El rechazo a la política y la responsabilidad ciudadana - Maria Elena Álvarez de Vicencio | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 09 de Septiembre, 2017
El rechazo a la política y la responsabilidad ciudadana | La Crónica de Hoy

El rechazo a la política y la responsabilidad ciudadana

Maria Elena Álvarez de Vicencio

La política es una actividad indispensable para encausar la vida pública, pero buena parte de la ciudadanía la considera indeseable; rechaza a los partidos, a los políticos, a los gobiernos y hasta a los congresos.
Hay personas generosas que entregan su tiempo y sus recursos a múltiples obras sociales, pero ante los asuntos públicos ponen un muro para desentenderse de ellos. No les interesa ni les preocupan los debates políticos y el complejo procedimiento de la aprobación de las leyes les tiene sin cuidado. No se dan cuenta de que cuando abandonan estos campos, son otros los que toman las decisiones que a ellos les van a afectar.
Algunos se abstienen de participar poque lo que logran los que sí participan, también a ellos les beneficia; podrán disfruta del parque, de la escuela o de la nueva vía que otros gestionaron, pero ellos se privaron de la participación misma, en la cual se conocen distintas personas o instituciones y se goza la amistad de nuevas redes de solidaridad; redactar mensajes, hacer marchas, plantones, mítines o huelgas, también puede ser un apostolado, pero hay a quienes esto no les agrada.
Hay países cuyo sistema no es democrático y los ciudadanos no tienen que plantearse el problema de decidir si participan o no en la política; todo lo tienen establecido y está muy claro lo prohibido y lo permitido y también los castigos por su incumplimiento.
La democracia directa, en la que cada uno imaginó tener a su representante, tuvo que aceptar que funcionara con figuras capaces de comprender y representar las necesidades y deseos del pueblo, pero de un pueblo plural, porque la sociedad no es uniforme, hay diferentes intereses, ideologías y expectativas. El sistema democrático se creó para ofrecer un cauce de expresión y acción a esa diversidad de personas y a esa pluralidad que es la riqueza de la sociedad, en la que existen  distintas formas de pensar y de actuar. La coexistencia de esa pluralidad es el valor que  se preserva con la democracia.
La democracia exige la aceptación de sus reglas y la convivencia con quienes no necesariamente coinciden en principios y convicciones. Las personas que consideran que sólo sus ideas, análisis e intereses son los buenos, no están capacitadas para convivir con quienes las contradicen y esto ocurre también con organizaciones y partidos que consideran ser dueños de la única verdad.
La democracia es un sistema que regula los comportamientos sociales para que convivan las personas que tienen diferentes propuestas y requiere de un principio que permita tomar decisiones, cuando esa diversidad de opiniones impide que se pongan de acuerdo.
Se trata del principio de mayoría y quiere decir que la propuesta que logre el mayor número de adhesiones será la aprobada. El principio de mayoría no siempre equivale a tener la razón, pero es una forma de decidir en asuntos controvertidos; no es anarquía, es un procedimiento y una estrategia que está obligada a aplicarse dentro de un marco legal que tiene alcances y límites.
La democracia no es el sistema perfecto, es el menos malo que se conoce y una de sus ventajas es que permite cambiar al gobierno sin derramar sangre. Requiere de la participación permanente de  todos los ciudadanos y, por lo menos, con su voto para elegir a los gobernantes.
A México le ha costado mucho establecer una democracia. El partido oficial gobernó por más de siete décadas y hasta el año 2000 se dio la alternancia. Para que realmente funcione esta democracia, se requiere de ciudadanos responsables, que elijan a candidatos capaces de representarlos con honestidad y capacidad.

 

melenavicencio@hotmail.com

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