CDMX: Paraíso del narcomenudeo - Juan Manuel Asai | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 13 de Septiembre, 2017
CDMX: Paraíso del narcomenudeo | La Crónica de Hoy

CDMX: Paraíso del narcomenudeo

Juan Manuel Asai

Las narcotiendas son el giro comercial más exitoso de la Ciudad de México. Los puntos de venta de droga se expanden por todos los rincones de la metrópoli, más rápido incluso que los Oxxo o los Starbucks. Según una investigación periodística ya hay más de 20 mil repartidos en todas las delegaciones políticas. El crecimiento desaforado del narcomenudeo es una de las herencias que dejará a los capitalinos la administración Mancera. ¿El todavía jefe de Gobierno tocará el tema en su próximo Quinto Informe de Gobierno? Supongo que no.

La CDMX es un paraíso para los traficantes de droga. Su tierra prometida. Aquí no tienen que correr el riesgo de cruzar la frontera con Estados Unidos. Nada de eso. En la ciudad tienen una clientela fiel que crece. Gozan de una eficaz cobertura policiaca. Ni siquiera tienen que gastar en autos blindados ni tienen que contratar cantantes gruperos para que les compongan corridos con sus hazañas reales o ficticias. Los narcos locales son reguetoneros que suelen trasladar su mercancía en metro, taxis, bicis, mototaxis y hasta Uber, sin levantar sospechas.

Los policías conocen la ubicación de los puntos de venta y a la mayoría de los traficantes por sus nombres, apellidos y apodos. Aplican con ellos la máxima del capitalismo salvaje: dejar hacer y dejar pasar. Que los ciudadanos vendan y consuman lo que quieran, a cambio, claro, de una recompensa por vigilar que el negocio prospere sin sobresaltos. De vez en vez estalla un escándalo, como el de la banda de El Ojos en Tláhuac, pero eso no descarrila el negocio que sigue a toda máquina. Las ventas nunca bajan, no es necesario hacer ofertas ni promociones.

Traficantes, funcionarios y policías tienen al mejor aliado posible: los consumidores. En la Ciudad de México hay un apetito insaciable de drogas. Aquí el negocio tuvo ya su victoria más importante, pues asegura su vigencia en los años por venir: ya hay entre nosotros, los chilangos, una cultura de consumo de sustancias prohibidas. Se consume más y desde más temprana edad. Me hago cargo de que suena escandaloso, lo es, pero parece que nadie está realmente preocupado. Cito al clásico: nadie hace nada. Por lo pronto, los tomadores de decisiones, no. Los programas en contra de las adicciones son grandes desconocidos. Existen pero casi en la clandestinidad.

Parte del éxito cultural del narco es que los consumidores que condensan el núcleo del negocio, los que patrocinan al narco, los que ponen el dinero en las manos de los narcos, no se consideran adictos, sino que consumen por esparcimiento, para divertirse, para relajarse, para eludir las presiones sociales, para revertir emociones negativas como la ansiedad, el enojo o la frustración.

En algunos espacios académicos del más alto nivel hay cierta inquietud. Hace unas horas se llevó a cabo en El Colegio Nacional un simposio denominado “Mujer y Drogas”. Se revelaron algunos datos que vale la pena recuperar. La proporción de mujeres que consumen drogas ha pasado en dos décadas de 1 entre 10, a 1 entre 3, lo que es un cambio dramático. Las chicas adolescentes son el sector más activo en la, digamos, experimentación. Si parientes cercanos, como hermanos o las parejas consumen drogas, ellas lo hacen también. No se quieren quedar atrás.

El narcomenudeo es la bestia negra de la CDMX. Lo es porque genera una masa delincuencial que más temprano que tarde nos someterá. Hablo de miles de delincuentes que no sólo se dedican a vender drogas, sino que también extorsionan, roban, secuestran, asesinan. ¿Ya lo pensaron?

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

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