Historias de (des)confianza - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 16 de Septiembre, 2017
Historias de (des)confianza | La Crónica de Hoy

Historias de (des)confianza

Manuel Gómez Granados

Perdida en la sección de deportes de algún portal electrónico, se publicó una noticia en la que se daba cuenta de que por la cantidad de trampas que se cometen en el Maratón de la Ciudad de México, esa justa deportiva que se celebra cada año no puede mejorar su categoría a escala global. Ello, porque poco más de un tercio de todos los participantes, 36 por ciento, en la edición 2017 del Maratón, cometieron trampa en algún punto del recorrido.

Dado que quienes lo hacen son tantos y que no lo hacen para obtener una medalla o para ganar un premio en efectivo o en especie, es necesario preguntarse qué motivará a los participantes en esa carrera a cometer ese tipo de trampas. La respuesta más obvia es la de engañar a otras personas con historias acerca de su capacidad para resistir lo que es una prueba difícil, que exige mucha disciplina y sacrificio. En otras palabras, a muchos de los participantes, por razones que sólo son claras para ellos, les interesa alardear.

Visto en el contexto más amplio de los problemas que afectan a México, el terremoto de la noche del 7 de septiembre o los 192 millones de dólares escamoteados al erario público gracias a los esquemas de empresas fantasma, el que un tercio de los corredores del Maratón de la Ciudad de México mientan es algo insignificante, irrelevante incluso. Pero, ¿lo es? Tristemente no. De hecho, entre el desfalco masivo de millones de pesos, lo que ocurre ahora mismo en Oaxaca y Chiapas luego del terremoto del 7 de septiembre, y esa voluntad de engañar a otros con la supuesta participación en el Maratón de la Ciudad de México hay más comunes denominadores de los que quisiéramos reconocer o aceptar.

El más notable es que quienes dicen participar en el Maratón, pero no cumplen las reglas, son como quienes saquean el erario público. No les importa engañar para obtener beneficios, reconocimiento, así sea meramente simbólico, al que no tienen derecho. Unos y otros construyen elaboradas tramas para engañar y, sobre todo, unos y otros destruyen los de por sí magros índices de confianza que los mexicanos tenemos tanto en las instituciones como en otras personas.

Y es ahí donde conviene observar qué está pasando con la disposición que tenemos los mexicanos para ayudar en situaciones de emergencia como las que generó el terremoto del 7 de septiembre. La ayuda urge. Es cierto, hay historias de mucha nobleza como la que protagonizaron el miércoles 13 las decenas de ciclistas que lanzaron la iniciativa Acopio en Bici que recogió alimentos, medicinas y otros productos en las delegaciones Miguel Hidalgo y Cuauhtémoc para llevarlos a la representación del gobierno de Oaxaca en la Ciudad de México. Sin embargo, también hay mucha desconfianza, evidente en la gran cantidad de “llaneros solitarios” de la solidaridad que organizan pequeños esfuerzos aislados para acopiar donaciones y distribuirlas en los poblados de Oaxaca, Chiapas y Veracruz, afectados por el terremoto o las lluvias provocadas por el paso del huracán Katia.

Son personas de muy buena voluntad que no confían ni en los gobiernos de los estados ni en la Cruz Roja, ni en el DIF ni en Cáritas México y que llevan, como pueden, lo que logran juntar, con los inevitables desperdicios de tiempo, dinero y otros recursos cuando, conscientemente, por desconfianza, se evita participar de las economías de escala que hacen todo más eficiente. Es tiempo de darnos cuenta ya del daño que nos hace el engaño, la mentira, la pose, y ver que sólo la verdad nos hace libres.

manuelggranados@gmail.com

 

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