“Dormiré cuando me muera”, y otras frases para morir pronto - Voces de la UAM | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 13 de Septiembre, 2017
“Dormiré cuando me muera”, y otras frases para morir pronto | La Crónica de Hoy

“Dormiré cuando me muera”, y otras frases para morir pronto

Voces de la UAM

Guadalupe Jovanna Terán Pérez*

“Cinco minutos más”. ¿Cuántas veces has repetido esa frase? No importa cuánto tiempo hayas dormido, por las mañanas, siempre conservas la esperanza de que sean esos cinco minutos los que te llenen de energía. Pero malas noticias: nunca es así y no lo será. Por el contrario, esos minutos extra lo único que harán será fragmentar tu sueño y te despertarán irritado y acelerado, porque si estás muy cansado, esos cinco pueden convertirse en treinta, y eso en un retraso de todas tus actividades.

¿Por qué apelamos a esos últimos minutos para descansar? Pues porque seguramente la noche se acortaba, mientras utilizábamos esos últimos minutos para ver otro capítulo de esa serie, alcanzar el último nivel de un video juego, alargar una buena conversación o incluso contestar el último correo. Algunas veces, las creencias populares opinan que se puede recuperar todo ese sueño: “el fin de semana me repongo”, pero tampoco funciona así. Sustituye esa creencia por un nuevo hecho: el sueño perdido jamás se recupera. Si bien es cierto que los fines de semana podremos dormir un poco más y descansar unas horas extra, ese sueño no compensa lo perdido, en realidad, sólo alterará nuestro ciclo de sueño… Tal vez por eso los lunes tienes tanta flojera para despertar.

Para que nuestro sueño sea reparador, es necesario que reúna algunos elementos; es probable que estos sean los más importantes: debe ser continuo, ocurrir en un periodo de alrededor de ocho horas y ser durante la noche, coincidiendo con el periodo de oscuridad. Esto tiene que ver con nuestro ciclo de sueño-vigilia, que tiene un ritmo que dura aproximadamente un día (llamado circadiano por esa razón) y que se sincroniza principalmente con la luz. Por lo tanto, mientras haya estimulación luminosa podremos permanecer despiertos y dormir cuando hay oscuridad.

Es importante recordar esto último, ya que el uso de la tecnología afecta nuestro descanso, cada minuto frente a una pantalla prolonga el tiempo que tardamos en dormir, llamado latencia al sueño, y provoca más despertares nocturnos debido a un sueño más superficial. Así que la luminosa pantalla de un celular, tableta, laptop o televisión no es lo mejor para observar antes de dormir.

Dormir es un placer o al menos eso debería ser. El sueño es un proceso natural cuya función principal es la de restaurarnos, sin embargo, probablemente es poco valorado. Lo relegamos a una jerarquía de poca utilidad e incluso puede verse como un símbolo de debilidad: una persona eficaz y altamente productiva no se puede dar “el lujo de dormir. Dormiré cuando me muera”, dicen algunos, sin saber que el no dormir mata lentamente o al menos disminuye su esperanza de vida.

Dormir es una necesidad tan vital como el agua o la alimentación, del sueño dependen procesos tan complejos como la capacidad de aprender cosas nuevas, memorizar, planear, responder a enfermedades y amenazas externas, regular nuestratemperatura, peso, en fin, dormir es indispensable para vivir.

PERO, ¿CÓMO Y CUÁNTO?

Un adulto necesita dormir entre siete y nueve horas al día, diversos estudios señalan que una persona que duerme menos aumenta las probabilidades de desarrollar enfermedades cardiovasculares y metabólicas como hipertensión, diabetes, infartos, obesidad, entre otras. Todas esas en las que los mexicanos nos encontramos en primer lugar. Pero ¿qué tiene que ver dormir con todo esto?

