Cultura

Decirles indios a los incas, mayas… es una designación ingrata: Nélida Piñón

Entrevista. Las culturas antiguas establecieron para América un principio narrativo: el destino de contar historias, añade la escritora brasileña. “No me gusta la palabra pedir perdón. Los hechos malos son hechos y no es una persona de 20 siglos después, quien puede perdonar a todos los del pasado”

"El destino del continente americano es narrativo porque toda su historia está escrita en códices y crónicas. Las culturas antiguas establecieron para América un principio narrativo: el destino de contar historias”, comenta la escritora brasileña Nélida Piñón (Río de Janeiro, 1934) en entrevista con Crónica a propósito de su participación en el Hay Festival Querétaro 2017.

La autora de La dulce canción de Cayetana, Aprendiz de Homero y La camisa del marido señala que la palabra perdón no es parte de su vocabulario, que el diccionario es la arqueología del pensamiento humano y que su narrativa no busca ser política. Además, adelanta que el próximo mes llegará a México la traducción de su reciente libro Hijos de América, una serie de ensayos hasta ahora sólo está disponible en portugués. 

“En Brasil se publicó Hijos de América, libro de ensayos sobre las grandes civilizaciones autóctonas de nuestro continente vinculadas a hombres brillantes que nacieron de estas culturas y libros derivados de eso como el libro vital para la cultura inca: Los ríos profundos de José María Arguedas”, detalla la Premio Príncipe de Asturias de Letras 2005.

— ¿Por qué leer crónicas sobre las Américas?

— Hay que hacer una verificación histórica porque no puedes decir que incas, mayas y mexicas eran lo mismo, no eran una tribu y decirles indios es una designación ingrata. Eran personas que tenían el color cobre, pero eran grandes culturas, ellos ya tenían narrativas y establecieron códices de comportamiento, de moral, de conducta y juntos establecieron para América un principio narrativo. Eso nos lleva a creer que el destino de nuestro continente es contar historias.

— ¿Reinventar la historia?

— No debemos apagar la historia. No me gusta la palabra pedir perdón. Los hechos malos son hechos y no es una persona de 20 siglos después quien puede perdonar a todos los del pasado. Hay que pensar en lo malo que se ha hecho y evitar repetirlo. Pero ¿de qué manera reinventar la historia?: rectificando, tener noción de que hay que establecer una mejor sociedad.

“Por ejemplo, tenemos una deuda histórica con nuestros antepasados, hay que pagar de una manera sin falsa servidumbre. Con los negros tenemos una deuda respecto a la dramática esclavitud que vivieron y ¿cómo vamos a borrar ese horror?, pienso que diciéndoles a los niños que las sociedades nunca fueron felices ni amables, hoy nosotros somos mejores pero aun hacemos asesinos y demás atrocidades”, responde.

— ¿Ha cambiado el significado de las palabras?

— Sí, pero aferrarnos a borrar palabras no se puede, el diccionario es sagrado porque registra cosas históricas. El diccionario cuenta la historia de la etimología humana. Ahora varios luchan por eliminar palabras, no se puede, el diccionario es la arqueología de la humanidad, todo lo que el hombre inventó en palabras ahí está y faltan muchas otras que ya se perdieron. ¿Cuántos idiomas se fueron de América? Eso es una tragedia. Hay que mantener y preservar lo que existe. Cuando una lengua se va, también mueren los sentimientos que fueron generados por sus hablantes.

DOLOR Y AMOR. Nélida Piñón opina que México es un gran país para los escritores y que a sus 83 años está intentando interpretar su vida sobre todo porqué los escritores de Iberoamérica han sido tan amables con ella, una mujer que ama la comida y que nació en uno de esos países periféricos literariamente hablando.

— ¿Carga algún dolor histórico por ser mujer?

— No cargo con el dolor, pero cargo con la conciencia. Tengo noción exacta que cuanto más subo en mi carrera, cuando soy más aplaudida, más tengo el deber moral de tener conciencia. Quiero que el papel de la mujer ascienda de manera generosa, sin resentimientos, el dolor se puede tener en algún momento pero hay que desahogarlo para que exista una sociedad justa y equitativa.

“Me gusta el papel de la mujer consciente, de la que sabe muy bien qué pasa con ella y con los sermones del pasado, en especial de las mujeres ancestrales que no pudieron ni siquiera leer ni establecer un diálogo. Algunas lo lograron, pero muy pocas. No quiero poner el feminismo en mi obra, yo pongo personajes y éstos oscilan entre el bien y mal. De alguna manera teniendo el cuidado de no politizar mi narrativa, hay tendencias a deslizar esos detalles significativos del dolor humano y por tanto del dolor de la mujer”.

— ¿Por qué la escritura amplía el sentido de su vida?

— Desde siempre, desde niña tuve la percepción de que había que vivir fuera de la casa, la casa es algo maravilloso, pero había una vida extraordinaria afuera y esa vida afuera me llegó primero por la percepción y luego por la lectura. La lectura le ha dado un rumbo a mi vida para enriquecerla, para fomentar mis actos humanos. La literatura incrementa los actos humanos.

La Premio Internacional Menéndez Pelayo 2003 recuerda que de niña se preguntaba ¿y si no duermo una segunda noche bajo el mismo techo? o ¿qué pasara si salto de mi ventana y vuelvo tres días después?

“La vida me llamaba desesperadamente pero la literatura me enseñó que no había que vivir lo que vas a escribir, había que experimentar emocionalmente todo porque la literatura no es la réplica perfecta de la vida de uno. La literatura es un racimo de vidas colectivas. A mi juicio no hay un personaje, hay arquetipos por eso es que los libros pueden ser leídos en cualquier parte del mundo, por eso El Quijote es leído por los chinos”, señala.

— ¿La familia es el motor de sus fabulaciones?

Mi familia me ayudó mucho, soy de los pocos escritores que aman a las familias, pienso que las familias sean buenas, malas, horribles o desgraciadas, son el amparo del niño que nace. ¿Dónde vamos a nacer si no en la cuna de una familia?, ¿en el suelo?, ¿en el pesebre? … todos estamos destinados a un pesebre, estamos ahí y ése nos persigue a lo largo de nuestra vida.  

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