Terciopelo azul (II) - Wilfrido Perea Curiel | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 11 de Septiembre, 2017
Terciopelo azul (II) | La Crónica de Hoy

Terciopelo azul (II)

Wilfrido Perea Curiel

La crisis electoral de 1988 es un parteaguas en la historia contemporánea de México, un verdadero punto de ruptura con respecto al viejo régimen presidencialista vertical y autoritario. Acción Nacional supo aprovechar esa coyuntura para empedrar, en la década de los años noventa, el camino que los llevaría a ganar la Presidencia en el 2000.
Uno de los más destacados ideólogos que ha tenido el PAN, Carlos Castillo Peraza, planteó la ruta: capitalizar la crisis de la caída del sistema, sacar del atolladero en el que se encontraba la entrante administración de Carlos Salinas y negociar una serie de reformas constitucionales que formaban parte del programa e ideario blanquiazul.
En tal contexto, el panismo presionó para que se llevara a cabo una reforma de la autoridad electoral, a modo de que fuera independiente, ciudadanizada y que contara con un padrón confiable. También la exigencia se dirigió hacia la apertura económica, la liberación del ejido, reprivatizar la banca. En la negociación se incluyeron aspectos como la creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, o bien, la modificación del artículo 130 constitucional y el establecimiento de relaciones diplomáticas con el Vaticano.
A lo largo del sexenio salinista, una a una se fueron cumpliendo esas “solicitudes” y cuando finalmente se vieron satisfechas, Carlos Castillo Peraza afirmó que se había consumado “la victoria cultural del PAN.” Por aquellos años Castillo Peraza sentenció: “si como partido no has tenido la victoria cultural, la victoria política es efímera y vana, porque finalmente el poder político se desbarata”. Impecable el diagnóstico, eficiente la estrategia. La victoria cultural básicamente se refería a que los preceptos éticos sostenidos por el blanquiazul eran superiores, que su apuesta era por el bien común, por la consolidación de las instituciones y por la democracia liberal.
El filósofo Rocco Buttiglione, uno de los principales pensadores de la vertiente democristiana, destaca que un partido humanista se define básicamente por su compromiso con las libertades humanas con responsabilidad social en todos los ámbitos de la actividad humana. En suma, un partido con estas características no puede dedicarse meramente a la política partidista y electoral. Un destacado marco de actuación está dado, como bien lo avizoró Castillo Peraza, en la dimensión cultural, en su más amplia acepción.
Nadie le puede regatear a Acción Nacional sus aportaciones, las cuales van más allá de la consolidación de la democracia representativa. Es loable que aun cuando no hubiera condiciones para que el sufragio fuera efectivo, el PAN apostó por la vía electoral, pacífica y gradual. Además, al blanquiazul se le debe reconocer que en su momento era verdaderamente un partido moderno, con una vida interna intensa y democrática. Característica que hacía un alto contraste con los atavismos del PRI o de la izquierda.
Con la llegada de Vicente Fox se puso a prueba la tesis de la “victoria cultural”. El poder terminó por desfondar a dicho instituto. El PAN limitó su actuar estrictamente a la dimensión electoral. El secretario de Gobernación, Creel, optó por construir y cuidar su candidatura, en lugar de impulsar un verdadero cambio de régimen. La lógica de las “concertacesiones” había permeado al partido desde los años noventa. El pragmatismo se impuso y las dirigencias nacionales dejaron a un lado las ideas. No se cuidó la reproducción ideológica, se asumió como dada esa llamada “victoria cultural” y paulatinamente el partido de Gómez Morín se fue mimetizando con lo que treinta años atrás le había cuestionado al PRI.
Nunca ha sido válido hacer generalizaciones. En el PAN y en el PRI hay hombres y mujeres de alta valía, quizá se debe a ellos que la crisis en sus respectivos partidos no haya adquirido dimensiones terminales. En retrospectiva, parece que aquella “victoria cultural” de la que se ufana el PAN, más bien se le debe atribuir al tricolor, cuyas prácticas colonizaron al resto del sistema de partidos. La degradación que hoy vive Acción Nacional encuentra una explicación en haber olvidado la mística que le dio origen.

pereawilfrido@me.com

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