qué ese momento de su niñez influyó para que en 2001 creara Ainaword en Afganistán (una ONG que capacita a los niños y mujeres), Deghati comenta que en su experiencia, las principales víctimas de guerra son niños y mujeres.

“Cuando empecé a tomar fotografías yo quería demostrar la injusticia social en el mundo, la que vivía la gente que me rodeaba. No tenía idea sobre el fotoperiodismo o cualquier cosa parecida, sólo quería mostrar a la gente que me rodeaba. Inmediatamente vi el poder que tienen las imágenes, así que seguí haciéndolo y finalmente en el régimen iraní de Shah (en los años 70 del siglo pasado) cuando era un estudiante de arquitectura, fui arrestado y por tres años fui torturado, el motivo: mis fotografías”, recuerda.

Eso, añade, le demostró el poder de las imágenes, “me enseñó la manera en que podía tener conexiones con la gente. Gracias a eso pienso que la fotografía es el arte más democrático e inmediato”.

EMOCIONES. Por su labor fotográfica y sus publicaciones en revistas como National Geographic, Time y Le Figaro, Deghati obtuvo el World Press Photo Award (1983), el Infinity Award, el Príncipe de Asturias (2006) y el título de Caballero de la Orden Nacional del Mérito de Francia.

¿Consideras que tus fotografías logran capturar las emociones de las personas?

—La emoción es una de las partes importantes de mi fotografía. Sin emoción, la gente realmente no podría ser tocada. Pero para llegar a eso, lo principal es que el mismo fotógrafo debe ser tocado por sus emociones para poder expresarlas a través de su arte. Lo que encontré es que, con los niños refugiados, sus obras tienen más emoción que las mías a pesar de estar en el mismo campo.

“En una ocasión estaba trabajando en un campamento y enseñándole a 20 niños cómo hacer fotografía. Al final, sus fotografías mostraron mucho mejor la vida en los campamentos que las mías, las de ellos tenían más emoción. Así es como también cada vez más y más estoy empujando el concepto de hacer que los niños se conviertan en los narradores de sus historias”, responde.

Deghati señala que la fotografía y el arte puede cambiar el futuro de la humanidad, en el caso de los niños, asegura que es una herramienta que les permitirá decirle al mundo sus sentimientos y mostrar su forma devida. “A esa edad ellos no buscan un trabajo, están buscando comunicarse con el mundo”.

Por eso, añade, aunque sea muy difícil y peligroso, continúa su trabajo, ahora ya no en Irak y Kurdistán, sino en Buenos Aires, Argentina, en la Bienalsur. “Estoy trabajando para entrenar a 50 jóvenes de una zona muy pobre parecida a las favelas, entonces ellos podrán ser los actores de sus propias vidas y poner sus vidas en los ojos del mundo”.

Para este proyecto, los jóvenes recibieron cámaras de fotografía profesionales y participaron en talleres semanales con la intención de que hicieran un registro de sus barrios, para lo cual Reza realizó una selección final que presentará el próximo 17 de septiembre de 2017 en la Plaza San Martín y la Plaza Fuera Aérea Argentina.

Imprimir