Informe: la tentación de Narciso - Gilberto Guevara Niebla | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 05 de Septiembre, 2017
Informe: la tentación de Narciso | La Crónica de Hoy

Informe: la tentación de Narciso

Gilberto Guevara Niebla

Hay algunas claves decisivas de la nueva política —una política que se ordena alrededor de ideas convencionales de marketing—: los políticos que nos gobiernan no hablan de lo negativo e insisten en repetir, una y otra vez, sus logros.

¿Problemas? ¿Cuáles? Ellos no los ven. Nosotros, simples mortales, percibimos una grave crisis política: desencuentro entre gobernantes y gobernados, desconfianza ciudadana, ola de violencia, azote de impunidad y corrupción, etcétera, pero los políticos no hablan de lo negativo. Jamás.

Los criterios del marketing se imponen sobre los criterios de una saludable política democrática. De esta forma, una oportunidad de dialogar con el país, de hacer que los mexicanos reflexionen sobre sus problemas, como la que ofrece el informe anual del Presidente se desestimó y se optó por reducir el acto a un espacio publicitario.

¿Acaso no se observa que la política se ha desgastado hasta extremos alarmantes? No estamos ante un derrumbe apocalíptico, es cierto, pero la nave de la política hace agua por todos lados. La política se ha desgastado y la gente pide que no haya más de lo mismo, que se renueven los actores, que se cambie el discurso, que se refresque el ambiente público.

Pero el informe presidencial fue, en forma y fondo, más de lo mismo. En su formato, el informe del sábado 2 de septiembre hizo evocar los momentos cumbres del viejo sistema autoritario cuando el Presidente de la República hacía la demostración anual de su poder y los representantes de la sociedad acudían solícitos a aclamar al mandatario y a mostrarle su subordinación.

El presidente Peña Nieto reincidió en su discurso optimista de siempre y se dedicó a hacer una defensa acrítica de las decisiones de su gobierno. Faltó la visión crítica y autocrítica. Es muy satisfactorio que la pobreza haya estadísticamente disminuido, pero resulta incomprensible —al menos para mí— que se diga que el problema de la pobreza extrema tendrá solución en cosa de una década.

No quiero decir que el evento se convierta en un acto de autoflagelación, lo que se necesita en cambio es que, aquí y allá, los políticos reconozcan con franqueza y sin miedo los problemas, que hablen de fortalezas, bien, pero también de nuestras debilidades, pues sólo confrontando la realidad se pueden encontrar soluciones (soluciones que son, en todos los casos, productos colectivos, de gobernantes y gobernados).

La sociedad necesita escuchar los problemas nacionales en voz de los gobernantes y ponderar junto con ellos posibles soluciones. Sólo así se puede dar esperanza a la gente, una esperanza realista, y ganar su confianza. Hay un pánico instintivo a confrontar las partes oscuras, sórdidas, descompuestas, de la vida social. ¿O es una incapacidad real de percepción? Si esto fuera verdad, el presidente Peña Nieto ve cosas que nosotros no alcanzamos a ver, o, al revés, nosotros vemos cosas que Peña no ve.

Una paradoja subyace en todo esto. El Presidente comenzó su gestión presentándose como un innovador, un impulsor del cambio —al menos esa idea proyectó el paquete de reformas que aprobó el Pacto por México—. Sin embargo, lo que no cambió, por lo visto, fue la manera de hacer política del propio Presidente, su estilo personal: en lugar de cambiarlo, repite muchas actitudes y conductas que fueron típicas del viejo PRI, del cual algunos no guardamos grata memoria.

 

 

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