Los huracanes entre las religiones - Carlos Villa Roiz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 09 de Septiembre, 2017
Los huracanes entre las religiones | La Crónica de Hoy

Los huracanes entre las religiones

Carlos Villa Roiz

La presencia simultánea de tres grandes huracanes en el Océano Atlántico y el poder devastador de cada uno de ellos, ha encendido luces amarillas y rojas sobre las políticas ambientales, más movidos por las pérdidas materiales que estos fenómenos pueden ocasionar que por los múltiples daños contaminantes que hoy enfrenta el planeta, que aparentemente responde cada vez más con fuerzas extremas.

En Octubre de 1492, Cristóbal Colón navegó en tiempo de huracanes pero si hubiera topado con uno, casi con seguridad no hubiera descubierto América ni regresado a Europa. En aquellos siglos, numerosos barcos se fueron a pique a causa del mal tiempo e incontables villas fueron arrasadas por los vientos.

Los nativos conocían el poder destructivo de estos fenómenos y por lo mismo fueron divinizados como “padre de todos los vientos” y despertaron en las sociedades primitivas un “temor reverencial”. Los europeos, conforme fueron navegando por el Caribe, comprendieron que se trataba de un fenómeno nunca antes visto y mientras aprendían a medir sus frecuencias y ciclos, les costó varios naufragios.

Fray Bartolomé de las Casas, quien vivió en Cuba antes de llegar a México, escribía: “De las más terribles tormentas que se cree haber en todos los mares del mundo, son las que por estos mares de estas islas y tierra firme suelen hacer”.

Testimonios similares dejaron personajes como Gonzalo Fernández de Oviedo, cronista de Indias, quien describió en su Historia General y Natural, un huracán que azotó La Española el 3 de agosto de 1508: “Casi a la hora del medio día, súbitamente vino un viento y agua juntos y de forma tan excesiva que en esta ciudad de Santo Domingo cayeron por tierra todas las casas de paja y algunas de las que estaban labradas de paredes o tapias quedaron muy damnificadas y atormentadas… la villa que llaman Buena Ventura la puso el huracán toda por el suelo.”

Los huracanes, por lo general, dejaban tras de sí epidemias y enfermedades que mataban pueblos enteros y desordenaban la vida social de las comunidades.

En Mesoamérica, las deidades del viento, como Ehécatl, y las del agua como Tláloc o Chac, eran especialmente reverenciadas y por ejemplo, el Códice Dresde de origen maya, hace referencia a un diluvio, y  narraciones como el Popol Vuh hablan de destrucciones progresivas de la humanidad en donde tienen cabida los huracanes, como también ocurre en la Leyenda de los Cinco Soles. 

Los españoles no tenían una explicación científica convincente de las causas y el desarrollo de los huracanes, aunque había algunas teorías de manera vaga. En un principio, los frailes creyeron que eran producto de los espíritus infernales y trataron de combatirlos por medio de la Eucaristía, oraciones, de unas reliquias de cera conocidas como Agnus Dei y velas especialmente bendecidas, como lo comentan Pedro Mártir en sus Décadas del Nuevo Mundo, Oviedo o Fr. Bartolomé de las Casas.

En México, es bien sabido que los españoles rezaban a la Virgen de los Remedios para que trajera lluvia en tiempos de secas, y a la Virgen de Guadalupe, para que retirara las aguas y cesaran las inundaciones.

En todos los tiempos, como también ocurre en el siglo XXI, cuanto los fenómenos de la naturaleza amenazan poblaciones y ciudades tan importantes como las existentes en La Florida, es frecuente que la gente se acerque más a Dios, con más fervor, y pida misericordia, recordando un poco lo escrito en el libro de Job: “¿Quién eres tú para dudar de mi providencia y mostrar con tus palabras tu ignorancia? … cuando el mar brotó del seno de la tierra ¿Quién le puso compuertas para contenerlo?

 

 

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