Perdimos a Mara - Juan Manuel Asai | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 18 de Septiembre, 2017
Perdimos a Mara | La Crónica de Hoy

Perdimos a Mara

Juan Manuel Asai

La mató porque podía. Creyó que se saldría con la suya.

Apuesto que pensó: La violo, la asfixio, la tiro por ahí y sigo mi camino como si nada. En un rato regreso a mi rutina de acomedido chofer de auto de alquiler de una empresa que aplica, dice su propaganda, lineamientos muy estrictos para garantizar la seguridad de los usuarios.

El asesinato de Mara, enésimo feminicidio en el país, puede abordarse desde diferentes ángulos. El meollo del asunto es la convicción de muchos hombres de que pueden disponer del cuerpo y de la vida de una mujer sin asumir las consecuencias de sus actos. Que esté en prisión el presunto asesino de Mara es la excepción de la regla. Hay que subrayar presunto. El caso está abierto.

 El machismo mata. La impunidad lo incentiva. Machismo e impunidad conforman una dupla diabólica que tiene en riesgo permanente a las mujeres en México. Todos los días se la juegan. Si van de fiesta, a su trabajo, a la escuela, al mandado. Pueden toparse en cualquier lado, a cualquier hora del día, con un individuo que les marque, porque se le antoja, el final de su camino.

Escucho por ahí que la lucha por los derechos de las mujeres ya no tiene razón de ser, que está de más, que el trabajo está hecho. Una equivocación peligrosa. El primer derecho, el fundamental, de cualquier ser humano, es el derecho a la vida y si la cifra de feminicidios crece, el problema, lejos de solucionarse, crece también.

En el caso de Mara se registró en las redes sociales un brote de machismo homicida. Conducta que por desgracia no se restringe a los hombres. Se intenta trasladar parte de la responsabilidad de los acontecimientos a la víctima. Ella se lo buscó. Si estuviera en casa temprano estaría a salvo. Es una falsedad, un error y también es una crueldad. Es darle una patada digital al cadáver de la chica tirado en la cuneta.

Ella, Mara, no quería morir. Quería pasársela bien, aspiración a la que todos tenemos derecho, mucho más una estudiante de 19 años de edad. Al solicitar los servicios de un taxi seguro para regresar a casa Mara mostró su responsabilidad ciudadana. Que el asesino estuviera al volante es culpa del matón y solamente de él. Esta tendencia sigue una lógica bizarra. Propone tener en prisión domiciliaria, algo como un toque de queda, a las potenciales víctimas porque los asesinos andan sueltos en las calles. El mundo al revés.

En la base del contrato social está el intercambio de obediencia por seguridad entre ciudadanos y el Estado. Brindar seguridad a las personas y sus bienes en un territorio determinado es la razón de ser del Estado. Para eso se creó. Las demás tareas que realiza, incluso el fomento de la cultura, o la salud, son secundarias. Lo primero es la seguridad. Las cifras muestran, sin atenuantes, que no está haciendo su parte.

Las muestras de empatía o de solidaridad por parte de la sociedad, como esta columna, son bienvenidas, pero notoriamente insuficientes. Hay que presionar a las autoridades para que instrumenten acciones concretas que garanticen que las mujeres puedan regresar a sus casas con vida y que en sus casas estén a salvo. La principal tarea del Estado en los feminicidios es abatir la impunidad. La lucha será larga y nos encontramos apenas en etapas iniciales. Es mucho más lo que falta por hacer que lo que se ha hecho.

Perdimos a Mara. Es una derrota colectiva.

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

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