Algunas explicaciones razonan lo siguiente: No dormir estresa a nuestro organismo, esto altera la respuesta de la insulina, provoca una respuesta inflamatoria de la que el organismo trata de defenderse del reto que implica no cumplir una función natural. Por otro lado, la falta de energía tiende a compensarse aumentando el consumo de alimentos que aporten muchas calorías al cuerpo. Y por último, durante el sueño se liberan hormonas que regulen el apetito y la saciedad, es decir, nuestra capacidad para controlar la cantidad de alimento que consumimos. Si sumamos esto a los genes, el sedentarismo y los malos hábitos alimenticios, podremos entender esta epidemia nacional. Una conclusión final: engordamos por no dormir bien.

Otro de los efectos inmediatos de la falta de sueño son las alteraciones cognitivas, es decir, todas esas habilidades que se relacionan con el procesamiento de la información (atención, percepción, memoria, planeación, resolución de problemas, etcétera), por eso no es de extrañarse que una persona que no ha dormido lo suficiente se distraiga con facilidad, cometa más errores, sea incapaz de desarrollar estrategias, resolver problemas y, en general, ser menos productivo. Todo eso que lleva a un trabajador a sufrir “presenteísmo laboral”: estar en un lugar, sin estarlo en realidad, “ser un bulto” dirían las abuelas. Todo ese tiempo perdido que tanto cuesta a las empresas, esas jornadas largas de nula productividad, así como el incremento de accidentes y ausentismo laboral por enfermedad.

Nuestro cuerpo está hecho para permanecer despierto durante 16 horas aproximadamente, a partir de la hora 17 ya es considerado restricción de sueño, no obstante, parece que nos acostumbramos y creemos que con cinco horas funcionamos bien, sin embargo, estudios realizados por el doctor David Dinges, investigador de la Universidad de Pensilvania, en Filadelfia, demuestran que nuestro rendimiento en tareas cognitivas empeoran con cada noche de restricción de sueño, pero nuestra percepción del nivel de somnolencia no. Es decir, funcionamos mal, pero sentimos que nuestra alerta está intacta, lo que nos impide tomar acciones al respecto. Y de ahí recordamos a la gente que presume que durmió sólo unas horas, “estoy en vivo” haciendo alusión a venir sin dormir desde la fiesta de anoche y otros actos de presunción de privación de sueño como algo heroico…

No dormir también afecta nuestro estado de ánimo, si no duermes lo suficiente probablemente al día siguiente aumente tu irritabilidad, impulsividad, las conductas agresivas e incluso te hace más vulnerable a desarrollar trastornos de ansiedad y depresión, que sumados al estrés cotidiano de las grandes sociedades afecta y demerita nuestra calidad de vida.

Bien, no sólo basta con dormir lo suficiente, también es necesario tener una mejor calidad de sueño, puedes seguir las siguientes recomendaciones:

Mantén horarios de sueño regulares. Procura dormir y despertar temprano, de preferencia entre las 23:00 y las 6:00 horas.

Evita sustancias estimulantes por la noche (café, té, refresco de cola, tabaco, etcétera), no importa que digas que no te quitan el sueño: en realidad sí lo alteran, aunque no lo percibas.

Evita los dispositivos electrónicos al menos 30 minutos antes de dormir y no duermas cerca de ellos. Adapta un ambiente adecuado para dormir, una cama cómoda en un espacio oscuro y ventilado hará más agradable y reparador tu sueño. Reserva para la noche un momento o rutina para desconectarse del estrés del día: tomar un baño caliente, leer un poco, respirar, relajarse.

En conclusión, dormir no es una pérdida de tiempo: es la posibilidad de restaurar nuestro cuerpo, equilibrar nuestro sistema, recuperarnos de enfermedades, desintoxicar nuestro cuerpo y de aumentar nuestra esperanza de vida.

Me gustaría escribir más, pero ya es mi momento de dormir. Buenas noches, siempre.

* Coordinadora de Atención Clínica de la Clínica deTrastornos de Sueño de la Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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