Política contra educación - Gilberto Guevara Niebla | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 12 de Septiembre, 2017
Política contra educación | La Crónica de Hoy

Política contra educación

Gilberto Guevara Niebla

Un problema grave de nuestra educación es que sufre recurrentemente la invasión de la política. Hablo de política en el sentido menor, mezquino, personal, partidario y sectario. Los puestos de dirección educativa —tanto en la Federación como en los estados— son frecuentemente otorgados por los gobernantes, siguiendo criterios o intereses políticos, y no criterios de competencia y vocación. Las consecuencias para la educación son desastrosas.
¿Cómo impedir que la política invada la educación? ¿Cómo impedir que el compadrazgo, la lealtad política o los pactos con el SNTE sean la pauta que se aplique en el nombramiento de los directivos de la educación? Y, al contrario, ¿cómo asegurar que lleguen a las posiciones de dirección del sistema educativo personas honestas, comprometidas con la educación, con conocimiento de la pedagogía, de los maestros y de la vida de las escuelas?
No existe una respuesta adecuada para esa interrogante, pero es obvio que éste no es un problema sólo ético, es también un problema crucial para el desarrollo de la educación nacional. El sistema educativo hace agua por todos lados. Con algunas excepciones (Nuevo León, Estado de México, Puebla, Baja California, entre otros), en el gobierno educativo de los estados es palpable la ausencia de políticas estatales de educación y, en todos los casos, la planeación estratégica es débil o inexistente.
Lo que debe impedirse a toda costa es que los puestos directivos sean ocupados por personas con ambiciones políticas, oportunistas, que se reducen a cumplir al mínimo su tarea o que su desempeño se rija por el afán de complacer los intereses del SNTE (o de la CNTE) y de evitar conflictos. Es una verdadera desgracia que algunos gobernadores y secretarios de Educación sólo estén preocupados por conservar la paz escolar y la gobernabilidad, y les importe poco o nada desarrollar los proyectos educativos.
Un factor político determinante en la educación mexicana es el SNTE, una corporación gigantesca que ejerce influencia decisiva en el nombramiento de directivos de educación. Es por lo menos dudosa la legitimidad con la cual el sindicato —que a la postre es una entidad privada y que, sabemos, está bajo control de un grupo— tenga el poder educativo que ostenta. Se sabe que el SNTE “controla” secretarías, subsecretarías y direcciones en los gobiernos estatales mediante acuerdo no claros entre la dirigencia sindical y los gobernadores.
El interés de algunos gobernadores por pactar con el sindicato se mueve no sólo por evitar conflictos y guardar la paz en las escuelas, se suscita también por que ven en el SNTE una organización política capaz de movilizar a los profesores para el acarreo de votantes a la hora de las elecciones.
La invasión de la educación por la política-política (política partidaria, lucha por el poder) es, evidentemente, una herencia del viejo sistema corporativo y autoritario de gobierno. En ese sistema, las estructuras del Estado y los grandes sindicatos del sector público fueron utilizados, durante muchas décadas, como instrumentos para el mantenimiento de la hegemonía del PRI. Esto es bien conocido. ¿Pero no ha llegado el momento histórico de saldar cuentas con esa herencia? Somos una nación moderna y democrática, ¿porqué preservar esas rémoras de nuestro pasado pre-democrático?

 

 

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