¡Qué emoción! Segunda parte - Fernando de las Fuentes | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 03 de Septiembre, 2017
¡Qué emoción! Segunda parte | La Crónica de Hoy

¡Qué emoción! Segunda parte

Fernando de las Fuentes

Somos los amos de las cosas cuando
las emociones nos responden.

Antoine de Saint-Exupéry

 

Somos seres espirituales porque somos seres emocionales. Las emociones y los sentimientos son el camino hacia nuestra alma. Pero para conocer bien el lugar de destino hay que ir varias veces y, por tanto, hay que recorrer en múltiples ocasiones el camino. Y así, para llegar cuando menos vivos, debemos limpiarlo, allanarlo y hasta corregir su trazo.

Nuestra principal forma de percibir el mundo, a través de los cinco sentidos, no sólo no es la única, ni siquiera es la trascendental, aunque sí imprescindible. Podemos sentir a Dios, a nuestra alma, a la ajena y muchas otras cosas más que no podemos ver, oír, tocar, oler o degustar.

Un simple ejemplo: no hay ser humano que no perciba “las vibras” de otro. ¡Oye, qué buena vibra tiene ese cuate! o ¡híjole, qué malvibroso! En esta simple y cotidiana percepción está usted viviendo en el mundo espiritual.

La buena o la mala vibra de cualquier persona es resultado de sus emociones, positivas o negativas, que no son otra cosa que vibraciones, igual que los pensamientos, que nuestros cuerpos y todo cuanto existe, por sólido que parezca.

Así pues, la emoción y el sentimiento nos hacen uno con todos nuestros semejantes a nivel espiritual y tan cotidiano que ni nos damos cuenta. La vibración nos hace uno con todo el universo.

Decía la poetisa y activista australiana Judith Wright: “Los sentimientos y las emociones son el lenguaje universal que debe ser honrado. Son la expresión auténtica de quienes somos”.

Por eso, el camino al desarrollo humano no es el del bienestar material que tanto ambicionamos, sino el del equilibrio emocional. Nuestro destino, nos guste o no, lo creamos o no, es alcanzar todo nuestro potencial espiritual.

Ese desarrollo consiste principalmente en elevar nuestro nivel vibratorio, es decir, partir del polo negativo hacia el positivo. He ahí por qué son tan necesarias las emociones negativas: no sólo nos indican que algo anda mal, son el referente de las positivas. Desafortunadamente es muy fácil estancarse en ellas.

Transformarnos espiritualmente es hacer alquimia emocional, a la mano de cualquiera que desee cumplir su inevitable destino —convertirse en un ser de luz—,  sin el aprendizaje del sufrimiento, pero ayudado por el dolor como revelación, liberación y purificación.

No se pueden evadir ni el camino ni el destino, porque no existe otra cosa. Pero nos podemos tardar vidas en el trayecto. La razón que busca la verdad, no la que refuerza el autoengaño, se impondrá tarde o temprano, para ir en busca de las emociones y transformarlas, armonizarse con ellas y, finalmente, darle al ser todo el poder de que es capaz.

Mientras la razón marca la dirección, la emoción es el motor, o sea, la voluntad humana que todo lo mueve. No hay voluntad sin emoción. Pero, ¿quién enciende el motor? Expliquémoslo en un paralelismo con la física más avanzada: todo cuanto existe está contenido en la materia oscura, cuya denominación se debe a que no emite radiación electromagnética, pero contiene partículas, de las cuales se considera al bosón de Higgs la más elemental, es decir, la que puso en marcha la creación del universo. Espiritualmente, la materia oscura es la “mente universal” y la partícula, el deseo.

Se dice en hermetismo (la escuela espiritual de Hermes Trismegisto, incomprensible aún para la mayoría de los seres humanos) que la mente universal deseó experimentarse a sí misma para ser consciente de su existencia, y entonces creó todo cuanto es. Creó el Ser. Por eso, como es arriba es abajo. Somos microcosmos dentro del macrocosmos.

Todos, como parte del Ser, somos y nos expandimos gracias al deseo, que se concreta con el lenguaje, se convierte en voluntad a través de las emociones y en meta mediante la razón. Cuando lo eduquemos, estaremos preparados para recorrer el camino, seguros y confiados.


delasfuentesopina@gmail.com

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