Después del Grito - Maria Elena Álvarez de Vicencio | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 17 de Septiembre, 2017

Después del “grito” que como siempre demostró ser la oportunidad para que muchos mexicanos recuerden que México es su patria y que el Zócalo es el centro, no solo de la Ciudad de México, sino de la nación, y en donde tuvieron la oportunidad de reconocer la grandiosa Catedral y de oír sus campanas; de ver ondear la bandera y de escuchar el nombre de los héroes que conocieron en sus libros de primaria. Después de gritar ¡Viva México!, de cantar nuestro himno y de emocionarse con las luces de colores y la lluvia de chispas que desaparecen al estallar en lo alto, regresaron a sus casas pensando que México es grande y que podría ser mejor

Como sucede cada año en el mes de las Fiestas Patrias, el Poder Legislativo ya recibió, para su estudio y aprobación, el proyecto de presupuesto nacional, que es una de sus principales facultades y obligaciones. Esta coincidencia de fechas pareciera ser intencional, pero sí es oportuna, ya que en las celebraciones se hacen presentes los niveles de desigualdad económica que existe entre las familias mexicanas. En cada pueblo y ciudad el grito pone en contacto a sus gobernantes, aun cuando sea con distancia física de por medio, a muchos de sus ciudadanos y esto podría servirles para observar sus carencias.

El presupuesto gubernamental es el instrumento más eficaz para determinar qué áreas serán impulsadas. Si al destinar lo relativo a las entidades federativas, ¿se les asignará según el nivel de pobreza y marginación, o qué criterios lo guiarán? ¿El cabildeo tendrá influencia, o será el análisis objetivo y el propósito de atenuar la gran desigualdad existente? ¿Ganarán los proyectos que puedan dar más lucimiento al gobernante o los que remedien las necesidades más urgentes de salud, educación y vías de comunicación de los pequeños pueblos abandonados? Cada año muchos mexicanos de las zonas marginadas ponen grandes esperanzas en lo que los presupuestos podrán hacer para satisfacer sus necesidades y la mayoría se ve defraudada y tiene que volver a esperar.

Los que terminaron la secundaria esperan una preparatoria más cerca de su pueblo, pero no llega. Los que se sacrificaron gastando tiempo y pasajes para cursarla, no encuentran lugar en alguna universidad. Los pocos que lo logran lo hacen sacrificando a toda la familia para que los sostenga. En muchas familias sólo puede llegar a estudios superiores uno de los hijos, de los otros algunos se irían como migrantes. Esto ya tiene que cambiar; la distribución de los presupuestos deberá ser distinta si queremos obtener otros resultados.

Y después del “grito” en el Zócalo, el país se prepara para la elección más amplia y competida de nuestro tiempo; esta elección “hará historia”. Pasaron aquellos días en que la elección era simbólica; de antemano se sabía quién ganaría la Presidencia, el abstencionismo en la votación era la mayoría. El primer trabajo de la oposición panista fue pasar del voto inexistente al voto emitido, después pasar al voto respetado y a la exigencia de un padrón confiable y la credencial de elector con fotografía, hasta lograr la creación del IFE. Los jóvenes de hoy no saben de esas luchas; no conocieron los padrones hechos a modo cada tres años, con el cual podían votar los muertos, pero los vivos no querían hacerlo porque su voto no era respetado.

México cambió y hoy la principal responsabilidad está en los partidos políticos para proponer candidatos que se comprometan a servir con honradez y capacidad y no a servirse del poder y en los ciudadanos para que emitan su voto a los candidatos que garanticen gobiernos honestos y eficaces.

Doctora en Ciencias Políticas

melenavicencio@hotmail.com

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