¿Es viable tener tantos pobres? - Francisco Báez Rodríguez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 05 de Septiembre, 2017
¿Es viable tener tantos pobres? | La Crónica de Hoy

¿Es viable tener tantos pobres?

Francisco Báez Rodríguez

La presentación de las cifras de ingreso-gasto de los hogares, de parte del Inegi, y las de pobreza, de parte del Coneval, generan algo de ruido político. Deberían generar una reflexión a fondo sobre el carácter de nuestro desarrollo y sobre la viabilidad de los programas sociales.

Demasiadas veces la discusión se centra sobre si aumentó o disminuyó el número de pobres en el país. Una manera simple de ponerle palomita o tache al gobierno en turno. Los datos dicen que, a lo largo de este sexenio, la pobreza extrema ha caído en números absolutos y relativos y que la pobreza en general sólo ha disminuido relativamente. Hay tantos pobres como al principio del sexenio, pero hay más mexicanos que no son pobres. Palomita, tache, palomita.

Pero ése no es, en mi punto de vista, el problema central, sino el dato duro de la enorme cantidad de pobres que hay en México. 53 millones. Casi la mitad de la población: el 43.6 por ciento. Y en pleno Siglo XXI hay casi 10 millones de mexicanos, el 7.6 por ciento de la población, en pobreza extrema. Es una carga social pesadísima.

Ligado a ello está la persistencia de la pobreza. Si vemos las tendencias de mediano plazo, y suponemos que seguimos avanzando al mismo ritmo, y que encima nos ayuda la tendencia demográfica a la baja, estaremos erradicando lo que hoy entendemos por pobreza para finales del siglo. Para entonces, los parámetros para medirla seguramente serán diferentes. El cuento de nunca acabar.

Y más nos vale no ver las tendencias de largo plazo. Según ellas tardaríamos unos cuatro siglos en terminar con el problema. Basta que se nos cuele, cada dos o tres décadas, un “error de diciembre”.

En otras palabras, el modelo económico actual, en el que la pobreza se combate mediante paliativos, es incapaz, ya no digamos de acabar con ella, sino de reducirla a niveles que permitan detonar un desarrollo integral e incluyente.

El otro elemento que se deja ver en las mediciones es la desigual evolución regional de la pobreza. Mientras disminuye notablemente en el norte del país, en el occidente, en el Bajío y en el centro, se mantiene en el sur-sureste, crece ligeramente en algunos estados —Chiapas, Tabasco, Campeche, Chiapas, Oaxaca— y lo hace notablemente en Veracruz. La pobreza extrema se reduce espectacularmente en casi todos los estados del norte, lo hace de manera marginal en el resto del país y crece de manera visible en Tabasco.

Esto nos habla de que está creciendo la brecha regional de la pobreza. De un país dividido en cada vez más aspectos (en este caso también son culturales, de productividad, de existencia de mano de obra calificada, de usos y costumbres apegados o no al estado de derecho).

La lógica estricta de la inversión apuntaría a que la brecha se haga todavía más amplia. Y el concepto de Zonas Económicas Especiales, como apuesta a la inversión manufacturera tradicional, difícilmente será exitoso en zonas que tienen problemas de infraestructura, de comunicación y de escolaridad de la población.

Ya sabemos que la distribución del ingreso en el país es muy inequitativa. Toda nación con un Índice de Gini superior a 40 limita al centro con la injusticia. En México eso sucede, aun después de subsidios y transferencias. Y cada entidad replica, con pocas diferencias sustantivas, la distribución nacional. Eso significa, por ejemplo, que una familia guerrerense que gane 40 mil pesos mensuales está en el 1 por ciento más rico de su estado. Trasplantada a la Ciudad de México, esa familia apenas roza el 10 por ciento más rico. Y una familia chiapaneca que ingrese 15 mil pesos al mes ya se puede considerar privilegiada.

Pero el dato que me parece más relevante es que el ingreso promedio del decil más pobre de los mexicanos es equivalente a 90 pesos diarios. Una familia que reciba esa cantidad está en pobreza extrema. Al menos nueve de cada diez hogares mexicanos ingresan más que eso.

El problema es que 90 pesos diarios es más que el salario mínimo vigente en el país. De hecho, la cifra —considerando la inflación del año— es inferior a lo que se propone como aumento, y es la que algunos, desde el Banco de México hasta ciertas agrupaciones patronales, consideran peligrosamente inflacionaria.

La Constitución aparte, hemos llegado a niveles de inconsciencia social en los que un salario que mantendría a una familia en el límite de la pobreza extrema es considerado indeseable, por inflacionario. Peor que en la Inglaterra victoriana.

Es evidente que tiene que haber más de un perceptor de salario mínimo en cada familia para que no caiga en la miseria. Y es también cierto, según los datos de Coneval, que la mayoría de las familias que están en el decil más pobre suman distintas percepciones, todas inferiores al mínimo. Pero es innegable que no se puede atacar con seriedad el tema de la pobreza si los salarios están tan artificialmente castigados.

Coneval también midió la efectividad de diferentes programas sociales en lo referente a la reducción de la pobreza y distribución del ingreso. Encontró 88 que sí funcionan, y muchísimos más que se traslapan o son incluso contraproducentes, pero sirven para la foto y la popularidad del funcionario local (¿Qué tal el programa social que regala vestidos de XV años?). Hay mucho que hacer en ingeniería presupuestal para fortalecer a los eficientes y dejar de lado los otros.

Pero más hay que hacer en términos de desarrollo de mercados ocupacionales y de protección al salario. Lo primero es una manera posible de disminuir diferencias regionales; lo segundo, una necesidad nacional.

Desgraciadamente, a pesar de que los datos de Coneval son serios y preocupantes, lo más que han provocado es una discusión banal entre tremendistas y suavizadores, en la que unos dicen que la institución subestima la pobreza y los otros, que la sobrestima.

Esas visiones son políticas e ideológicas. A los primeros no les gusta ver que disminuye la pobreza, porque les conviene crear la percepción de que absolutamente todo en el país va mal. A los segundos, no les gusta ver que siga habiendo tanta, porque da cuenta del fracaso social de un modelo con mercados insuficientemente regulados. A ninguno de estos dos extremos les interesa ver hacia adelante.

Creo que eso, ver hacia adelante, es lo que hace Coneval. Y en ese sentido, sin pintar un país color de rosa, cumple correctamente con su labor institucional.

fabaez@gmail.com

www.panchobaez.blogspot.com

Twitter: @franciscobaezr

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