2018, un año electoral en medio de la crisis - Isidro Pedraza Chávez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 05 de Septiembre, 2017
2018, un año electoral en medio de la crisis | La Crónica de Hoy

2018, un año electoral en medio de la crisis

Isidro Pedraza Chávez

En las elecciones del próximo año, a modo de referéndum, nos jugamos el presente y el futuro. Los partidos que fueron el sistema viven en conflicto y ante esto se improvisan líderes o se propone la vuelta al pasado como solución para nuestro futuro. 

Lo que puede pasarnos es quedar sujetos a una opción extrema entre la continuidad de un gobierno de incapaces, cínicos y corruptos y otro que no produciría cambios de fondo y solo haría más profunda la crisis por la que pasa el país.

El proceso electoral es una hora crucial en la historia de México. Se elegirán 3,447 cargos: Presidente de la República, 9 gobernadores, más de 1,900 ayuntamientos; 500 diputados federales y 860 locales; 128 senadores; y hay que sumar los cabildos municipales y los de las alcaldías de la Ciudad de México; la mayor cantidad de puestos de elección en la historia del país.

Esta elección concentra como nunca la disputa por el poder político, y más allá de los números tiene como trasfondo una disputa histórica entre las formas centralistas y las formas autonómicas de ejercer el poder; una disputa entre quienes pretenden un poder centralizado, a partir de una unidad ficticia que desconoce las dinámicas locales, prolongando el centralismo dominante del siglo XX, y quienes pretenden un régimen efectivamente federalizado, con respeto a la autonomía de las entidades de la Federación, a los gobiernos municipales y a las autoridades tradicionales de las comunidades del México antiguo, y principalmente, un gobierno que respete a las diversas expresiones de participación social, que rompa con la inercia corporativa, centralista y monopolizadora, que brinde espacio, cobijo y esperanza a todas las personas que habitan este país y haga de la diversidad la mejor plataforma para construir nuestro futuro.

Los partidos políticos nacionales se aprestan a suscribir alianzas cuyo contenido programático desconocemos. No niego que es relevante quién será el candidato y eventual Presidente, pero al ciudadano de a pie, al que se esfuerza día con día en la fábrica, la oficina, el taller, el rancho o la parcela, lo que le interesa es lo que se hará desde las legislaturas y desde los poderes ejecutivos. 

Hoy, el país está en una crisis integral, estructural. Hay una crisis política porque el Ejecutivo federal tiene el más bajo índice de aceptación en la historia reciente de México: más del 50% de la población está inconforme e insatisfecha con la actuación del gobierno; también tenemos una crisis de credibilidad, porque hay una cauda de ex gobernadores en prisión, esperando juicio, o en fuga.

Tenemos una crisis de representación que empieza en el artículo 41 de la Constitución, que establece que el pueblo no tiene representación propia ya que solo habla de los Poderes de la Unión y de los partidos políticos como instancias de ejercicio soberano del pueblo, y el gobierno y los partidos están mal calificados.

Así que no hay instancias de representación de los ciudadanos o los habitantes del país, uno a uno, sino la visión medieval de la representación corporativa: Es necesaria una reforma al artículo 41 para establecer en la Constitución la representación de los ciudadanos por su propio derecho.

Tenemos una crisis social. La delincuencia manda en muchos lugares; las bandas, cárteles, pandillas, grupos de acción, son las que dictan las políticas en muchos municipios, y al parecer cuando menos en una delegación de la Ciudad de México.

Tenemos crisis de seguridad y las leyes no bastan, hay una crisis en el tejido social que protege a la delincuencia, porque genera ingresos en muchos sitios en los que no hay oportunidades de empleo.

Tenemos una crisis en la educación, la reforma educativa sigue sin ser clara para los maestros y sin tener resultados para los alumnos. Aunque ha bajado la presión de los grupos de oposición a la reforma, esta no termina de aclararse y no hay resultados apreciables.

Tenemos una crisis económica, por eso nos asusta tanto la revisión del TLC; la economía mexicana está cada vez más integrada a la economía norteamericana; no tenemos autosuficiencia ni en combustibles, ni en alimentos, ni en procesos industriales. Nuestro peso flota respecto al dólar, y nuestro comercio exterior es 90% con los Estados Unidos; la expulsión de paisanos empeora las condiciones laborales en México y crea problemas en las comunidades de origen y en las zonas fronterizas por la presión de los “recién llegados”, que generalmente vienen con lo puesto.

En el campo mexicano, el Procampo sirvió para multiplicar las riquezas de los ricos, pero no para la reconstrucción productiva, ni para estimular la producción a pequeña escala, la de los pequeños propietarios o la de miles de ejidatarios, mucho menos aún para mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los campesinos y sus familias. El campo está semiabandonado: 17,000 grandes productores dominan el mercado de dinero y el de la producción, industrialización y exportación de alimentos. Tres millones de ejidatarios no tienen acceso a los productos financieros porque no son propietarios plenos de sus parcelas.

En fin, la crisis no es de forma, es de fondo, necesitamos cambios de fondo, cambios estructurales, no parches en un sistema que está en fase terminal; pero no tenemos el proyecto de nación que debe sustituirlo.

/* Senador del Partido de la Revolución Democrática

 

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