“El cronista periodístico, una suerte de microhistoriador”: Alvaro Matute | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 12 de Septiembre, 2017

“El cronista periodístico, una suerte de microhistoriador”: Alvaro Matute

Memoria. Crónica retoma una de las entrevistas realizadas a Álvaro Matute. En ésta, publicada en 2015, comparte algunas ideas y conceptos sobre el trabajo del historiador, su interés por estudiar la Revolución y el papel de éste en los procesos políticos

“El cronista periodístico, una suerte de microhistoriador”: Alvaro Matute | La Crónica de Hoy
Alvaro Matute fue Premio Nacional de Ciencias y Artes y miembro de la Academia Mexicana de la Historia.

El trabajo histórico de Álvaro Matute (Ciudad de México 1943) nos remite a una obra fundamental de la historiografía mexicana contemporánea y, si alguna duda cabe, su producción como investigador lo prueba: Lorenzo Boturini y el pensamiento histórico de Vico; Las dificultades del nuevo Estado, 1917-1920; Estudios historiográficos y pensamiento historiográfico mexicano del siglo XX; Estado, iglesia y sociedad en México. Siglo XIX —en coordinación con Evelia Trejo—; La Revolución Mexicana: actores, escenarios y acciones, entre muchos otros.

Recibió importantes premios y reconocimientos. En 2008 le fue otorgado el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Historia, Ciencias Sociales y Filosofía; en 2007 la Medalla “Capitán Alonso de León” al Mérito Histórico de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia y, en 1997, el Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades de la UNAM. Fue miembro de número de la Academia Mexicana de la Historia.

En el libro La Revolución Mexicana: actores, escenarios y acciones, Matute regresó al tema que más le apasiona: en el volumen documenta el desarrollo del movimiento armado con un enfoque que toma en cuenta todos los elementos y factores que configuran el fenómeno histórico: obras, nombres, fechas y lugares. El comentario cede el lugar al dato y éste abre la posibilidad de la interpretación comprensiva. “He dedicado una buena parte de mi vida profesional —dice Matute— a la historia de la Revolución Mexicana y su pasado inmediato. Lo he hecho tanto en la docencia como en la investigación y la divulgación. Aunque mis preferencias han gravitado más en torno a la historiografía y a las ideas sobre la historia fáctica, dentro de ésta la política ha sido objeto de mis inquietudes”.

—¿Cuál es el proceso o estructura que desarrolló para escribir este libro?

—Más que un libro reciente es una reedición. La primera se hizo en 1993 para celebrar el 40 aniversario del INEHRM de la Secretaría de Gobernación. La estructura es la misma, salvo en algunas correcciones y contradicciones más que quise aclarar. El libro reúne 19 estudios escritos entre 1976 y 1991, que representan tres lustros de trabajo dedicado a diversos temas, cuyo principal interés es México en las postrimerías porfirianas y la Revolución. Siempre he tenido la convicción de que la historia la hacen y la ejecutan los hombres, independientemente del lugar que ocupen en una cierta escala social, cultural o política. La historia que se escriba es una representación, una puesta en escena.

—Las ideas cambian, aunque los hechos históricos no siempre se transforman, ¿considera en su caso que ha variado su visión interpretativa de la Revolución?

—Mi visión sobre la Revolución no ha cambiado mucho. Sin embargo, hay variantes de lo que he pensado de este proceso histórico con respecto a lo que se dice en algunos materiales que integran el libro; es decir, ha variado porque hay ensayos que escribí en 1976, y ya no tengo las mismas ideas; pero también hay otras con las que sigo estando totalmente de acuerdo.

—¿Cree que el tema o tratamiento histórico de la Revolución ya se encuentra agotado en sí mismo?

—Creo que no hay tema histórico que se agote, lo que se puede agotar son las interpretaciones o reiterar preguntas que ya se han hecho sobre un mismo tema. La Revolución como cualquier otro tema debe generar nuevas preguntas y poner acento en múltiples factores que sirvan para entender mejor dichos temas. La historia es abierta, y la labor de un buen investigador es darle sentido, abrir horizontes que nunca antes se habían abierto.

—¿Hay alguna relación estrecha entre historia y crónica periodística? Se lo pregunto, porque muchos escritores fueron los historiadores de la Revolución.

—Sí, entendiendo que un cronista periodístico es aquel que deja en sus páginas un relato fiel de lo que mira, de lo que sucede a su alrededor, de lo que es testigo. El cronista es aquel que quiere evitar que las cosas de su tiempo caigan en el olvido. En ese sentido, es una suerte de microhistoriador, cuya labor consiste en convertir en positivo todo aquello a lo que Benedetto Croce da un valor peyorativo.

—¿Qué relación real existe entre crónica e historia en un sentido estricto dentro de la historiografía mexicana?

—No sé cuándo se transformó la crónica historiográfica en crónica periodística, cuyo alcance no es ni puede ser histórico, pero sí literario. Una larga serie de cronistas mexicanos avalarían esta afirmación: Guillermo Prieto, Manuel Gutiérrez Nájera, Salvador Novo, por sólo mencionar a algunos muy destacados.

—Usted menciona que la crónica podría tener algún sentido para la historia, pero, ¿cuál es su sentido histórico?

—Una crónica, stricto sensu, simplemente dejó de ser una tarea que pudiera satisfacer las necesidades memorísticas de una comunidad o, peor aún, de una sociedad. El cronista se trasladó al periódico y en él fueron quedando registradas las acciones que podían trascender en la memoria colectiva. Pero estos registros, estos aconteceres, no se rigen por los cánones historiográficos, sino que se producen en la libertad del cronista, gracias a su percepción, a su agudeza. A su poder evocativo, a su incisión crítica.

—Usted menciona que el término historia contiene cierta ambigüedad, ¿podría decir, entonces, que también es ambigua su relación con la ciencia y la literatura?

—En rigor, se trata de un género ambiguo. No es plenamente ciencia ni es plenamente literatura. No es un conjunto de proposiciones lógicamente organizadas, probadas y demostradas y universalmente válidas. Tampoco es una expresión de la subjetividad íntima del hombre. La historia de la historiografía nos ha dado amplias y muy satisfactorias muestras de esto último, pero la subjetividad del historiador, dada en su trabajo, se manifiesta circunscrita a un objeto. Obvio es decir que debido al objeto de estudio, la historia y la poesía, aunque géneros literarios, difieren totalmente entre sí. La historia es un género literario, es ensayo y de ahí su posibilidad o pretensión científica y de ahí también la necesidad de que sea tratada con el máximo rigor, un rigor científico, aunque en este caso la palabra no sea sino objeto.

—¿Cuál sería la participación del historiador dentro de los diferentes cambios históricos y políticos de nuestro país?

—El conocimiento de la historia de la historiografía debe partir, siempre, del conocimiento de la historia. Debemos preguntarnos por la participación del historiador en los procesos políticos, aunque se trate de un investigador profesional, de gabinete. Las ideas que rigen su trabajo de ninguna manera están desligadas de la sociedad, de la polis, y por lo tanto son políticas. No hay que confiar en aquellos que enuncian la verdad absoluta en sus trabajos. Toda obra tiene una verdad, pero una verdad que pertenece al sujeto. Del objeto, se tienen certezas; del sujeto, una verdad que le es propia.

 

miguelamunozpalos@prodigy.net.mx

 

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