El asalto de la utopía - José Carlos Castañeda | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 01 de Septiembre, 2017
El asalto de la utopía | La Crónica de Hoy

El asalto de la utopía

José Carlos Castañeda

¿De dónde proviene nuestra aspiración a fundar una utopía en la Tierra? ¿Es un anhelo religioso? ¿Una tentación política? ¿Un fin ético? ¿Una regresión psicológica? ¿Cómo esclarecer este deseo de alcanzar una sociedad ideal? ¿Es la esperanza de huir de un destino injusto en este mundo terrenal? o ¿el sueño de armonizar los valores en una comunidad idealizada? Quizá un deseo infantil de regresar al vientre materno o la ambición de crear un Estado perfecto.

Los utopistas coinciden en una idea muy peligrosa: creen que es posible encontrar una respuesta definitiva acerca de cómo deben vivir los seres humanos. Ya sea gracias a la ciencia, a la religión, a la moral o a la política, pero la solución final existe en algún lugar y la meta es descubrirla, como antes se perseguían los tesoros. Pero, ¿qué pasa si ese tesoro tan anhelado no existiera? Y la isla misteriosa nunca existió.

Sólo un pensador ruso podría atreverse a desentrañar el nudo donde se traman ideales absolutos de la utopía. Nacido en Riga, vivió el estallido de la revolución bolchevique, su familia se exilió en Gran Bretaña y su formación académica lo convirtió en historiador de las ideas y profesor en Oxford; educado como un liberal, pero estudioso de los principales enemigos de la Ilustración. Isaiah Berlin es uno de los intelectuales más agudos a la hora de descifrar las claves principales del pensamiento antiliberal, hoy en boga. Conviene retomar sus ensayos para advertir que las ideas contienen un material peligroso y, para desarmarlas, se requiere de un cuidadoso instrumental filosófico.

Maquiavelo fue uno de los críticos más corrosivos de los espejismos utópicos. Las interpretaciones más usuales señalan que, a partir de la lectura de El Príncipe, habría que distinguir entre valores políticos y  valores morales. Sin embargo, justo en este punto, Isaiah Berlin difiere: el dilema no es separar la ética y la política. La originalidad de Maquiavelo consiste en advertir que el modelo de vida cristiano es incompatible con las virtudes paganas de la República. El príncipe cristiano está condenado  a la ruina. No se gobierna con virtudes piadosas: la caridad, la misericordia, el perdón a los enemigos, el desprecio a los bienes de este mundo, la fe en el más allá. La formación del Estado reivindica otras virtudes. En pocas palabras, la conclusión es: el comportamiento ético consiste en elegir entre valores incompatibles.

La idea misma de una sociedad libre de diferencias y discordia es absurda, por no decir irrealizable. “El sueño de uno puede ser la pesadilla de otro”, escribió Bioy Casares. Como es imposible reconciliar todos los ideales humanos, debemos elegir. En eso consiste la ética política. ¿Qué valores eliges? ¿Cuáles defiendes? ¿Por qué lo haces? ¿Cuáles son incompatibles con tu elección? La lección de los románticos, enseñaba Berlin, es que la  condición humana es trágica. A diferencia de lo que pensaron lo Ilustrados, la razón no es capaz de armonizar las voluntades y los anhelos de los seres humanos. El conflicto está en el corazón de la sociedad y nadie podrá liberarse del dilema de elegir.

Los utopistas ofrecen una salida a todos esos enredos que son parte de la trama de la vida y le otorgan su diversidad. Cuando un mesías político dispara sus profecías de un orden armónico, la amenaza del terror está más cerca. Las señales de alarma se encienden. Ésa es la paradoja de  los reinos utópicos, sentenció Berlin: “los que creen en la posibilidad de un mundo perfecto suelen acabar pensando que ningún sacrificio es excesivo para conquistarlo. No hay precio demasiado alto para la perfección. Si para crear la sociedad ideal hay que derramar sangre, piensan, derramémosla, no importa cuánta o de quién”.

 

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