Nacional

Mara detona despertar colectivo contra la violencia de género

Clamor. El asesinato de la joven transformó la ciudad de Puebla en voz nacional contra los feminicidios. Madres en situaciones similares unen sus gritos con las de estudiantes, empresarios y académicos. Exigen alerta de género en el estado, que registra 83 casos en lo que va del año

Miles de personas marcharon en la ciudad de Puebla para exigir justicia y combate eficaz contra los feminicidios.

Una mujer: Mara, transformó a esta ciudad en pulso nacional contra la violencia de género. Era ella, pero también Mónica, Martha, Sandra, Guadalupe… Todas.

Los discursos partían de su recuerdo, pero terminaban por condenar las noticias tristes sin importar la geografía, desde Ecatepec hasta Juárez.

Su nombre desencadenó a los universitarios, sin importar siglas ni uniformes, quienes salieron a las calles con la exigencia de justicia. Se proyectó una marcha silenciosa, pero el vacío terminó por avivar el clamor.

Estaban ahí alumnos de la UPAEP, BUAP, Ibero, UDLA, Anáhuac, Libre de Derecho, ISU y Tec de Monterrey. Miles, desde la Catedral poblana con su torre vieja de campanas rechinantes hasta el Mercado de Sabores infinitos. Cuatro, quizá cinco mil…

Su muerte atrajo a decenas de madres sollozantes: unas en busca de sus desaparecidas, otras agonizantes desde aquel día, cuando la muerte confirmada de sus hijas les consumió la vida propia. Salieron ayer con mantas y fotografías, único aliento en el fuego de todos los días.

Mara inspiró voces, pasos y gritos, la demanda unánime a todos los niveles de gobierno de combatir con eficacia el crimen, en especial contra mujeres.

Hasta los presidentes de organismos empresariales del CCE y Coparmex desempolvaron sus conciencias y marcharon hacia el Zócalo, donde la algarabía patriótica de días pasados se difuminó en un tris. Ayer sólo se habló de ella, de ellas, en los taciturnos cafés en derredor.

Las autoridades académicas, acostumbradas a la suavidad de palabras, esta vez fueron más aguerridas…

La pérdida de una chica como Mara, dijo el rector de la Ibero Fernando Fernández “es un dolor que no se quita con gritos o manifestaciones”, pero una marcha sirve al menos para denunciar la causa profunda de la impunidad, “el pacto entre autoridades políticas, delincuencia y narco”.

Mientras Emilio Baños, rector de la Universidad Popular Autónoma de Puebla (UPAEP), donde la joven estudiaba Ciencias Políticas, apuntó al ámbito federal: “La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres de la Secretaría de Gobernación debe reconsiderar la declaratoria de alerta de género en Puebla, las medidas son hasta ahora insuficientes y este año se ha sobrepasado ya la cifra de feminicidios del 2016”…

“Una nación que desprecia a la mujer no tiene derecho al futuro, y se mete en una espiral de involución”.

DOLORES. Puebla amaneció pensando en ella, en ellas. Los estudiantes se vistieron de blanco y planearon contingentes junto a profesores y administrativos.

La mamá de Jazmín se enteró del despertar colectivo y viajó día y noche desde Chihuahua para llorar en compañía, en este centro histórico de dolores compartidos. Aquí desapareció su hija.

La mamá de Nohemí rezó desde el amanecer en el cuarto vacío y salió aferrada a su compañera solitaria durante seis meses: una pancarta con la imagen de su niña asesinada.

Los padres de Guadalupe entrelazaron sus manos al salir de casa. Y juraron no soltarse mientras gritaban su nombre, camino a la Fiscalía del estado.

La madre de Fernanda, de sólo 14 años y ejecutada por su novio en 2013, se pintó una cruz en la frente y prometió burlar la seguridad universitaria para llegar al estrado y agitar la imagen lacerante de la ausencia.

Y ahí estuvo, convulsionada por la aflicción, pero de pie…

Puebla fue temblor y latido. Tras el mediodía, todos dirigían sus huellas hacia las entrañas de la ciudad: aspirantes a médicos, abogados, contadores, publicistas y políticos.

“Tu sueño de ser politóloga para salvar al país ya está en marcha”, dijo Diana, estudiante de Ciencias Políticas en la UPAEP, en alusión al deseo estudiantil de Mara. Había sido su compañera en las aulas, donde días antes le confió el anhelo por promover una nueva generación de políticos, más comprometida con el pueblo, con los pobres y necesitados.

“Tú descansa, querida Mara, no te preocupes, desde aquí haremos justicia en tu nombre”, fue la dedicatoria final.

“Hoy los jóvenes nos quitamos la etiqueta de la apatía e indiferencia”, dijo Marimar Castillo, de la Universidad Anáhuac.

PÉTALOS. Casi todas caminaban con una flor entre los dedos: rosas blancas en su memoria, en sus memorias. Ahí, en el corazón poblano, se levantó una cruz de alcatraces, donde cada mujer lanzó los pétalos al ritmo de tres palabras: “¡Ni una más!”.

A la par de la movilización universitaria, otros grupos se adueñaron de las calles ancentrales, donde ya no olía a nogada sino a tristeza, donde el pápalo de las cemitas cambió por un aroma a guirnaldas.

Alejadas de los rezos y llamados a la paz, marchaban también las feministas, con el estruendo de sus tambores, batucadas y consignas: “Las balas que disparaste van a volver, la sangre que derramaste la pagarás, las mujeres que asesinaste no morirán”. Recorrieron el Boulevard Héroes del 5 de mayo para llegar a la Fiscalía, donde tapizaron las rejas de cruces y cartulinas con otros nombres nostálgicos, extrañados en decenas de hogares sombríos.

“¡Gobierno panista, misógino y machista!”...

“Los feminicidios y otros casos de violencia contra las mujeres no son aislados, se han convertido en emergencia nacional”, expresó Sandra Muñoz, una de las líderes, todavía con las manos manchadas de engrudo.

Mara se respiró en cada esquina, desde la Terminal de Autobuses hasta el Teatro Principal, en la Avenida 8 Poniente.

Sólo una mujer, una muerte… Y ocurrió el despertar. “Disculpen las molestias, estamos cambiando a Puebla y a México”, decían los manifestantes frente a los poblanos aún inmóviles, cada vez menos.

El 83, número de mujeres asesinadas en Puebla durante 2017 —suman 288 desde 2014—, retumbó en esta urbe tapizada de farsas: “El cambio sí es posible: Moreno Valle”.

En el nombre de Mara, universitarios, maestros, trabajadores, empresarios, comerciantes, activistas y familias atribuladas gritaron a una sola voz: “Necesitamos la alerta de género”.

Y entre banderas y moños negros, asumieron la voz nacional: “¡Ni una más, nos rehusamos a vivir con miedo!”…

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