Ricardo Anaya: una puesta en escena - José Fernández Santillán | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 07 de Septiembre, 2017
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Ricardo Anaya: una puesta en escena

José Fernández Santillán

El 23 de agosto El Universal dio a conocer que el ascenso de la carrera política de Ricardo Anaya corrió al parejo del incremento de su fortuna personal y familiar. En 2003 cuando fungía como secretario particular del gobernador de Querétaro Francisco Garrido, se calcula que tenía 21.9 millones de pesos. Catorce años después ese monto ascendía a 308 millones de pesos. Bien puede aplicarse en este caso el dicho de la mafia calabresa: “El poder es generoso.”

En su declaración “3de3” el Presidente del PAN dejó asentado que percibía un sueldo de 100 mil pesos, sin desempeñar actividad empresarial alguna; luego rectificaría y diría que también tenía ingresos por más de cuatrocientos mil pesos por otras actividades económicas.

El caso es que “el joven maravilla” reaccionó airadamente contra esta revelación afirmando que era una “infamia”. Consideró que la nota periodística se debía a la postura que tomaron él y su partido respecto del llamado “pase automático” del actual Procurador General de la República, Raúl Cervantes, para convertirse en Fiscal General. Puso como condición, para que el PAN regresara a los trabajos legislativos, incluida la formación e instalación de las Mesas Directivas, que se quitase ese “pase automático”.

Pero la gente debe saber que se trata de una puesta en escena. Veamos por qué: una de las disposiciones contenidas en las reformas políticas que sustituyeron al IFE por el INE; que elevó el porcentaje mínimo de votos para que los partidos conservaran su registro, esto es, de 2 a 3 por ciento; que aprobó la reelección de diputados federales y locales, así como de senadores y presidentes municipales; también modificaron el artículo 102 constitucional para crear, en lugar de la Procuraduría General de la República, la Fiscalía General de la República. Allí, el transitorio número Décimo Sexto, establece que el procurador en funciones sería designado fiscal general.

Esa reforma fue aprobada el 3 de diciembre de 2013 en el Senado, incluidos los representantes del blanquiazul. Luego pasó a la Cámara de Diputados, cuyo presidente era Ricardo Anaya, donde también fue aprobada con el aval del PAN. La susodicha reforma regresó al Senado donde fue ratificada.

En esa ocasión no hubo objeción de parte de Anaya en relación con el “pase automático” del procurador a fiscal. Tampoco la hubo el 26 de octubre de 2016 cuando el presidente Enrique Peña Nieto designó a Raúl Cervantes, Procurador General de la República en sustitución de Arely Gómez, quien, a su vez, fue nombrada, titular de la Secretaría de la Función Pública. El Senado ratificó, con el voto panista, a Cervantes; Anaya era el Presidente del PAN y, en consecuencia, sabía que Cervantes se convertiría en Fiscal.

Pero en esta controversia hay otro dato fundamental: el 29 de noviembre de 2016: “El presidente Enrique Peña Nieto pidió al Congreso de la Unión modificar la reforma constitucional del 10 de febrero de 2014 a fin de evitar que el último titular de la Procuraduría General de la República sea en automático el primer Fiscal General del país.” (El Universal, 29/11/2017). En el comunicado de la Presidencia de la República se indica que los tiempos de la transición de la Fiscalía General de la República corresponden al Congreso de la Unión. El comunicado destaca que, por boca del propia Procurador Cervantes, se considera que el transitorio Décimo Sexto “no abona a centrarse en la discusión del modelo institucional de la Fiscalía.”

La propuesta de la Presidencia de la República fue, entonces, que no hubiese “pase automático” y que correspondiese al Senado iniciar el procedimiento para la designación del nuevo Fiscal General de la República.  

Todo esto lo sabe Ricardo Anaya. En medio del escándalo de su enriquecimiento inexplicable, inventó el cuento del #FiscalCarnal como un distractor. Pero lo que es peor: involucró al Congreso de la Unión en esta trama. Obstruyó la renovación tanto de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores como de la Cámara de Diputados. Con todo y eso, en la Cámara de Senadores se pudo nombrar como presidente al panista Ernesto Cordero con una mayoría de 77 votos. Cordero contó con el apoyo de cinco compañeros de su partido que se atrevieron a desafiar la orden del “mandamás”. Contra ellos se ha desatado una verdadera y propia, “cacería de brujas”, por “traidores”.

Y en la Cámara de Diputados no se pudo renovar la Mesa Directiva porque allí surtió efecto el “veto” del autócrata. Por eso, no procedió, debidamente, el protocolo de la entrega del informe presidencial el 1 de septiembre.

 El PRI intentó un camino alternativo: juntar sus votos con los del PVEM, PES y Panal. Llegaron a 257 que no alcanzaron la mayoría calificada que era de 312. El PAN, PRD y MC, junto con Morena, lograron 209 votos.

De una u otra manera, habrá mesa directiva; pero queda el antecedente de los alcances autoritarios y  manipuladores de Ricardo Anaya para conseguir sus propios fines. Una actitud antidemocrática que, además, muestra un perfil peligrosamente populista.

Sin embargo, sus maniobras, no lo libra de aclarar el enriquecimiento inexplicable.


jfsantillan@itesml.mx
@jfsantillan

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