Reeditan Picardía Mexicana para celebrar centenario de su autor: Armando Jiménez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 31 de Agosto, 2017

Reeditan Picardía Mexicana para celebrar centenario de su autor: Armando Jiménez

Recuerdo. Será una edición facsimilar de RM del “libro más leído en su época”. Tiene publicadas 143 ediciones comerciales con 22 mil 500 ejemplares en promedio por cada edición. Cada libro era leído, se estima, por 11 personas: el comprador, su familia y sus amigos, dice Armando Jiménez hijo

Reeditan Picardía Mexicana para celebrar centenario de su autor: Armando Jiménez | La Crónica de Hoy
Una de las páginas de la nueva edición de Picardía Mexicana.

La explicación de los ademanes que los mexicanos utilizan, por ejemplo, para decir flojera, las frases que el pregonero de la lotería canta cada que saca un naipe y el significado de frases como “estar con el hijo atravesado” o “colgar los tenis”, son parte de los retratos del lenguaje del siglo XX que el escritor Armando Jiménez Farías (1917-2010) plasmó en Picardía mexicana, considerado el libro más vendido en el país durante los años setentas y ochentas del siglo pasado.

Esta publicación que esquivó la censura de la Liga de la decencia —la misma que le colocó un taparrabos a la Diana Cazadora— es reeditada por la editorial RM en una versión facsimilar para festejar el próximo 10 de septiembre, los 100 años de nacimiento del autor coahuilense que incluyó en la primera edición, comentarios de Alí Chumacero, Alfonso Reyes y Antonio Alatorre, por mencionar algunos; así como ilustraciones de Alberto Beltrán y Leopoldo Méndez.

Picardía mexicana fue el libro más leído en su época, siempre tuvo sus detractores, fue tema de debates a lo largo de muchos años, pero podemos hablar de números fríos. Ciertamente tiene publicadas 143 ediciones comerciales promediando 22 mil 500 ejemplares por cada edición, las primeras impresiones fueron menores porque llegaron a haber 40 y 50 mil ejemplares, números que eran rarísimos en los años setentas y principios de los ochentas del siglo pasado”, expresa Armando Jiménez, hijo del autor mejor conocido como El Gallito Inglés.

El heredero añade que existe un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México y que algunas ediciones posteriores a la primera (1960) lo incluyen y que demuestra que Picardía mexicana era leído en promedio por 11 personas: el comprador, su familia y sus amigos.

“Además era un libro muy robado, prestado y extraviado. Es un hecho que durante más de 40 años siguió publicándose y probablemente en su momento era equiparable a la cantidad de lectores que por obligación nos hicieron leer una parte del Quijote… ya es para la historia si fue o no el más leído”, comenta.

—¿Qué decía su padre sobre esas cifras?

—El primer sorprendido fue él. Cuando en 1960 se publicó su libro, existía la famosa Liga de la decencia que le puso ropa interior a la Diana Cazadora, aquella que prohibía el sexo y las malas palabras explícitas en el cine, teatro y obras literarias.  Había una censura muy fuerte en revistas, en las carpas donde se presentaban los cómicos y la mitad de las películas de los 70 estuvieron enlatadas hasta uno o dos sexenios después.

“Pero mi padre tuvo la suerte de ser prologado y de compilar opiniones de lingüistas, filólogos, filósofos, de gente renombrada de la cultura que lo acompañó en Picardía mexicana, puso como anexos los textos y eso detuvo un poco la censura porque meterse con el libro era meterse con esas personalidades. Mi padre se sentía orgulloso de que se pudiera hablar de la censura antes y después de Picardía mexicana”, responde.

INÉDITO. Armando Jiménez disfrutaba de la misma manera una plática con sus amigos Gabriel García Márquez y José Luis Cuevas que con los albañiles y bodegueros, “era muy abierto, no le importaba la condición social ni cultural, pensaba que cada uno tenía algo que aportar porque esa visión del albur, la broma y el chiste era igual de enriquecedora para el lenguaje”, apunta el hijo de El Gallito Inglés.

“Mi padre trabajó los últimos 15 años en una crónica de sitios de rompe y rasga de la Ciudad de México. Era un libro muy ambicioso, que lo dejó terminado pero no publicado. Nuestra siguiente meta es encontrarle un mecenas. Mi padre publicó 11 libros, los últimos fueron de crónicas, pero toda la cultura underground, los prostíbulos, billares, cantinas, pulquerías están en ese libro que de tanto pulir no lo pudo ver impreso”, señala.

Para Armando Jiménez hijo, la vida de su papá tuvo cuatro fases muy marcadas: la del deportista, la del arquitecto, la del conferencista y la del escritor. Antes de hacer libros, el autor mexicano fue deportista de hueso colorado: practicó el atletismo, ciclismo, ping pong y alpinismo.

“Estudió arquitectura, pero desde el primer día decidió dedicarse a la arquitectura deportiva y esa es la segunda etapa de su vida. Fue un arquitecto muy exitoso haciendo construcciones deportivas desde canchas en parques municipales hasta estadios olímpicos como el de Helsinki, Finlandia; también colaboró en el Estadio de Ciudad Universitaria con Ramírez Vázquez y colocó el sistema de drenaje de la cancha del Estadio Azteca”, narra el heredero.

Por ser el único especializado en el tema deportivo y construcción, Jiménez Farías fue invitado varias veces a dar pláticas y de ahí nació su inquietud por escribir. “Su primera intención era hacer una recopilación de los juegos prehispánicos, era muy mexicanista y de hecho tuvo una colección relacionada al juego de pelota”.

Gracias a su trabajo, El Gallito Inglés convivió con la gente de la construcción, quienes le abrieron el panorama del lenguaje. “Se dedicó al folklor y al albur, es decir, el lenguaje del mexicano de a pie y esa fue su última etapa. Con el tiempo escribió algo que era reto personal y que sin querer, terminó siendo un éxito.  Ya al final de su vida se dedicó a hacer muchas crónicas de la información que había compilado en sus 40 últimos años”, señala Jiménez hijo.

 

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